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Primeros testigos de incendio en el Paine acusan tardanza en reacción

Fernando Reyes y Michela Nardiello son dos universitarios que estaban en las Torres del Paine cuando comenzó el incendio que ya arrasado con 12 mil hectáreas. Ellos vieron cómo comenzó el fuego el 27 de diciembre, intentaron apagarlo junto a otras personas y dieron aviso a la Conaf en el refugio más cercano, pero aseguran que no hubo una respuesta rápida, según consigna el sitio sentidoscomunes.cl.
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Por La Prensa Austral Miércoles 4 de Enero del 2012

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Fernando Reyes y Michela Nardiello son dos universitarios que estaban en las Torres del Paine cuando comenzó el incendio que ya arrasado con 12 mil hectáreas. Ellos vieron cómo comenzó el fuego el 27 de diciembre, intentaron apagarlo junto a otras personas y dieron aviso a la Conaf en el refugio más cercano, pero aseguran que no hubo una respuesta rápida, según consigna el sitio sentidoscomunes.cl.
“Me dijeron que ellos acudirían al lugar con un par de palas y baldes, pero que ellos no tenían nada que hacer, y que estas cosas sucedían porque la gente no seguía las reglas”, cuenta Fernando.
A la mañana siguiente, tuvieron que dar declaración a Carabineros, por haber sido de los primeros en ver el fuego. Para ese entonces ya había 30 hectáreas afectadas.
Esto contrasta con las declaraciones del Gobierno, que hablan de una rápida reacción ante la emergencia. ”Este incendio se inició el martes 27 a las 18:45, dos horas después ya estaba decretada la alerta roja y se habían tomando todas las medidas necesarias para poder combatir con eficacia este incendio”, aseguró el Presidente Piñera el lunes 2 de enero, antes de viajar a la zona del incendio.
El testimonio de Fernando, a continuación, corresponde a otra realidad.
«Somos Fernando Reyes y Michela Nardiello, alumnos de Medicina de la UC. Fuimos a las Torres del Paine de vacaciones entre Navidad y Año Nuevo, a hacer el circuito de trekking de la w.
“Dije que había fuego en el camino y que necesitábamos ayuda. La respuesta de la niña del mesón fue que la Conaf ya sabía, y soltó una risa.
“El día martes 27 de diciembre fuimos a visitar el Glaciar Grey, en los interiores del Parque Nacional Torres del Paine. Debíamos volver al campamento Paine Grande, donde nos estábamos alojando, por lo que alrededor de las 18:00 horas comenzamos el sendero de vuelta. A los pocos minutos de caminata divisamos un poco de humo a lo lejos. Alrededor de las 18:40 llegamos al lugar del fuego, que se había iniciado a pocos metros del sendero, y muy cercano a un río. Lo primero que pensamos fue continuar el sendero y avisar al llegar al refugio, pero como faltaban más de dos horas decidimos volver al lugar del fuego.
“En ese momento sólo había llegado un guía chileno que, con su mochila y de manera desesperada, trataba de apagar las primeras llamas. Le consultamos si había dado aviso, pero dijo que no andaba con su radio. Sacamos nuestra olla y botellas y tratamos de apagar las primeras llamas. En ese minuto decidimos separarnos e ir a dar aviso al refugio Grey, que era el más cercano.
“Yo no lograba comprender que no existiese un sentido de urgencia. Las personas actuaban con toda la calma del mundo.
“Mientras Michela se quedó con el guía intentando apaciguar el incendio, acudí lo más rápido posible al refugio. En el camino me encontré con varios turistas extranjeros y en español y con un poco de inglés trataba de decirles que estaba empezando un incendio y que necesitábamos ayuda. Lamentablemente lo único que les importaba era si el camino seguía abierto, por lo que tuve que seguir hacia el refugio.
“Al llegar al refugio, aproximadamente en unos 25 minutos, bastante cansado por el largo tramo, dije que había fuego en el camino y que necesitábamos ayuda. La respuesta de la niña que se encontraba en el mesón fue que la Conaf ya sabía, y soltó una risa”.
Fernando y Michela pudieron fotografiar el incendio a poco tiempo de iniciado.
“En ese momento llegó un hombre de la Conaf, quien preguntó de qué porte era el fuego y si había visto alguna carpa o a alguien en el lugar. Le indiqué que no era grande, pero que se propagaba de manera rápida y que no había visto ninguna carpa ni cocinilla. Me respondió que ellos acudirían al lugar con un par de palas y baldes, pero que ellos no tenían nada que hacer, y que estas cosas sucedían porque la gente no seguía las reglas.
“Yo no lograba comprender que no existiese un sentido de urgencia. Las personas actuaban con toda la calma del mundo. Las personas encargadas de proteger la integridad del parque estuvieron siempre dos pasos más atrás que la situación.
“Salí del refugio, para ir al baño a tomar agua y refrescarme rápidamente, porque debía volver al lugar del incendio, ya que mi pareja se encontraba allá. En ese momento vi que las personas de la Conaf pasaron a comer papas fritas al mini market antes de ir al lugar del incendio. Me moje rápidamente y volví al lugar, pensando que la gente de la Conaf había salido corriendo delante de mí. Cuando llegué al lugar nuevamente, había una nueva pareja, también guías independientes ayudando a apagar las llamas, a quienes les pregunté si había llegado la gente de la Conaf, pero me dijeron que no. Lamentablemente habían salido detrás de mí. Cuando llegó la gente de Conaf nosotros nos fuimos del lugar porque estábamos a dos horas de nuestro campamento. Michela ya había pasado dos horas tratando de apagar el fuego con barro, con agua que corrían a buscar a la cascada y removiendo con los pies lo que lograban apagar para no dejar brasas ardiendo que pudieran prender nuevamente. Cuando el viento venía en contra, el humo les impedía respirar y cuando pasaba la tos volvían a tratar de apagar lo que podían. Luego supimos que al resto les dijeron que se fueran poco tiempo después para proteger su integridad.
“Cuando llegamos de vuelta al refugio Paine Grande la gente de la Conaf nos informó que ya iban tres hectáreas quemadas y nos pidieron nuestros datos. En el refugio nos informaron que durante la noche dejarían que el fuego creciera, y que los brigadistas de Paine Grande acudirían al lugar a las 4 de la mañana, cuando ya está claro.
Esa noche hubo mucho viento que movía muy fuerte la carpa, por lo que no pudimos dormir mucho, pensando también que el fuego estaba creciendo, con un poco de miedo de que las llamas llegaran al campamento. En la mañana nos dijeron que el camino hacia Grey estaba cerrado, tuvimos que dar declaración a Carabineros por ser los primeros en ver el fuego, y ellos nos contaron que a las 7 de la mañana ya iban 30 hectáreas incendiadas.
“No se produjo una evacuación inmediata del parque, se fueron evacuando a medida que avanzaba el incendio. El día 28 evacuaron el refugio Paine Grande, el 29 el campamento italiano y los cuernos, y el día 30 cerraron el parque entero.
“En 2005 hubo otro incendio muy grande en el parque, y la lección de ese desastre ecológico no fue suficiente para tomar las medida”.
“Me parece que las personas encargadas de proteger la integridad del parque estuvieron siempre dos pasos más atrás que la situación. Cuando nosotros vimos el fuego y dimos el aviso eran sólo unos metros afectados. Si las cuatro personas que estaban apagando el incendio, ninguna de ellas funcionaria del parque, hubieran tenido la ayuda de 10 personas más tal vez podrían haber controlado la situación cuando era manejable. De hecho, el fuego partió al lado de un río, tal vez algo se podía hacer con eso, pero por no tomarle el peso ni la urgencia necesaria, y no haber desplegado el personal y brigadistas que estaban en el refugio a la hora que se dio el aviso, la situación se les fue de las manos.
“La verdad es que lo importante hoy día no es sólo buscar a los responsables, porque eso no soluciona nada. En 2005 hubo otro incendio muy grande en el parque, y la lección de ese desastre ecológico no fue suficiente para tomar las medidas y proteger el lugar. Es fácil echarle la culpa a un turista irresponsable, sin embargo, cuando se entra al parque te regalan un mapa con las indicaciones, no está prohibido fumar, no se limita el número de turistas que entra al recinto, no le explican a los extranjeros la importancia de no hacer fuego fuera de los lugares permitidos, o si existe alguna multa o pena al respecto. Si las cosas siguen así, por más que la persona que causó el fuego esté en la cárcel, sería cosa de tiempo de que vuelva a ocurrir nuevamente. Los medios dicen que el incendio cubre un 1% del parque, pero nadie se imagina el ecosistema, el bosque milenario, la flora y fauna de un lugar que existía mucho antes que todos nosotros: Todo eso se incendia con ese 1%. Es probable que sobre la ceniza la vida se abra paso y crezca nuevo pasto, y que podamos crear nuevos senderos en el parque, pero de nada sirve si no aprendemos a respetar y cuidar aquello que no nos pertenece”. (Foto: Fernando Reyes y Michela Nardiello)