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Las dos caras de la Avenida Salvador Allende

En el bandejón aledaño, feriantes sufren los embates del clima en estructura metálica multifuncional.

Por La Prensa Austral Miércoles 1 de Junio del 2011

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Un nutrido movimiento de faenas se pudo apreciar desde ayer en el bandejón de Avenida Salvador Allende, entre Avenida José Martínez de Aldunate y José Victorino Lastarria, al darse inicio a la habilitación de una serie de estaciones de trabajo de acondicionamiento físico.

Este adelanto, anunciado el mes pasado por el alcalde Vladimiro Mimica, se emplazará en el espacio que hasta esta semana era ocupado por los locatarios de la tradicional “feria de las pulgas”.

Esta plaza para la actividad física se levanta en aquel populoso sector, buscando aprovechar la confluencia de personas durante el día, en concordancia con las estaciones de trabajo que se aprecian en espacios públicos de ciudades como Coquimbo. Dicho equipamiento en máquinas de ejercicios es provisto por una empresa capitalina que recientemente se adjudicó una licitación por cerca de 40 millones de pesos, la cual dotará de estaciones de trabajo a distintos sectores de las avenidas Costanera del Estrecho, España, Bulnes y Salvador Allende.

En lo referido a esta última arteria, el municipio aspira a desarrollar un proyecto que contemplará áreas verdes, juegos infantiles, paseos y también baños químicos para quienes trabajan en dicho sector. Allí además se incluirá un paño en homenaje a los pioneros del barrio 18 de Septiembre.

Drama de los
feriantes

En el bandejón inmediatamente aledaño (hacia el poniente), el progreso no exhibe su mejor rostro a los feriantes, quienes venían postergando su traslado al no ver allí las mejores condiciones, pese al domo habilitado.

Dorka Guerrero Toro, presidenta de la Agrupación Esfuerzo Magallánico, lo resumió en el hecho de que se encuentran sin ganas de trabajar, en vista de los muchos problemas que han tenido a causa del clima. Lo peor de ello es que las mallas otorgadas por el municipio no son acordes a lo prometido: “Nos dijeron que las mallas protegían casi el 90 por ciento de lluvia y de viento, pero no cubren nada como techo, no protegen del viento y tampoco guardan del agua”. Para ella incluso es igual que estar a la intemperie, y en cuatro días de lluvia afrontados, en los que se les mojó toda la ropa, no les quedó más que colgarla ahí mismo para secarla.

Esto se vio reflejado ayer en que cada feriante colocara un distinto color nylon o bolsa plástica para refugiarse. Ni hablar del frío.

Como deben tener dinero para mantener a sus familias, añadió que cada día se instalan a trabajar a las 8 de la mañana, aunque una jornada como la de ayer no le deparara más de 3 mil pesos.

Por ello invitan a alguien de la municipalidad que pueda ir temprano a constatar las condiciones en que están y “vean en el barro en que nos fueron a meter”.

Ella se siente absolutamente defraudada con esto, “nunca pensé que íbamos a estar en estas condiciones”. Por ello espera hablar hoy con el alcalde y el viernes a las 18 horas preparan una reunión urgente con sus socias.