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Hurto de carros preocupa a los supermercados

Personas incluso se dedicarían a robar estos artefactos para venderlos, en tanto otros los destinarían
para su uso personal. Unos 120 mil pesos le cuesta a la empresa cada carro.

Por La Prensa Austral Miércoles 14 de Diciembre del 2011

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En la década pasada, un hecho que a muchos pareció llamativo en un supermercado de calle Chiloé fue que se instalara, a modo de adorno, un típico carro de compras empotrado en la techumbre del establecimiento comercial. Alguno podría asociarlo a un símbolo de la sociedad de consumo en que estamos insertos.

Sin embargo, este icónico elemento ha llegado muy lejos en este último tiempo. Así se desprende de la ya cotidiana presencia de carros de supermercado en lugares bastante alejados de los límites de los recintos comerciales, e incluso en los antejardines de domicilios.

La sospecha se acrecienta cuando, al agudizar la vista, nos percatamos que no se trata de carritos que alguna vez pertenecieran a un extinto local -como sería el caso de Supermercado Listo-. No pocos de estos dispersos coches metálicos exhiben el logo de la cadena Unimarc. ¿Qué está pasando?

“Robo hormiga”

Aun cuando en la aludida cadena no hay interés de referirse al tema, resulta algo evidente la falta de carros de compra en las horas “peak”. Al punto que inclusive entre los clientes se han llegado a disputar los carros de manera muy poco amable, llevando a que personal de sala se mantenga atento a estas situaciones para que, en cosa de segundos, tenga a mano otro carro y así se puedan evitar malos ratos.

Esta poco común sustracción se habría empezado a dar este año, al punto de volverse ya un hábito. Al indagar en el supermercado de Avenida Pedro Aguirre Cerda esquina Martínez de Aldunate, allí hay indicios de que en los últimos 12 meses la cantidad de carros habría disminuido a la mitad. Es decir, si el año pasado tenían 200 de estos elementos, hoy les quedan alrededor de 100.

Quienes incurren en este “robo hormiga” no hacen distinción de supermercado, ya que esto afectaría a todos por igual.
Esta práctica genera preocupación, no sólo por el hecho de no poder cumplir 100 por ciento con los clientes en este aspecto. Cada carro nuevo cuesta unos 120 mil pesos, y tampoco sería simple poder encargarlos al norte.

Más allá de ello, sería la “punta de iceberg” de algo aún más sintomático y alarmante: una falta de respeto a la propiedad ajena o la pérdida del miedo a infringir las reglas. Algo así como abrir una bebida o un paquete de papas fritas dentro del supermercado y consumirlo sin cancelar su valor al llegar a la caja.

“Reciclaje”

Ya resulta habitual ver a algunos locatarios de una conocida “feria de las pulgas” en posesión de estos elementos, los cuales utilizan para transportar sus mercaderías.

Pocos imaginarían que detrás de la sustracción de estos artefactos existe un negocio informal. Un lector de este medio nos hizo saber de la existencia de un “emprendedor” ubicado en el barrio Sur, el cual se especializaría en la confección de basureros metálicos en base a carros de supermercado. Para hacerse de “materia prima” pagaría a cada proveedor informal 2 mil pesos por cada carrito.

Lo grave, según hicieron saber a este medio, es que tentaría con esta oferta a inocentes niños, a los cuales motivaría por este trabajo sucio.

Inclusive el dueño de un almacén de barrio recibió hace poco tiempo una inesperada proposición por parte de un “car’e palo”: esta persona le ofrecía un carro de compras por la módica suma de 3.500 pesos.

Claro que estamos lejos de aquel ladrón en serie que le birló más de 3 mil carros a una cadena en España. Pero mientras los afectados no presenten ninguna denuncia formal sobre este hecho, nadie tampoco se sentirá culpable de este robo, “si otros también lo hacen”.