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Mujeres sacaron su “garra” en exigente instrucción militar

– Más de 90 soldados conscriptos provenientes de diferentes ciudades del país, pusieron a prueba su resistencia física y emocional durante doce días en el predio Chorrillo Basilio de la V División del Ejército.

Por La Prensa Austral Domingo 12 de Junio del 2011

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Son mujeres jóvenes y aguerridas, que han decidido alejarse de sus familias y amistades por vivir una experiencia que, para ellas, es significativa en sus vidas y representa un gran crecimiento personal.

El 25 de abril comenzaron un gran desafío en el Batallón Nº5 “Patagonia” que cumplirán voluntariamente por un año y que el jueves pasado puso a prueba su aguante y resistencia física en un riguroso examen de combate efectuado en el predio de instrucción Chorrillo Basilio, ubicado a casi una hora hacia el norte de Punta Arenas.

Más allá de querer lucirse venciendo los obstáculos, mostrando agilidad o manejo de las armas, estas soldados conscriptos dejaron en claro que ninguna prueba, por más dura que sea, puede contra la “garra” femenina, esa energía que brota de adentro cuando el cuerpo ya no puede más, pero el espíritu sigue vivo.

Los mismos militares que acompañaron la instrucción destacaron el arrojo de estas mujeres en servicio, que cada vez son más y que no temen sumergirse en una tierra que antes era exclusivamente de hombres.

Preparando combatientes
Hacía mucho frío en el “campo de batalla”. La sensación térmica era de un par de grados bajo cero y el terreno irregular lucía con escarcha. Para el común de las personas, dos o tres días ahí serían un verdadero suplicio.

Ellas llevaban 12 días en el predio, sometidas a diferentes actividades de instrucción: marchas, mimetismo, orientación, empleo de arma, primeros auxilios, entre otras. De las 97 soldados que arribaron el primer día, cuatro fueron evacuadas: una por amigdalitis crónica (debía ser operada), otra por una caída con resultado de tres puntos en una rodilla, otra por falta de coagulación de la sangre y la última tuvo que viajar a Santiago por el fallecimiento de su abuela –que había sido como su madre-. Así lo informó el mayor Guillermo Cruz Valdés, comandante del Batallón de Telecomunicaciones Nº5 Patagonia.

Con el objetivo de formar combatientes independientes, en patrullas de a cuatro sortearon diferentes fases hasta llegar a la final donde tuvieron que aplicar todo lo aprendido en un recorrido de dos kilómetros y medio. Canchas de arrastre, ataques por parte del enemigo y un simulacro de accidente fueron parte de esta etapa. Exhaustas, pero vencedoras llegaban una a una al término del ejercicio con la sensación de haberlo entregado todo y la emoción de
concretar una de las tantas etapas que vivirán hasta fin de año.

Emoción en combate
Se veían duras, rígidas. Con la pintura de mimetismo en sus rostros no se distinguían sus rasgos ni mucho menos sus expresiones. Pero ni el maquillaje ni las reglas militares pudieron ocultar la emoción que estalló en una de ellas. Geraldine Pérez proviene de Lota -Región del Bío Bío- y botó unas lágrimas apenas terminó el combate. “Uno ve el trabajo que hay detrás de toda la gente que está con nosotras, sobre todo, me refiero a mi comandante de cuadra”, expresó la joven, agregando que “yo no tengo papá y él ha ocupado su lugar”. Estas palabras emocionaron al cabo Diego Fernández, y con el permiso de la instructora, subteniente Daniela Arenas, se dieron un abrazo que “tocó” a los presentes.

Luego de esto confesó que “cuando llegué me quería ir, pero ahora no quiero. Es muy lindo darse cuenta que gente que no conocías se preocupa por ti”.

Mientras que sus compañeras tuvieron diferentes reacciones: “Fue genial, el frío no se sintió. Lo que más me gustó fue cómo cubrirse del enemigo”, dijo Jennifer Cruces, de Concepción. En tanto, Soledad Rivera, proveniente de Chiloé, manifestó que “quería sentir lo que era combatir, disfruté las canchas de arrastre y disparar. Es completamente diferente a lo que uno puede vivir afuera”.

“Ser mejores”
Estas alejadas tierras han sido testigo del esfuerzo y perseverancia de estas 91 soldados conscriptos. Al preguntarles por el motivo que las llevó a ingresar voluntariamente al servicio militar, la mayoría respondió que quieren “ser mejores”. Esta frase casi cliché para describir una meta en la vida, ellas se la creen y la viven. “Quiero que mis papás se sientan orgullosos de mi”, “estoy haciendo bien las cosas”, “ellos están comprometidos con el país”, “quiero demostrar que puedo más” o “ellos piensan en el prójimo y no sólo en sí mismos”, son algunas palabras que expresan lo que para ellas es “ser mejor”, tomando el sistema militar como un verdadero ejemplo y parámetro de vida.