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Bailes de hombres con hombres

En el mundo se registran casos de bailes de pareja “sueltos y apretados”; y ya lo dice la canción de Sergio Dalma, cuando expresa “bailar pegados es bailar, igual que baila el mar con los delfines, corazón con corazón, en un solo salón dos bailarines”. Pero el gran autor se refiere naturalmente a una pareja mixta, hombre y mujer.
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Por La Prensa Austral Jueves 18 de Septiembre del 2014

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En el mundo se registran casos de bailes de pareja “sueltos y apretados”; y ya lo dice la canción de Sergio Dalma, cuando expresa “bailar pegados es bailar, igual que baila el mar con los delfines, corazón con corazón, en un solo salón dos bailarines”. Pero el gran autor se refiere naturalmente a una pareja mixta, hombre y mujer.
Se dice que el baile en parejas de hombre y mujer es un simulacro de acoplamiento en las sociedades primitivas y lo sigue siendo hoy, a pesar de todas las fiorituras interpuestas por el salón entre la coreografía y el sexo.
Pero, hurgueteando la historia nos encontramos con este tipo de bailes de hombres con hombres que, especialmente se estilaban en las fiestas magallánicas debido a la falta de mujeres.
Pero, comencemos con analizar lo que pasó en Argentina con el tango donde algunas letras dicen que “el tango es macho”. Estudiosos del tema expresan que el tango como antes la milonga, y antes todavía la danza, se bailó siempre en pareja de macho y hembra. Cuando bailaban dos hombres juntos era para aprender pasos difíciles por sencillas razones pedagógicas. Y nada más. Pero, aunque parezca absurdo, también hay quienes manifiestan que al empezar, el tango era un baile sólo entre hombres. Lejos de la familia, los inmigrantes buscaban en los burdeles de los suburbios entretenerse un poco y olvidar por un rato la melancolía del exilio. El tango era un baile mal visto, que sólo se practicaba en los prostíbulos, donde había una mujer para muchos hombres, y ellas no estaban para bailar, precisamente. Entonces de trago en trago, los hombres bailaban entre ellos el tango acompañando la melodía de alguna pequeña orquesta improvisada. Muchos años después se incorpora la mujer a la danza. La pareja bailaba en un abrazo constante, un verdadero escándalo para la época.
En Chile y puntualmente en Magallanes
La falta de mujeres en las salitreras del norte de Chile, daba como consecuencia la práctica de algunos bailes de hombres con hombres, lo que por algún tiempo se tradujo como en una costumbre de esa zona del país.
La zona central y sur, registran igualmente este tipo de casos de los bailes de hombres solos, algunos de los cuales eran de competencia, como el “Chincolito”, el “Aguilucho”, el “Potrillo” y el “Costillar” en Chiloé, donde los varones demostraban su destreza.
El profesor Osvaldo Cádiz manifiesta que en el último tiempo, debido al auge de la cueca urbana entre los jóvenes, se ha producido una especie de “enfrentamientos” entre los varones para exponer su maestría en el cultivo de este tipo de danza que se ha tomado las fiestas y escenarios del país.
Bailes en las estancias y en la isla Guarello
El mismo caso que ocurría en las salitreras del norte, pasaba en las estancias magallánicas donde la carencia del elemento femenino permitía que los varones bailaran entre sí en alguna de las fiestas que se celebraban al final de una esquila o marca o en las festividades del 18 de septiembre.
Tanto las cuecas como los demás bailes, “no eran agarrados” como lo comentan los propios habitantes rurales. En ese sentido había mucho respeto en realizar los bailes en pareja pero “separaditos” para evitar malos comentarios. (De ello fui testigo presencial al final de una marca en la Cooperativa Bernardo O´Higgins).
Una de las fotografías que ilustra el presente artículo muestra una cueca entre varones, en el sector de la estancia San Gregorio, al final de un torneo de fútbol donde concurrieron algunos visitantes de Punta Arenas. En la misma se puede observar a dos hombres bailando una cueca y un tercero que va a “robar” la pareja para introducirse a la danza. Otro asistente está con el vaso de licor en la mano para servir a los bailarines (costumbre que se ha extinguido) y un último detalle que muestra a un cantor con su guitarra y a su lado, agachado, un tañador, tradición que también se perdió en nuestro país.
Isla Guarello
En el archipiélago Madre de Dios, al sur del golfo de Penas, se encuentra la isla Guarello o la que también se conoce como isla de los Hombres Solos e isla de Los Gatos. A las mujeres sólo las ven en la televisión-satelital. En el punto más lluvioso del planeta, 60 hombres explotan un yacimiento de piedra caliza. Lejos de todo, en este inhóspito peñón, a 500 kilómetros al norte de Punta Arenas. La isla es, además, el punto del planeta donde más llueve en el año: 8 mil milímetros de agua caída son sus últimos promedios. Y como si fuera poco, a menudo se registran vientos de hasta 220 km/hora y la temperatura mínima en invierno bordea los 15 grados bajo cero. 
Allí, también los hombres celebran y hacen fiestas. Hasta no hace mucho tiempo Carabineros de Chile tenía allí una pareja de policías que se turnaban para realizar servicios y eran relevados cada seis meses primero y cada tres meses finalmente. Dos de estos carabineros me narraron la experiencia de haber presenciado estas actividades festivas de los trabajadores, una de las cuales rayó en el mito.
Uno de ellos me manifestó que la isla estaba declarada zona seca por lo cual no se podía beber allí licor alguno, pero que los trabajadores conseguían con los tripulantes de los barcos que llegaban a esas latitudes alguna garrafa o botella de vino que la “contrabandeaban” permutadas por algún gato que ellos criaban y que eran muy necesarios en las naves para evitar las plagas de ratones. En todo caso, ese licor era consumido en las fiestas especialmente en las celebraciones del 18 de septiembre, donde se participaba de un gran almuerzo y luego se realizaban actividades recreativas.
Decía que la segunda narración de mis informantes policías, era casi inverosímil, ya que se manifestaba en ella que una vez al año, la isla se vestía de gala para realizar la Gran Fiesta Gran, en que se daba autorización para comer y beber a destajo. En la noche, luego de la opípara cena, venía el baile, a veces amenizado con orquestas formadas por los propios trabajadores o música envasada y, aquí viene lo increíble: se comentaba que ese día se realizaba un sorteo para determinar a quienes les correspondería vestirse de mujer para los bailes. Los elegidos debían entonces disfrazarse de damas y servir de pareja en las danzas de la fiesta. Pese a la insistencia, no hubo más comentarios al respecto ni tampoco infidencias sobre el particular.