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Historia de las Fiestas Patrias en Magallanes

La primera celebración se realizó a bordo de la goleta Ancud.

Por La Prensa Austral Miércoles 17 de Septiembre del 2014

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Por Mario Isidro Moreno

Han pasado 171 años desde que se realizó la primera celebración de Fiestas Patrias en Magallanes.
Bernardo Philippi y Alfonso Aguirre Hernández, se refieren a este acontecimiento manifestando que el 18 de septiembre de 1943, a sólo tres días de tomar posesión del Estrecho de Magallanes, la goleta Ancud hizo un alto en su navegar para conmemorar este evento histórico: “Se destapó un barril de vino y toda nuestra tripulación participó”. Luego añadió que “se aumentaron las raciones de comida y se bailaron muchas cuecas, cantadas graciosamente, al son de templadas guitarras por las compañeras de viaje”.
Avanzando en la historia, se encuentra el hecho que, las primeras ramadas y fondas dieciocheras fueron levantadas en el año 1889, según lo describe Luka Bonacic en su obra “Resumen Histórico del Estrecho y la Colonia de Magallanes”. Se mencionan allí topeaduras y carreras a la chilena.
Más adelante, las noticias de la época de los diarios El Magallanes y El Comercio, informan que a fines de la década de 1890, para el 18 de septiembre se levantaban las ramadas en la Pampa Chica, llanura situada al norte del río de las Minas, donde se vendía y consumía a destajo chicha y empanadas.
El 18 de septiembre de 1895, con el desarrollo de la sociabilidad, las fiestas adquirieron mayor carácter, jinetes carruajes y peatones se dirigían en aquel entonces a disfrutar de las delicias de la Pampa Chica, donde incluso se realizaban carreras a la chilena. Este mismo tipo de competencias se efectuaron al año siguiente en la calle Concepción, hoy Roca, agregando el juego de la sortija, un ejercicio de destreza que consistía en ensartar en la punta de una vara, corriendo a caballo, un anillo pendiente de una cinta a cierta altura.
En esa época había productos muy clásicos que se consumían, además de las clásicas empanadas dieciocheras.
El diario El Magallanes del 18 de septiembre de 1898, en sus avisos económicos ofrecía: “Casa de F. Arnaud, tiene a su disposición vino corriente en barril y damajuanas de 18 litros. Chicha baya, 20 centavos el litro. Almacén Colón Pérez y Cia. Ofrece aguardiente de uva, chicha pura de Aconcagua, queso, harina, mote y chuchoca”.
Fiesta muy especial la constituyó la conmemoración del Centenario, que tuvieron especial relevancia en Punta Arenas y Porvenir. Se engalanó la ciudad y los barcos amanecieron empavesados. En la Avenida Colón, entre Magallanes y O¨Higgins se instalaron ramadas y arcos de triunfo.
La ramada trágica
Diversos sectores de la ciudad acogieron la instalación de las ramadas del 18 de septiembre en Magallanes. Además de la Pampa Chica y de la Avenida Colón, se levantaron en la Avenida España; pero de la que la comunidad magallánica se recuerda con mucho espanto es la trágica ramada situada, entre otras, en la Avenida Bulnes, entre Mardones y Ovejero.
A mis oídos llegó esta noticia cuando pertenecí a Carabineros de Chile y recién llegaba a esta ciudad trasladado desde el norte del país en el año 1967. Con la curiosidad propia de un “afuerino” ubiqué a uno de los funcionarios próximos al retiro, uno de los cuales, solicitando la reserva de su nombre, me narró los hechos en los cuales tuvo participación cuando era “chiporrito” recién ingresado a la institución.
“Me tocó estar de facción en la inauguración de las ramadas el día 17 de septiembre de 1938. El tiempo, como nunca, se comportó a las mil maravillas e invitaba a la gente a salir a celebrar. Todo estuvo a pedir de boca, sin incidentes, hasta que el día 19, quedó la grande. Luego, de leer el parte me enteré de cómo había sucedido todo. A esa hora estábamos las parejas de cuarto turno que habíamos entrado al servicio a las 12 de la noche. Según supe, la ramada que era de propiedad de un tal Gabriel Barría, estaba de bote en bote, llena especialmente de pelaos, los conscriptos que les había tocado desfilar en la Parada en la Plaza de Armas y después se les había dado franco. Aquí, tengo que hacer un paréntesis para explicar una costumbre que existe desde hace muchos años y que se trata de que, cuando una mujer que está en una fiesta se niega a bailar con un varón, ésta no puede bailar con nadie más porque si lo hace el hombre que sufrió la negativa tiene derecho a darle una cachetada sin que nadie intervenga. Eso pasó al parecer con un conscripto que sacó a bailar a una niña y ésta le dijo que no, porque el chico estaba muy borracho. Pero, cuando salió a bailar con otro varón el conscripto, de acuerdo a la costumbre, fue y le propinó una bofetada a la niña que fue defendida por sus acompañantes, ante lo cual se armó una gresca de padre y señor mío. Un colega de Carabineros que estaba de servicio y pasaba por afuera de la ramada quiso detener al agresor pero sus compañeros militares intervinieron y ahí quedó la escoba porque ya se metieron más personas. Ahí, nos llamaron al resto de los carabineros que andábamos cerca y mi teniente Eduardo Victoriano quiso aplacar los ánimos pero el asunto ya había agarrado vuelo. Nosotros los policías portábamos sables y bastones de servicio, pero los conscriptos tenían palos, piedras y hasta los cinturones con sus hebillas. Primero desmontaron a piedrazo limpio a mi teniente y agredieron a su acompañante, ante lo cual tuvimos que hacer uso de nuestras armas de fuego. Luego de un instante y advertidos por alguien que llamó, llegaron dos ambulancias de la Cruz Roja que en un primer momento se llevaron al hospital a más de 15 heridos. El parte policial que yo leí, decía que hubo finalmente cuatro muertos: el ciudadano Armando Pasman que falleció en el lugar en forma instantánea y luego ahí mismo murió el conscripto Ramón Vargas. Finalmente en el hospital dejaron de existir el civil Luciano Barría y el conscripto Juan Cárdenas. Entre los policías, los que sacaron la peor parte fueron el teniente Victoriano y el carabinero Carlos Toledo, que resultaron gravemente heridos”.
Este relato del antiguo carabinero nos ha mostrado lo trágico de un capítulo de las fiestas de 18 de septiembre en Magallanes, pero no debemos olvidar la alegría que se vivía con las fondas y ramadas instaladas en la Avenida España, desde Independencia hacia el sur donde se daban cita los magallánicos para ir a disfrutar de bailes y comidas típicas y no deben borrarse de la memoria lo que muchos añoran: esos viajes al sector rural, para gozar de las tradicionales fiestas de Río Seco, donde incluso la antropóloga Annette Laming, que en la década del 50 fue invitada a esa localidad a disfrutar de las fiestas dieciocheras, describe en su libro “En la Patagonia, Confín del Mundo” su experiencia de haber estado allí y de haber vivido como extranjera esta celebración tan “sui géneris” única en el mundo por su flamear de banderas, cielos tapizados de volantines, el zapateo de una cueca y el disfrute de un buen vaso de chicha y una empanada “caldúa” que produce goce al paladar.