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El escritor Nicomedes Guzmán

El escritor popular Nicomedes Guzmán nació en Santiago el 25 de junio de 1914 y fue hijo de Nicomedes Vásquez Arsola, obrero tranviario, y de Rosa Guzmán Acevedo, dueña de casa, hogar proletario donde se le quiso y admiró desde niño por sus dotes admirables. Sus estudios primarios los realizó en una escuela pública de la calle Cumming, vecina a Mapocho con Libertad, barrio en que transcurre su infancia y en cuya cuadra estaba el antiguo depósito de tranvías que figura en algunas páginas de sus novelas. Ni su escuela ni el hangar de los tranvías existen en la actualidad.
[…]

Por La Prensa Austral Jueves 26 de Junio del 2014

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El escritor popular Nicomedes Guzmán nació en Santiago el 25 de junio de 1914 y fue hijo de Nicomedes Vásquez Arsola, obrero tranviario, y de Rosa Guzmán Acevedo, dueña de casa, hogar proletario donde se le quiso y admiró desde niño por sus dotes admirables. Sus estudios primarios los realizó en una escuela pública de la calle Cumming, vecina a Mapocho con Libertad, barrio en que transcurre su infancia y en cuya cuadra estaba el antiguo depósito de tranvías que figura en algunas páginas de sus novelas. Ni su escuela ni el hangar de los tranvías existen en la actualidad.
Siendo niño se desempeña en numerosos oficios para ayudar en el sustento de su hogar, que se observa potenciado por los hermanos y hermanas que van llegando al honesto domicilio literario de sus padres. Estos empleos los cumple en variados ambientes hasta obtener un cargo como secretario de una Empresa de Corretaje de Propiedades que lo hace sentirse más realizado como individuo, quien comienza ya a publicar sus primeras colaboraciones en la revista infantil “El Peneca”, en cuyas columnas escribe con el seudónimo de Darío Otay.
Siendo ya un adulto Nicomedes Guzmán se matricula en el Liceo Nocturno “Federico Hansen” para cursar sus humanidades hasta el tercer año incluido. Igualmente sigue un Curso Libre de Literatura Chilena dictado por el gran escritor Mariano Latorre de quien sería más tarde compañero de letras. Durante el primer año de este curso fue compañero de banco con la que iba ser su esposa, Lucía Salazar Vidal, con quien contrae matrimonio el 6 de junio de 1936, declarando como domicilio el de calle Besa Nº 225, época en que ya participa en actividades literarias.
Tiempo más tarde nace su hijo Oscar Eduardo, quien se hace periodista y labora en el diario “Clarín”, donde escribe en la sección deportiva bajo el seudónimo de Don Casca, trabajando por un tiempo en Caracas, Venezuela. Antes de morir su padre le dedicó unas hermosas líneas: “Así era mi padre”:
“Con la perspectiva del Tiempo me he convencido de que mi padre está muerto. El ya no habla ni mueve sus finas manos. El ya no sufre ni ríe desde hace cierto tiempo. Ya no hace trazos con su letra manuscrita de doctor sobre el papel, ni hace hablar las teclas de la máquina de escribir como lo hago yo ahora. El ya no ama con sus sufridas miradas a mi madre. El ya no me dice:
¡Guarda gallo con el hígado. Cuídate!
Ya no es más. Está metido en un cajón logrando otras formas de vida, mientras le siguen creciendo las uñas, la barba, los cabellos. Todos piensan que la muerte es un descanso. Pero él, mi amado compañero padre, no. Y no descansa. Yo lo creo así.
¡Nunca voy a morir, Oscarito, hijo… Yo me convertiré en gusanos buenos… Verás le haré de bien a la tierra que me reciba. Si hasta ahora caminé por sobre la tierra, ahora lo haré bajo ella!
Frase patética que me hizo morderme los labios. Fue una semana antes del desenlace.
El no es más, pero de repente, cuando me voy Quinta Normal abajo, por los andurriales del Polígono y sus bares, creo que lo tengo a mi lado.
El restaurante “Mi Compadre” me hace vivir algunos momentos con él. En su rincón no hay nadie. Allí solitario la mayoría de las veces, se bebía su caña de tinto. Afirmaba sus manos sobre el borde de una vitrina de bambú, en cuyo interior siempre había charqui y aceitunas. En su rincón no hay nadie. Y todo el mundo, los vecinos del barrio no lo han olvidado.
(Del original obsequiado por el autor en mayo de 1974, poco antes de hacer abandono voluntario del país. El artículo está fechado en junio de 1966. Existen otros dos, con el mismo título y distinto texto, publicados en los diarios “Clarín” y “El Siglo”, respectivamente, en junio y julio de 1964. El periodista Oscar Eduardo Vásquez Salazar (Q.E.P.D.) falleció hace algún tiempo en Santiago de Chile).
De improviso, Nicomedes Guzmán habla de sí mismo, como si hablara de un amigo:
Nací el 25 de junio de 1914 en barrio llamado del Club Hípico, en Santiago de Nueva Extremadura, al sur de la ciudad. Mas, mis primeros años me enseñaron el sabor de la libertad en un lugar muy distinto, el que yo llamo Barrio Mapocho, inmediato al escuálido río del mismo nombre, refugio de vagabundos, trabajadores del ripio y recolectores de desperdicios posibles de industrializar. Un barrio trágico, pero de una arisca y avasallante belleza que intenté desentrañar ambientalmente en mis novelas “Los hombres oscuros” y “La sangre y la esperanza”…
Mis padres eran obreros: él, Nicomedes, maquinista tranviario; ella, Rosa dedicábase a las labores de la casa, y esto era ya mucho, pues, la familia era numerosa. Ellos, mis padres, aún viven. Y yo les he entendido profundamente en el silencio desgarrado de su angustia, cuando, a lo largo del tiempo, han regresado a su porción de tierra, éste, este otro o aquel de los hijos”…
El 26 de junio de 1964, al día siguiente de cumplir cincuenta años, fallece Nicomedes Guzmán en la Asistencia Pública, a las 4,35 de la mañana.