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Garzón acusado de asesinar a pareja aseguró que actuó motivado por “un arrebato”

Hombre confesó que también pensó en suicidarse, y se mostró arrepentido de haberle quitado la vida a Orfelina Paulino, de 28 años.

Por La Prensa Austral Sábado 8 de Octubre del 2011

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Estremecedoras brotaron ayer las palabras de Marcelo Andrés Gutiérrez Gutiérrez, quien aportó su esperado testimonio en el marco del juicio oral por el asesinato de su pareja de nacionalidad dominicana, Orfelina Ramona Paulino Tatis, de 28 años. Con marcado acento argentino (creció en Buenos Aires), el acusado recordó detalladamente diversos aspectos que marcaron su relación, expresando el amor que sentía por la víctima, pese a los sucesivos desencuentros.

Gutiérrez, de 43 años, declaró ayer a las 11,40 horas, y hasta pasadas las 13 horas, durante la tercera jornada del juicio oral, en el cual arriesga como acusado una pena de presidio perpetuo simple (20 años efectivos de cárcel). Su relato no estuvo exento de emoción y quiebres al repasar momentos en los que afloraban aspectos más personales.

Rememoró largos pasajes de su relación, previos a aquel pasado 23 de marzo de 2011 en el cual dio muerte a la ciudadana dominicana tras protagonizar un fuerte altercado. El hecho se registró en la vivienda que arrendaban en calle Lautaro Navarro, a pasos del Club Hípico, y a la cual él llegó tras diversos intentos por conseguir un inmueble.

Hace alrededor de un año y medio que se habían conocido en un pub. Ella trabajaba en el cabaret Chez Moi y él en el Pub 1900 (ya por espacio de dos años y medio). Gutiérrez venía de separarse tras 23 años casado, y se enamoró de la joven, a quien llamaba “Natacha” (según él, no le venía el nombre Orfelina). Pese a las críticas de sus amigos, él señaló que siempre se empecinó en sacarla del ambiente nocturno.

Pese a comprometer una vivienda donde llevársela a vivir con él el año pasado, ella se arrepentiría a días de darle el sí, y siguió yéndolo a ver a su pensión los fines de semana. Allí él le cocinaba y luego se iban a trabajar. A veces salían a comer o a bailar y él le daba dinero para la peluquería, e incluso la ayudó en diversas ocasiones en que le pidió dinero, contando un viaje a República Dominicana, del que le costeó la mitad.

Reacción homicida

De ahí la relación siguió intermitente, con acercamientos y períodos sin verla, llegando él a pedirle que se llevara sus cosas. Pasaron dos meses y medio sin verla, y Gutiérrez empezó a frecuentar a otra joven. Una noche en que salía con ella se topó con “Natacha” en un pub, conversaron y ella lo llamó a los tres días y le pidió perdón. Pese a recriminarla él por desaparecer sin aviso, la joven se mostró dispuesta a volver con él luego que regresara de un viaje a su tierra natal. Incluso accedió a la oferta de él para ubicarla en un hotel como recepcionista.

En este lapso él conseguiría arrendar la casa anhelada, a la que ella llegó al volver de su viaje. Allí estuvo con él tres días, expresándole su intención de volver a trabajar al Chez Moi, ya que necesitaba dinero.

De ahí, dejaría de verla varios días, pese a él conseguirle una oferta laboral. Se sintió defraudado e incluso durante días no tuvo ánimo de ir a trabajar.

La noche del 23 de marzo, estando él cocinando ella entró a la casa y lo saludó alegre como siempre lo hacía. “¿Dónde has estado?”, le preguntó. “Por ahí”, le dijo ella, a lo que él le reprochó por qué volvía, ya ni siquiera lo llamaba y siempre hacía lo mismo. Ante ello, le pidió que se llevara sus maletas, y ella le dijo que no se iba.

Gutiérrez le diría que no la quería más, pues nunca estuvo con él. “Y así querías traer a tu madre”, agregó.
Esto último desataría la ira de la joven, quien le espetó que andaba con otro hombre mejor, y que él era un inútil y no servía para nada. Junto con decirle eso, ella lo encaró. El aludido, quien en ese momento mondaba papas, perdió el control y le clavó el cuchillo en el cuello y en diversas partes del cuerpo. “De ahí no recuerdo qué pasó”, expresó.
De ahí se puso a escribir en un cuaderno para sacar la furia que tenía adentro, mientras ella moribunda no paraba de llorar: “Mi intención era quitarme mi vida y terminar de una vez por todas. Iba a cometer el acto cobarde de acabar con mi vida sin hacerme cargo de lo que había sucedido”. Al final no lo hizo.

“Estoy muy arrepentido, ya que siempre consideré que si estamos en este mundo es para dar vida y no…”, señaló antes de enmudecer.

En el interrogatorio remarcó que no la mató por celos, sino que por un arrebato, un impulso, detonado por el dolor, las frustraciones y las humillaciones que había sufrido en su vida, incluso de haber sido abusado cuando niño.
El juicio oral continúa hoy a partir de las 10 horas y se espera hasta que finalice dentro de la jornada.