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Joven padre de 32 años muere asfixiado por monóxido mientras dormía en su camión

Anoche, en Punta Arenas, el padre del camionero señaló que pese al profundo dolor que lo embarga, “puedo decir
que tuve el privilegio de haber tenido un gran hijo”.

Por La Prensa Austral Miércoles 1 de Junio del 2011

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“Este era su último viaje como camionero y después iba a retomar su profesión de mecánico. Desgraciadamente el destino quiso otra cosa y ahora estamos llorando su partida”. A primera vista, la penosa reflexión parece brotar serena desde los labios de Hugo Cárdenas Llaipén, aunque sus enrojecidos ojos reflejan el dolor que lleva consigo desde hace un par de horas, cuando tuvo conocimiento que uno de sus hijos, Julio César Cárdenas Mansilla, de 32 años, dejó de existir en la madrugada de ayer en territorio argentino en una incomprensible y absurda jugada del destino: el joven chofer murió asfixiado al interior de la cabina de su camión por efecto de la emanación de monóxido de carbono de una cocinilla encendida para capear el frío de la noche patagónica, en la localidad cordillerana de El Hoyo, ubicada al noroeste de la sureña provincia trasandina de Chubut, a 124 kilómetros de Esquel.
Don Hugo, visiblemente tocado por el desdichado suceso pero también con mucha entereza recibió anoche a La Prensa Austral, pasadas las 23 horas, en el domicilio de su infortunado hijo en la calle Diego Portales del barrio 18 de Septiembre. Allí, a esa hora, la familia y numerosos amigos de la joven víctima, realizaban una suerte de velatón a la distancia.

Triste relato
Pese al dolor que lo embarga, el padre se abrió a entregarnos un relato sobre lo ocurrido, aunque en varios pasajes el testimonio se ve interrumpido por la emoción y la pena. “Hace tan sólo cinco meses que mi hijo había comenzado a viajar con su camión -un Volvo del año 2000, patente BLCX-94- al norte del país. Y lo hacía porque yo y su hermano mayor Hugo Alejandro somos camioneros de años. Yo llevo más de 35 años en la actividad y mi otro hijo también varios años. Entonces él quería ‘sacarse las ganas’ de hacerlo, pero ya lo habíamos conversado que éste iba a ser su último viaje para volver a retomar su oficio de mecánico. Teníamos planes y proyectos inmediatos como el comprar una parcela y levantar su taller”, señala acongojado.

Con palabras entrecortadas don Hugo prosigue contando que su hijo Julio César había iniciado el viaje hace unos días con una carga de madera cuyo destino final era la ciudad de Villa Alemana, en la Región de Valparaíso, pero que un desperfecto mecánico lo había demorado en la localidad chubutense de El Hoyo. “A raíz de ese contratiempo su hermano Hugo, quien también viajaba con carga hacia el norte de Chile por suelo argentino fue en su auxilio. Ambos se encontraron en ese lugar y estaban solucionando la ‘pana’. Precisamente la noche del lunes, alrededor de las 11 de la noche Julio César me llamó por teléfono para contarme que pronto todo ya iba a estar arreglado. Me dijo que hacía poco rato había estado compartiendo con su hermano Hugo y otros camioneros chilenos y que en la mañana del martes me volvería a llamar”, señala el atribulado padre.

Presentimiento fatal
Agrega que esa noche, tras irse a dormir, en dos ocasiones despertó con un pálpito extraño y que a las 8,30 de la mañana del martes sonó el teléfono y al otro lado del auricular se escuchó la desgarrada voz de su hijo Hugo Alejandro para comunicarle la tragedia. “El mundo se me vino encima, ningún padre está preparado para recibir una noticia así. Hugo me dijo que en la mañana del martes fue hasta el camión de su hermano y al no recibir respuesta de él se desesperó y rompió uno de los vidrios. Allí se encontró con su hermano muerto”, expresa con los ojos semi humedecidos.

Repatriación de los restos
El padre añade que tras el aturdimiento por la infausta noticia se iniciaron las gestiones para repatriar vía terrestre los restos de su hijo Julio César, cuyo cuerpo estaría en nuestra ciudad mañana jueves a primera hora.

Señala que la infortunada partida de su hijo deja huérfanos a dos menores, Matías de 7 años y Sebastián de 4, ambos alumnos del Instituto Don Bosco, quienes nacieron fruto de la unión con su pareja Katty Isla.

“Pese al tremendo dolor que nos embarga como familia, puedo decir que tuve el privilegio de haber tenido un gran hijo, tremendamente esforzado y trabajador, cariñoso y responsable, y que será recordado por todos sus familiares y amigos como una buena persona”, remarca Hugo Cárdenas.

Pasión por el deporte
Agrega que su hijo fue también un deportista muy apasionado, ya que en varias ocasiones participó competitivamente en la prueba de Las Tres Horas de Puerto Natales y que en su juventud también practicó el ciclismo bajo el alero del Club Chile. “Era tanta la pasión por las tuercas que tras varias incursiones automovilísticas al mando de un vehículo Chevette, tenía ya casi listo un nuevo coche para correr, un Lada, que le estaban preparando en la automotriz Mladinic, empresa en la que trabajó por varios años”, relata.

Finalmente, Cárdenas agradeció profundamente las muestras de solidaridad de muchas personas que al enterarse de la desgracia acudieron a brindarle su apoyo y sentimientos de pesar por la sensible pérdida.

Versión policial
Desde el cuartel policial de El Hoyo, se confirmó que el artefacto para dar calor consumió todo el oxígeno de la cabina del camión y que Cárdenas Mansilla murió asfixiado por inhalación de monóxido de carbono.

Según la versión policial, alrededor de las 9,30 horas de ayer (hora argentina) al hermano le llamó la atención que Julio César no salía del camión. Comenzó a golpear la ventanilla y como no había respuesta, rompió la ventanilla lateral del rodado, ingresó a la cama cucheta y constató que su familiar estaba sin vida.

Luego de ello, su hermano Hugo Alejandro se dirigió a la comisaría de El Hoyo para comunicar el trágico hecho. En horas de la tarde de ayer sus restos mortales fueron trasladados a la ciudad de Esquel para la realización de la autopsia correspondiente en la morgue judicial.