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La Sonora Palacios está próxima a publicar el disco que celebra sus 50 años

En el curso de este mes de diciembre y a través de Feria Music, estará disponible en el mercado nacional el último disco de La Sonora Palacios con el que quiere festejar sus 50 años de existencia.
[…]

Por La Prensa Austral Miércoles 14 de Diciembre del 2011

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En el curso de este mes de diciembre y a través de Feria Music, estará disponible en el mercado nacional el último disco de La Sonora Palacios con el que quiere festejar sus 50 años de existencia.

Para ello, el afamado conjunto volvió al estudio para reversionar 15 de sus más grandes clásicos y editarlos en un nuevo disco.
Este nuevo trabajo contó además con la participación especial de Aldo “Macha” Asenjo y Chico Trujillo, en un encuentro de dos generaciones de la cumbia.



“El caminante” es el primer tema promocional de este nuevo álbum y está siendo rotado en las radios nacionales. Cabe recordar que éste fue el primer sencillo grabado por La Sonora Palacios, y por consiguiente, la primera cumbia de sonido chileno.

Fue en una gira por Argentina en 1963, cuando don Marty Palacios, conoció de la mano de compositores trasandinos una canción campestre, que contaba la historia de un campesino peregrino que vagaba “por el valle buscando su amor”. Su letra y melodías le llamaron la atención, transformando lo que probablemente era una canción de arrieros en la primera cumbia chilena.

50 años de alegría

De acuerdo a una biografía que figura en el sitio web de La Sonora Palacios, a finales de 1961 los ritmos “coléricos” comenzaban a florecer en el dial, de la mano del rock and roll y la fiebre mundialera, desplazando casi por completo de las radios a los espacios bailables, donde el chachachá, las guarachas y el mambo habían sido los protagonistas indiscutidos durante la década anterior.

Disfrutando de aquellos ritmos, entre Talca y Santiago, crecía un entonces estudiante de violín del Conservatorio de la Universidad de Chile, quien por esos días comenzaba a concretar un largo anhelo: formar su propia orquesta inspirándose en su banda favorita, la Sonora Matancera.

“Al principio no me no me gustaba la música, porque cuando niño mi papá era muy estricto, y era una obligación estudiar música e ir al colegio. El que iba en la mañana a la escuela, durante la tarde debía estudiar música, y así. Eramos 14 hermanos. Incluso, cuando mi papá salía a trabajar nos dejaba con la tarea de practicar, y llegando a la casa nos revisaba los dedos para ver si teníamos las cuerdas marcadas o nos habíamos puesto a jugar”, cuenta Marty Palacios Caro, fundador y director de La Sonora Palacios, su alegría de toda la vida.

Entró al conservatorio sabiendo que lo suyo era la música popular. Y clandestinamente, junto a compañeros, familiares y amigos, conformó un conjunto entre clase y clase, que incluía violines con cápsulas (para poder ser amplificados), piano y timbaletas. Los violines fueron alternando paulatinamente con las trompetas, hasta que estas últimas terminaron por ganar su espacio definitivo en el conjunto, el que rápidamente comenzó a cautivar al público en escenarios como la Taberna Capri, y locales de la calle San Diego. “Hacíamos boleros, y lo que tocaban las orquestas de ese tiempo. Pero la idea era hacer algo diferente y crear algo con lo que el público pudiera bailar, porque seguir haciendo mambo no tenía gracia”, afirma Palacios.

Es en esa búsqueda donde persigue una nueva sonoridad, sencilla, marcada y con un ritmo que la hiciera especial. Es ahí donde nace un nuevo estilo de cumbia, completamente diferente a su versión centroamericana. “La cumbia colombiana es pausada, tiene letras largas, donde cuentan grandes historias. Usa mucho el acordeón y la improvisación. Entonces lo que hice fue armar temas con una introducción corta, que al tiro se sintiera el impulso, una letra con contenido, coro repetitivo, volver a la letra y coro. Todo esto sincopado con una bonita melodía. Nuestros temas duran dos o tres minutos máximo, en cambio la cumbia colombiana puede durar fácilmente cinco o seis minutos, y la gente se aburría”, señala Palacios.

Fruto de esa fórmula, comienzan a nacer las primeras cumbias de la Sonora, las que inmediatamente llaman la atención del público asistente a sus presentaciones, quienes llenaban la pista al sentir sus primeros acordes.