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Red de Ayuda Humanitaria distinguió a voluntaria más antigua de la Diócesis de Punta Arenas

Hoy se celebra Día de la Solidaridad, en conmemoración del 62º aniversario de la muerte de San Alberto Hurtado.

Por La Prensa Austral Lunes 18 de Agosto del 2014

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En el marco del Mes de la Solidaridad, en homenaje a San Alberto Hurtado -cuya muerte se conmemora hoy, Día de la Solidaridad-, en la tarde de ayer el obispo de la Diócesis de Punta Arenas, Bernardo Bastres, presidió la misa, en la iglesia Catedral, en donde decenas de voluntarias de Caritas y de la Red de Ayuda Humanitaria de Chile (Rach), renovaron su compromiso de seguir auxiliando a los más pobres.
Además, se entregó un reconocimiento a la voluntaria más antigua de la Rach, Elena Escobar Cerda, quien lleva 29 años prestando servicio como voluntaria.
En su homilía, monseñor Bastres destacó la acción que realiza el voluntariado, que es la dimensión social de la fe católica.
“La Iglesia (Católica) es una iglesia que escucha, anuncia y sirve”, señaló el prelado.
Asimismo, indicó que “es imposible una dimensión cristiana si no existe preocupación por el otro”.
El sacerdote también aludió al Evangelio leído, en donde una mujer no judía (cananea) acude a Jesús, a quien le implora salve a su hija, quien se encuentra poseída por un demonio. Jesús, al ver la gran fe de la mujer, sana a su hija.
A propósito de este episodio del Nuevo Testamento, el obispo Bastres resaltó la importancia de cultivar la fe. “La fe es como el amor, si no se cultiva, muere”.
Finalmente, el prelado hizo un llamado a la inclusión social, es decir, a incluir y a no discriminar a las personas por su procedencia, nacionalidad, color de piel o aspecto.
29 años de servicio
Elena Escobar Cerda, de 83 años, es la voluntaria más antigua de la Rach, en Punta Arenas, y como tal, fue reconocida al casi culminar la ceremonia religiosa.
Al preguntársele sobre la motivación que la ha mantenido casi 30 años al servicio de los más pobres y necesitados, Elena respondió: “Es el llamado que uno siente. Cuando el Señor te toca, te toca, y te exige. Yo doy gracias a Dios todos los días, porque mis piernas y mi mente me sigan acompañando. Voy caminando para los 84 años”.
“Voy a seguir haciendo voluntariado hasta que me muera. No voy a parar, porque si no puedo moverme, pido, rezo, para que la causa no muera, para que sigan los pobres recibiendo lo que tienen que recibir todo el tiempo”, agregó.
Elena pertenece a la Asociación Seglar Vicentina AIC internacional. Comenzó como voluntaria en la parroquia San Miguel, luego en San Vicente de Paul y ahora en la Medalla Milagrosa.
Hace tres días se enteró de que la distinguirían durante la misa que se efectuó ayer y, con humildad, aseguró que jamás ha pretendido obtener algún premio por lo que hace.
“Soy una convencida uno es mano de Dios, cuando se pone a su servicio. Es el amor que El te entrega y que tú derramas en las demás personas. Y cuando no lo haces, el amor de Dios se corta. Por eso uno tiene, como decía el padre Hurtado, dar hasta que duela. O como San Vicente decía, dar ‘con el sudor de mi frente y el cansancio de mis brazos y mis piernas’”, concluyó Elena.