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El drama de funcionarios municipales que deben jubilar con una pensión de $120 mil

Con el actual sistema de fondos de pensiones, el monto imponible del personal municipal es muy bajo,
al punto que funcionarios con casi 30 años de trabajo exhiben apenas un ahorro de 20 millones de pesos.

Por La Prensa Austral Viernes 8 de Julio del 2011

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Un ejemplar de La Biblia sobre un velador destaca en el recinto donde tres dirigentes municipales se mantienen en huelga de hambre por espacio ya de 13 días. Parece ser uno de los “blindajes” que mantiene anímicamente en alto a Jorge González, Emilio Aguilar y Juan Urzúa, pese a no ingerir alimentos desde el 25 de junio y al desgaste previo de dos semanas de paro.

Su presión persiste al no ver solucionada su demanda por el incremento previsional compensatorio, algo que para ellos no es un capricho sino que un tema de dignidad por el daño previsional que sufre su sector desde 1981.

Los dirigentes explican que con el actual sistema de fondos de pensiones, el monto imponible del personal municipal es muy bajo, al punto que funcionarios con casi 30 años de trabajo exhiben apenas un ahorro de 20 millones de pesos, en circunstancias que para una jubilación digna debiera tenerse 70 millones.

Es por ello que el esperado incremento compensatorio vendría a paliar en gran parte este tema.

En el camino

Claro que muchos funcionarios que venían desde antes de las AFP y que esperaban desde 1981 poder contar con este “colchón” económico -en justicia merecido-, se han visto obligados a tramitar su jubilación por enfermedad y por su avanzada edad. Al menos se pueden contar unos 15 casos en los últimos dos años, quienes de la noche a la mañana deben afrontar su nueva etapa con una pensión de apenas 120 mil pesos.

Uno de ellos corresponde a una funcionaria administrativa grado 18 (máximo al que pueden aspirar funcionarios del escalafón) que sirvió durante 40 años al municipio y debió jubilar por una grave enfermedad a los 72 años, en enero de 2009.

Otro ex funcionario de Desarrollo Económico Local, quien en su etapa activa también entregó mucho como dirigente deportivo, debió jubilar a los 70 años y también con una condición de salud desmejorada. El hecho de haber estado aún como funcionario cuando sufrió un infarto le permitió poder costearse un viaje al norte, donde pudo finalmente operarse.
Un caso extremo fue el de un empleado municipal de avanzada edad, quien debió jubilarse, porque cada vez que salía de su casa perdía la orientación y se extraviaba.

Sin embargo, quienes superan los 65 años no pueden acogerse a retiro, al cambiarles radicalmente su condición económica. Dentro de estos casos se puede contar a un funcionario que padece artritis y hace un par de años anda con muletas.

Lo más triste ha sido el caso de funcionarios que han muerto en servicio, como el inspector municipal Beltrán Gascogne (de quien una calle lleva su nombre), quien falleció en la calle cumpliendo su tarea diaria. El tenía una afección al corazón y por ello también debía haber jubilado.

Hay funcionarios que incluso afirman que “hay que esperar a que alguien fallezca para subir un grado”, pues fácilmente un empleado del municipio permanece 15 a 18 años en un grado, sin mejorar su situación. Esto, a diferencia de lo que ocurre en las Fuerzas Armadas, en que al cumplir la persona los años para subir de grado se le empieza a pagar de inmediato el sueldo del grado superior, aun cuando no sea ascendido.