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Presos también pueden rehabilitarse al interior de una cárcel

– En un mes Juan Gárate Molina dejará de ser un reo para retornar a su vida en Valparaíso. En la Quinta Región lo esperan sus tres hijos y un nieto que está por nacer.
– Alfredo Tarumán Vargas, en cambio, está empezando una larga condena de doce años por robo con intimidación. Lleva tres años preso e ingresó cuando su hijo tenía sólo 28 días de vida.

Por La Prensa Austral Domingo 26 de Junio del 2011

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Doce años de cárcel para el autor de un robo con intimidación en perjuicio de una persona mayor o una condena de seis años para un traficante de drogas es un hecho que puede parecernos justo. Y claro, porque los delincuentes son seres despreciables y que merecen castigo. Pero esa apreciación puede cambiar mucho al conocer la historia que hay detrás de esa persona que erró el camino.

Cada vez que debo ir a la cárcel a hacer alguna nota aprovecho la instancia para acercarme a algunos internos y saber algo más de su vida. Así conocí a Juan Gárate Molina, un porteño de 43 años de edad que recibió una condena de seis años por haber sido descubierto traficando dieciséis gramos de cocaína.

Cuando me acerqué a él estaba en el taller de mueblería de la cárcel de Punta Arenas lijando lo que parecía ser una de las partes de una cuna para bebé. Y lo era, porque el hombre estaba confeccionando una camita para su nieto que está por nacer.

Le pregunté qué hacía en la ciudad, porque me contó que antes de ser detenido era trabajador portuario en Valparaíso. “Yo pedí venir a cumplir mi condena acá, en el puerto no había rehabilitación, la cosa es muy mala en la cárcel”, me contó.

Por eso durante su permanencia en el complejo penitenciario de Punta Arenas ha aprovechado de hacer algo y confecciona relojes en madera y otros productos. No los vende, prefiere enviárselos a su familia. Tiene una hermana en Punta Arenas y tres hijos que viven en Valparaíso. “La idea no es trabajar en la cárcel, eso lo tengo que hacer afuera. Esto lo hago para entretenerme y mantener la mente ocupada”, comenta mientras me muestra el reloj con el rostro grabado de su hija que está ensamblando.

Juan está en los descuentos de su condena, porque terminará de cumplirla el 25 de julio. Será entonces cuando podrá retornar a su querido Cerro Bellavista y conocer a su primer nieto. Su hija de 18 años de edad está por cumplir los nueve meses, por eso este hombre espera que le puedan permitir salir unos días antes para alcanzar a llegar al parto.

“Me arrepiento,
yo estaba curado”

En el mismo taller de mueblería participa Alfredo Tarumán Vargas. El tiene 22 años de edad y está cumpliendo una condena de doce años por un robo con intimidación.

El delito ocurrió hace tres años cuando el joven asaltó a un hombre en el barrio 18 de Septiembre. “Me arrepiento, yo estaba curado”, me cuenta.

Tarumán tiene un pequeño hijo de tres años de edad, quien nació 28 días antes que su padre cayera preso. En ese tiempo él no estudiaba y había abandonado el colegio. “Acá pude terminar mis estudios, he participado en talleres de mecánica y ahora en carpintería”, relata.

El ha sabido aprovechar los años que lleva en la cárcel, ahora tiene un oficio y espera dedicarse a confeccionar muebles cuando termine su condena. Para eso faltan nueve años, pero Alfredo espera obtener algún beneficio y poder salir antes en libertad. Afuera tiene un hijo con quien no ha podido compartir y por eso espera que en el 2014 pueda optar a una rebaja de condena.