Necrológicas
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La alegría, nostalgia y emoción se adueñaron de la Cuarta Brigada Acorazada Chorrillos

Testimonios de madres de soldados conscriptos, provenientes de las regiones O’Higgins, del Maule, del Bío Bío
y Metropolitana ad portas del Juramento a la Bandera, hoy, en la Plaza Muñoz Gamero.

Por La Prensa Austral Miércoles 9 de Julio del 2014

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Ayer se cumplió otra larga jornada para los padres y familiares directos de los cientos de soldados conscriptos que jurarán a la bandera hoy, en una solemne ceremonia que se efectuará frente a la Plaza de Armas Benjamín Muñoz Gamero de Punta Arenas, a partir de las 10 horas.
Cerca de las 12,30 horas se realizó en dependencias de la Cuarta Brigada Acorazada Chorrillos de la Quinta División del Ejército de Chile, en el sector rural de Ojo Bueno, una sencilla ceremonia de entrega de armas para que luego, los jóvenes pudieran compartir con su familia.
Verónica Fuentes Vega llegó el lunes pasado a Punta Arenas desde Molina, en la Séptima Región, con su esposo Héctor Paredes Farías y su hijo menor, Luis, a ver a su Pablo (20 años). Pese a los meses sin verse, asegura que está acostumbrada a su ausencia, ya que su hijo mayor vivía con sus abuelos maternos.
No obstante, ayer los Paredes Fuentes lucían felices compartiendo algunos momentos.
Por su parte, Ingrid Gallegos Mellado, Flor Gutiérrez Mena y Roxana Zúñiga Burgos llegaron en el mismo vuelo a la capital regional, el lunes, con el fin de ver jurar a la bandera a sus hijos, y se van el viernes. Las tres resultaron beneficiadas, ya que tanto los pasajes como su estadía será costeada por el Ministerio de Defensa.
“Primera vez que vengo (acá) y que vuelo en avión. Pensé que me iba a asustar, estaba nerviosa antes de volar, pero al subir al avión, fue emocionante”, confesó Ingrid, madre de Víctor Hidalgo (18 años), el mayor de sus tres hijos. “Lo vi, lo abracé, me emocioné. Tres meses sin verlo, así es que imagínese”, expresó la mujer oriunda de Lota, Región del Bío Bío.
Flor, de Coronel, Región del Bío Bío, y madre de Alan Gutiérrez Gutiérrez (23 años), cuenta que el joven siempre quiso hacer el servicio militar.
“Llevo tres meses sin verlo. Como mamá, obvio que uno va a echar de menos a su hijo”, señaló.
“Ha sido una experiencia entretenida, emocionante. Se extraña harto a la familia, pero igual, es cosa de costumbre. Llevamos cuatro meses y ya estamos acostumbrados, en parte. Me ha gustado disparar, todo lo aprendido es entretenido”, afirmó, en tanto, Alan.
Orgullo familiar
Roxana, de Chiguayante, Región del Bío Bío, y madre de José Miguel Gutiérrez (18 años), quien también es el mayor de sus tres hijos, aseguró que pese a la nostalgia y la distancia, “la familia está muy orgullosa de él, porque está haciendo su servicio”.
José Miguel, por su parte, calificó de gran experiencia su paso por el Ejército. “Hemos aprendido hartas cosas que son nuevas para todo soldado: disparar con un fusil, dormir dentro de su carpa, orientarse en terreno, sin estar con nadie”, expresó.
Asimismo, destacó el compañerismo que existe en la Compañía de Ingenieros Mecanizados Nº 11 Tehuelches.
Una de las emocionadas fue Ana Aravena Urra, también de Coronel y madre de seis hijos, quien vino a Punta Arenas a ver al menor de sus hijos varones, Matías Figueroa (18 años). Al igual que Ingrid, Flor y Roxana, Ana también llegó el lunes, siendo favorecida por el Ministerio de Defensa con los pasajes y estadía, en dependencias del mismo Regimiento Chorrillos.
“Para mí es más difícil, es mi guagua, la guagua de los varones. Estoy contenta y doy gracias a Dios de que me diera la oportunidad de estar con él”, expresó la mujer.
“De primera era difícil la distancia, pero uno después se acostumbra. Es cosa de mantener contacto por teléfono”, señaló, por su parte, su hijo Matías.
Entre los familiares y cercanos a los soldados conscriptos de la Cuarta Brigada Acorazada Chorrillos también estaba Carla Herrera Peña, de 17 años, quien viajó sola de Santiago, para ver a su pololo, Gabriel Zúñiga Benavides (18 años), oriundo de Peumo, Región de O’Higgins.
Evidenciando su timidez, quien más se explayó fue su pololo, quien contó que llegó a Punta Arenas el 9 de abril pasado.
“Nunca había venido para acá, y me gustó, es bonita esta ciudad. Estoy haciendo el servicio, pero nada es fácil en esta vida”, comentó el conscripto.
Vocación de servicio
Raquel Rodríguez Aballai, de Conchalí, Región Metropolitana, también fue favorecida por el Ministerio de Defensa. Llegó el lunes y se va el próximo sábado. También se encuentra alojando en dependencias de la Cuarta Brigada Acorazada Chorrillos.
La mujer vino a ver a su único hijo, Kevin Santibáñez, de 19 años.
“Ha sido un poco complicado. Aunque uno no quiera, se siente mucha nostalgia. En un principio, noté que me estaba dando un poco de depresión, porque iba a su dormitorio, miraba su cama. Pero luego entendí que es algo que él quiso, es su futuro. Entonces, si él está bien y feliz, yo no tengo por qué estar triste, al contrario, el hecho de ver la forma en que maduró, me reconforta y me hace muy feliz. Me siento muy orgullosa de él y de la oportunidad que le brindaron”, declaró.
“Me gusta servir a mi país. Encuentro que es un apoyo importante el que nos da el Ejército, ya que nos permiten nivelar cursos a los que tenemos problemas con los estudios; tenemos la posibilidad de mejorar y, más que todo, es un aporte para nuestra patria, nuestro país, porque estamos acá para prepararnos para la guerra”, señaló, con convicción, Kevin.
Viviana Henríquez Gonzá-lez, de Molina, Región del Maule y madre del soldado conscripto Sergio Aguilera Henríquez (18 años), llegó el lunes. En este caso, todos los gastos corren por su cuenta.
Sobre la distancia geográfica que la separa de su hijo mayor y la ausencia de éste, expresó: “Ha sido difícil, pero estoy feliz de estar acá. Estamos tristes, pero a la vez contentas, porque sabemos que le está yendo bien acá”.
Para Sergio, su hijo, el estar en el Ejército, significa una posibilidad de surgir, pues desea hacer una carrera en la institución castrense.
“Con esto se abren hartas puertas, a donde vaya uno se le van a abrir porque tiene doctrina militar”, señaló.
Finalmente, una de las madres más privilegiadas por vivir en la misma ciudad en que su hijo mayor hace el servicio militar voluntario, es Victorina Gómez Barrientos, de la villa Cardenal Raúl Silva Henríquez, viuda y casada en segundas nupcias.
La vecina concurrió a visitar a su hijo Darío González, y cuenta que todos los domingos va a verlo al regimiento.
Sin embargo, por ser el único varón y el único nieto de su familia de su primer esposo, tampoco ha sido tan fácil el no verlo diariamente.
Así lo corroboran las palabras de Darío: “Separarme de mi familia fue difícil por un tiempo, pero ha sido una bonita experiencia haberme inscrito para hacer el servicio militar”.