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Padre de niño que salió despedido de vehículo relata las difíciles horas vividas tras el volcamiento

Atribulado jefe de hogar dio gracias a Dios por la favorable evolución del pequeño Vicente, y señala que quisiera agradecer personalmente a quienes auxiliaron a su hijo ese día en la carretera.

Por La Prensa Austral Lunes 12 de Diciembre del 2011

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El pescador artesanal Luis Armando Caipillán, 36 años, no ha leído nada, ni quiere saber qué se ha publicado sobre el impactante volcamiento que él protagonizó con sus dos hijos el jueves último, a la altura del kilómetro 12 de la Ruta 9 Norte, frente a Río Seco.

Sólo le interesa una noticia, la que se escribirá cuando su pequeño hijo Vicente Caipillán Sepúlveda, de 6 años, pueda salir de la Uci Pediátrica del Hospital Clínico, dejando atrás el crítico estado que lo mantiene conectado a un respirador artificial.

El mayor de sus dos hijos sufrió un Tec grave con una fractura de base de cráneo, luego que saliera proyectado del siniestrado station wagon Daihatsu Terios. Ayer se mantenía estable dentro de su gravedad y seguía en condición de paciente crítico, con su soporte vital, según indicó el médico Gustavo Pizarro, jefe de turno de la Uci Pediátrica del recinto asistencial.

Más allá de este escueto diagnóstico, la familia de Vicente se aferra a una esperanza luego que ayer ya transcurriera el lapso crítico de las primeras 48 horas, período crucial en la evolución de un trauma encefálico tras un accidente.
A Luis Caipillán le resulta inevitable sentirse culpable de lo que hoy sufre su ser querido. Este sentimiento lo corroe por dentro, mientras que en el exterior sus hematomas en el rostro son una marca visible de lo vivido.

Pese al gran sufrimiento que todo esto ha deparado para la familia, el atribulado padre confesó ayer a este medio que comenzaría a resplandecer una pequeña luz de esperanza para ellos. Esto, ante la presencia de signos en la evolución del menor que indicarían en forma paulatina que éste ya comienza a respirar por su cuenta. A ello se suma que el último escáner le salió positivo.

En este sentido, agradeció a las muchas personas que los han llamado y que han orado por ellos todos estos días.

Reventón de neumático

Lo único que Caipillán quiere es sacarse de la cabeza aquel desdichado momento en el que se accidentaron. En todo caso, no se explica cómo ocurrieron los hechos aquella mañana a las 11,30 horas, mientras salían de la ciudad con destino a Río Gallegos, Argentina, a visitar a un hermano.

Había planificado el viaje con mucha antelación, sacando el permiso para viajar con los niños y llevando el vehículo al mecánico, aun cuando éste ha tenido muy poco uso (apenas 75 mil kilómetros), salvo un viaje que hicieron a Chiloé. Se había preocupado incluso de chequear el aire a sus neumáticos, y la noche anterior se había ido a dormir a las 22 horas para tener al otro día un viaje relajado.

Sin embargo, el destino quiso que en un brevísimo instante el conductor perdiera el control del móvil y tendiera a salirse del camino, sin poder evitar que el furgón volcara con él y sus dos hijitos.

Caipillán señala que iba más que conciente que llevaba a sus dos hijos y mantenía una velocidad más que prudente, ni siquiera 80 kilómetros por hora. Aparte que conocía de sobra aquel camino, ya que regularmente viajan a una parcela que tienen en Ojo Bueno.

“No alcancé a llegar a Río Seco”, añade. La única explicación plausible para él sería la de un reventón de un neumático, lo cual quedaría en evidencia por la deformación con que quedó una de sus llantas tubulares traseras. El Daihatsu Terios giró varias veces en el aire para quedar en su posición original atravesado en la mitad del camino.

No recuerda nada de lo que hizo en ese momento, ni siquiera cuando le colocaron un cuello ortopédico, y la única noción que conserva fue que despertó en el hospital, pese a que se mantuvo en todo momento de pie, aparentemente lúcido, junto a sus hijos.

Por fortuna, la pequeña Ana Sol, de 5 años, salió completamente ilesa del accidente. Da gracias a Dios por ello, y enfatiza que todos en el vehículo llevaban su cinturón de seguridad puesto. El brusco giro del móvil habría sido el causante de lo ocurrido con Vicente.

Caipillán tampoco bebe, pero en esos momentos no dejó de pensar en las dos botellas de pisco y vino que llevaba de regalo y que reventaron, impregnando con su olor el vehículo. La alcoholemia confirmaría que él no tenía alcohol en su organismo.

Agradecimiento

Vicente cursó este año su kinder en el Centro de Educación Especial del Club de Leones Cruz del Sur, y el día antes del accidente habían ido a matricularlo en el Colegio Francés.

“Como quisiera despertarme y que no hubiera pasado nada”, expresa Caipillán, el cual por otro lado resalta el no haber perdido “la fe en mi Dios, y con la ayuda médica y la tecnología del hospital” salir hoy adelante. “Estamos agradecidos de todas las atenciones recibidas, de los médicos, enfermeras, mucha gente que no conocía y que nos ha venido a ver, me han llamado, han hecho cadenas de oración”, subraya.

Asimismo, él tiene la noción del crucial papel que jugó aquel día una ambulancia del Samu de Puerto Natales que pasaba por el lugar rumbo a Punta Arenas, y que se detuvo a prestarles ayuda, al igual que a una doctora que se bajó a atender a su hijo. Sabe que si hubieran pasado 10 minutos o 15 minutos más sin asistencia, el niño podría haber entrado en paro y no tener una oportunidad de sobrevivir.

“Quisiera en algún momento darles las gracias personalmente a estas personas que auxiliaron a mi hijo. Yo tengo fe que él va a salir adelante”, añade, junto con llamar a todos quienes a lean estas líneas que se sumen también a esta cadena de oración por Vicente.