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“Piñera encarna el modelo mercantil… y son ridículos los esfuerzos de la Concertación por montarse en la coyuntura”

– Uno de los más destacados exponentes de la historiografía social contemporánea de Chile cuestionó, incluso, hasta la forma en que se llevó a cabo el plebiscito sobre la educación.

Por La Prensa Austral Domingo 16 de Octubre del 2011
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Con una mirada crítica del devenir del pueblo y la institucionalidad chilena, el Premio Nacional de Historia, Gabriel Salazar, plantea que el Presidente Sebastián Piñera encarna el modelo mercantil no industrial que ha dominado Chile desde su nacimiento y que son “ridículos” los esfuerzos que está haciendo la Concertación por “tratar de montarse arriba de la coyuntura”.

“Somos un país sumamente mercantil y eso es muy importante porque nos hemos educado para consumir, no para producir… Entonces, si hay un dirigente político, empresarial, es gente rica, especuladores que logran llegar hasta la Presidencia y están, simplemente, encarnando un modelo entero. No son figuras consistentes, con peso propio, sino que son llevadas y traídas por la emulación, el qué decir, el oportunismo, por crear imágenes falsas, jugar con la realidad, sin correspondencia entre lo que se dice, lo que se es y la realidad”, expuso.

Salazar es uno de los máximos exponentes de la historiografía social y política de Chile, rama que se dedica a estudiar al sujeto popular e interpretar desde la perspectiva de las clases sociales más bajas el devenir del país.
Una de sus obras capitales es, precisamente, “Labradores, peones y proletarios” (1985), que es considerado uno de los aportes historiográficos más importantes y novedosos del último tiempo.

“Estamos acostumbrados que la política es sólo de los ‘políticos’, en circunstancia que la política más profunda es la nuestra, la soberana y ésa está preocupada de los procesos para construir Estado, mercado y sociedad”, objeta y hace ver que, por lo mismo, la “segunda política la ignoramos”.

“No nos han enseñado nunca que esa es la verdadera política; no nos han enseñado a ser soberanos. En los colegios, no se enseña a los niños a ejercer soberanía”, repara.

Así, valora el movimiento social surgido a raíz de las demandas estudiantiles, asignándole igual importancia que otros dos momentos históricos en que se han producido cambios profundos en el sistema imperante a raíz del alzamiento popular.

Pero, de igual manera, cuestiona la forma cómo se realizó el Plebiscito Nacional por la Educación, ya que, a su juicio, un acto de consulta de tal magnitud es, más que la votación en sí, el proceso de información y debate entre la ciudadanía.

“Los plebiscitos rápidos te ponen en la disyuntiva: Sí o No. El plebiscito ciudadano es deliberación. La importancia está en la deliberación, no en votar rápido Sí o No. Por eso, no estaba de acuerdo con este plebiscito, por el procedimiento. Lo más importante es que tú alimentes a la ciudadanía con los problemas a resolver y le des posibles alternativas y, después de dos o tres meses de deliberación, recién tú votas”, señala.

Movimiento social
– ¿Cuál es la calificación que hace de lo que está pasando en la sociedad chilena?
– “Se trata de una coyuntura o período histórico de excepción, desde el punto de vista que en Chile se han dado coyunturas o períodos con características similares a ésta, en el sentido que se han movilizado distintos actores de la ciudadanía, con autonomía, con independencia de los partidos políticos, en confrontación con el gobierno de turno en función de problemas trascendentales, de importancia y con la masividad que tiende a tomar el movimiento, en términos que no sólo son estudiantes, sino que profesores, apoderados y también sectores poblacionales e, incluso, algunos sindicatos”.

– ¿Cuáles son los movimientos antecesores?
– “Se dio a fines de diciembre de 1822 y 1829, batalla de Lircay, donde hubo un movimiento ciudadano autónomo que derribó la dictadura de O’Higgins -que es mentira que abdicó, porque lo derribaron- y que planteó la construcción del Estado y que, incluso, dictó una Constitución Política de 1828; y luego, entre 1918 y 1925, que de nuevo son actores sociales que se mueven autónomamente, en este caso la Federación Obrera de Chile (Foch), en época de Recabarren, la Federación de Estudiantes de Chile (Fech), los profesores de Chile, industriales y una cantidad de actores que se movilizaron, primero, con el fin de rectificar rumbo en la parte económica e, incluso, elaboraron proyectos de ley para ser aprobados por el Congreso, forzando la aprobación del Congreso. Después lo hicieron respecto de la educación y, como el gobierno no reaccionó ni el Congreso tampoco, entonces, llamaron a una Asamblea Nacional Constituyente para darle al país una Constitución a la pinta de la ciudadanía”.

– ¿Le atribuye a este movimiento tal fuerza como los dos anteriores?
– “No sé si llamarle fuerza, pero tiene memoria, una tremenda memoria social acumulada desde la época de Allende hasta el día de hoy y, fuera de eso, hay una cultura de autonomía que venía desarrollándose precisamente de la época de Allende cuando surgió esto del poder popular; posteriormente toda la lucha contra la dictadura en los ‘80, de autogestión, ollas comunes, el “comprando juntos”; luego, el período de desconcierto que significó el inicio del gobierno de la Concertación, los años del desencanto; y, luego, desde la crisis asiática, un emergente movimiento juvenil poblacional que últimamente ha ascendido a las capas estudiantiles, tanto secundarios como universitarios. Entonces, hay memoria, hay cultura de autonomía, de autogestión, hay cultura que los chiquillos muestran en la calle con todo lo que están haciendo y, por esa razón, pensamos que éste no es un movimiento que va a ser barrido con un sistema de represión a la antigua o con alguna otra forma de coaptación de las clases políticas. Es difícil”.

– Sin embargo, también hay memoria del pasado reciente y hay una generación que creció bajo la represión y se asusta rápidamente frente a los movimientos que se pueden escapar del orden.
– “La juventud de hoy no tiene experiencia directa de la violencia dictatorial o violencia militar, en el sentido estricto. No, porque ellos son una generación que florece con la Concertación y tienen el concepto de lo que fue la dictadura y la violación de los derechos humanos. Entonces, no tienen ese miedo. El miedo es nuestro, de quienes conocimos esa cuestión”.

Para Salazar, es difícil que una política represiva tenga el mismo respaldo ciudadano que, por ejemplo, el apoyo que tuvieron las Fuerzas Armadas para el golpe de 1973 y el posterior gobierno militar. “No es tan fácil que se reproduzca el terrorismo militar del ‘73 en adelante por muchísimas razones. Entonces, eso determina que las FF.AA. y los militares no van a actuar con el mismo respaldo que lo hicieron -con Estados Unidos detrás- en las otras condiciones. Si lo hacen, lo van a hacer nada más que por su propia cultura, que ya es una cultura perversa de reprimir a sus propios ciudadanos, que son maestros. No es fácil. Por lo tanto, están en condiciones de recibir a la inversa una ofensiva. ¿Qué ofensiva? Ese es el punto a pensar. Creo que las FF.AA. tienen que ser reeducadas por la ciudadanía, porque han desarrollado una cultura perversa que es intervenir militarmente, represivamente, sangrientamente en contra de más de la mitad de la ciudadanía, siempre han atacado a dos tercios de la ciudadanía y han dividido al país.
“Todas las veces que han intervenido en Chile -y son 23 en total, no son pocas, es un récord mundial-, todas las veces que han intervenido han reprimido al mismo sector y siempre han dividido a los chilenos y, en ese sentido, no son ni siquiera nacionalistas, son faccionalistas. Entonces, tienen la idea de que dentro de la nación hay un enemigo interno, que al principio fueron los mapuches; después los rotos, los vagabundos, los peones del siglo XIX; después van a ser los anarquistas; y ahora… tú sabes, desde los encapuchados hasta los ultras”.

– ¿Es, entonces, más discurso que realidad toda la política enunciada por los comandantes en jefe de las FF.AA. de reinserción en la sociedad, de adquirir más conocimiento de los derechos humanos?
– “Ellos han tenido que mentir y construir discursos patrioteros, discursos de la seriedad y lealtad nacionalista de la institución o familiar militar para ocultar las 23 veces que han intervenido sangrientamente en la historia de Chile. Lo terrible del caso no es que mientan 23 veces para construir su imagen; lo terrible del caso es que los chilenos le creemos y lo más grave es que siempre los políticos civiles le han creído de que van a respetar la ley cuando ellos son los que fijan la ley y después respetan su propia ley, pero mientras le dura la estabilidad del sistema. Nunca los políticos se han pronunciado abiertamente contra la intervención militar y siempre han legitimado el estado que los militares han establecido. Entonces, eso es lo terrible porque Allende les creyó y creyó profundamente que eran respetuosos, profesionales y que el orden portaliano ha sido respetado y ha sido la característica principal de Chile. Eso son nuestras propias creencias en función de un discurso que han construido los militares y que han recogido los civiles. Ahora eso está un poquito en duda. El desprestigio de la Concertación viene un poquito del hecho de que ellos difundieron esa creencia después de los horrores que estableció Pinochet”.

Ley Hinzpeter
– ¿Qué opinión tiene de la ley Hinzpeter?
– “Bueno, ese es el viejo discurso de Chile: el orden, el orden, el orden y eso significa el orden portaliano, dictatorial; el orden de Alessandri, dictatorial; el orden de Pinochet, dictatorial. Entonces, en función de eso se dictan leyes defensoras del orden, del sistema dominante vigente: Ley de Seguridad Interior del Estado, la Ley Maldita, la Ley Antiterrorista y ahora estas leyes represivas que van a revenir cualquier cosa, desde una toma de liceo hasta no sé qué. Entonces, es esa vieja costumbre de reprimir que está instalada en estos 200 años de historia del país. No es una cosa nueva. Lo que dice Hinzpeter es la cosa más antigua que hay en Chile. Hay que pensar que durante todo el siglo XIX, el Estado gobernó con facultades extraordinarias, con facultades de Estado de Sitio, con capacidad de represión total. No es ninguna novedad, porque cada vez que la ciudadanía se ha manifestado en forma autónoma, soberanamente y plantea la construcción del Estado desde la soberanía popular, la reacción ha sido la misma: condena: “Eso es anarquismo”, “Eso es subversión”, porque se altera el orden; y represión. Entonces, han privilegiado el orden por sobre la soberanía popular”.
Encapuchados y saqueos

– ¿En qué medida la aparición de los encapuchados y los saqueos afecta la legitimidad del movimiento estudiantil y cuánto va a poder el gobierno tratar en insistir en que ellos se confundan?
– “Creo que ese discurso, esa actitud política de condenar la violencia espontánea que surge en los sectores populares revela dos cosas: primero, la absoluta ignorancia histórica de nuestra clase dirigente; y, segundo, revela hasta qué punto el discurso del orden que los golpes de Estado han establecido en Chile nos siguen dominando y nos asustamos cuando dicen: ‘¡Saqueo, saqueo, saqueo!’.
“Porque un historiador social sabe que el saqueo existe en Chile desde el siglo XVII hasta el día de hoy. Es lo más normal en nuestra historia. Entonces, la cuestión no es escandalizarse frente al saqueo; hay que explicarse por qué el saqueo en Chile lleva casi 400, 450 años de vida. Hay que explicarse eso, cuál es la razón”.

Salazar plantea que en Chile han existido tres pueblos: pueblo mapuche, que era dueño del país; el pueblo español pobre que llegó al país en son de conquista y colonizó; y los mestizos.

Indica que los dos primeros tuvieron sus normas dictadas por el Rey de España, a excepción de los mestizos. “El problema es que la masa demográfica que se multiplicó y que se convirtió en el verdadero pueblo de Chile fueron los mestizos y el pueblo mestizo no tuvo derecho. Por lo tanto, decir mestizo era decir gente sin Dios ni ley. Por tanto, se podría contratar abusivamente, de cualquier manera, se le podía torturar, se le podía maltratar -por eso la Quintrala mataba y asesinaba sin asco-. Entonces, el pueblo mestizo creció en una condición: no tenía mercedes de tierra, no tenía propiedades, no podía ser encomendero, no podía ser encomendado, no tenía legislación laboral. Entonces, el pueblo mestizo crece en los intersticios de la sociedad chilena y era el mayoritario”, expone.
Plantea que, en tal condición, hizo del saqueo su práctica de subsistencia.
Mentiras históricas

Para Salazar, la historia chilena está construida sobre la base de mentiras, como la de exaltar como héroes nacionales a personajes que fueron dictatoriales y no necesariamente victoriosos.
“¿Qué es la Patria? Es el orden portaliano. Entonces, hay una mentira gigantesca en nuestra historia, que oculta lo más importante y lo más valioso que es la soberanía ciudadana, porque la reprimen constantemente. Entonces, levantan toda la estatuaria de los golpistas, los mentirosos y los derrotados. Entonces, hay que revisar eso y resaltar otras figuras. Yo diría que nuestro principal héroe de la independencia y de la construcción de Estado que vino después fue Ramón Freire y nadie lo menciona. Fue un general victorioso, que ganó todas las batallas -menos desgraciadamente la última que fue Lircay, que perdió en el golpe de Estado de Portales-, querido por todos los soldados, amado por los artesanos, por los productores, por los trabajadores. Es el general más victorioso y el más demócrata que ha tenido Chile y nadie le da boleta”.

“No se rescata la figura de Recabarren y hasta los comunistas mienten sobre Recabarren, porque es el fundador del partido, sí, pero ocultan el discurso de Recabarren, qué es lo que planteaba Recabarren”.
“Nadie levanta la figura de Clotario Blest, por ejemplo, que es el continuador de Recabarren. Lo tienen ahí como un santón, no más. Tenía la barba, era católico, transparente. Lo metieron dentro de un convento para que pasara los últimos días de su vida”.

– Estamos mal, entonces.
– “Sí, por eso es que la historia social que se ha desarrollado en Chile desde los años ‘80 ha estado redescubriendo toda esta historia oculta, ignorada, olvidada, desenterrando cosas y dando vuelta la óptica”.