Necrológicas

Y ya son 35 años

– Celia Short vive en una hermosa casa al este de Stanley, sola con su marido, un ex marine británico que decidió quedarse en las Falklands. Sus tres hijos ya crecieron. En su hogar atesora muchos recuerdos de Punta Arenas y Puerto Natales. Ejemplares de La Prensa Austral y El Magallanes, y por montones recortes de páginas viejas y amarillas.

Por La Prensa Austral Domingo 25 de Septiembre del 2011

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Celia Short recuerda con claridad el aviso que leyó en La Prensa Austral. Una oferta de trabajo que mantuvo en secreto a su familia. Sólo cuando todo estaba listo, contó que partía a trabajar a las Falklands (Malvinas); aunque sólo por nueve meses, le dijo a su abuela, quien no quería que se fuera. Ese era el tiempo que esta natalina tenía pensado estar en este archipiélago del Atlántico Sur.
Celia partió de Punta Arenas el 5 de abril de 1976 a Comodoro Rivadavia (Argentina), para desde allí, el 8 de abril, volar a las Falklands en un avión de la empresa Lade. Tenía 24 años y un deseo inmediato, apenas aterrizó, de retornar a su Puerto Natales querido… pena que aplacó pensando que por delante -como le había dicho a su abuela- sólo había nueve meses.
Celia compartió pinceladas de su historia mientras recorríamos Stanley (la capital de las Falklands), paseo que incluyó el museo, tiendas de souvenirs, un restaurante, dos supermercados y otros pequeños negocios. En todos estos lugares el factor común fue el “Hi, Celia”. Es que 35 años no pasan en vano, y ella es hoy es uno de los chilenos más conocidos y respetados en esta ciudad. Celia se preocupa, por ejemplo, de mantener actualizada la lista con los nombres de los compatriotas que viven en las Falklands (cerca de 300). El año pasado, el gobernador ofreció una recepción a la que invitó a los miembros de la colonia chilena residente y para ello acudió al registro de Celia. “Me pidieron que yo dijera a quién invitar. Pero les dije que no; que ellos eligieran. Al final, los invitaron a todos”, me dijo con una amplia sonrisa durante un cóctel en la residencia del representante del gobierno británico en las islas para celebrar la Independencia de Chile, en medio de un ambiente cargado de fotos de los miembros de la corona colgadas en las paredes.
Celia vive en una hermosa casa al este de Stanley, sola con su marido, un ex marine británico que decidió quedarse en las Falklands. Sus tres hijos ya crecieron. En su hogar atesora muchos recuerdos de Punta Arenas y Puerto Natales. Ejemplares de La Prensa Austral y El Magallanes, y por montones recortes de páginas viejas y amarillas. Es parte de su conexión con su tierra de origen, además de esporádicos viajes a Magallanes.
Tras mostrar los diarios, Celia aparece con un sobre grande y una caja. De esta última saca un galvano que le llegó desde Chile en reconocimiento a la ayuda que las Falklands envió a los damnificados por el terremoto y posterior tsunami del 27 de febrero del año pasado; 26 mil libras, poco más de 20 millones de pesos, aportados por el gobierno local, empresas y la gente en general. Para reunir este dinero, se realizaron varias actividades que Celia coordinó junto a otros chilenos. En la placa se lee: “La Ilustre Municipalidad de Lolol a la comunidad británico-chilena, Islas Falkland, por su aporte al desarrollo y progreso de la localidad de El Membrillo, Lolol, marzo 27 de 2011”. Siente un gran orgullo por este logro, pero lamenta no haber podido viajar a Chile a la entrega del aporte, ceremonia a la que fue invitada.
El día que me despido de Celia, todavía está preocupada por el anuncio de la Presidenta de Argentina de revisar el acuerdo que permite que un vuelo de Lan aterrice cada sábado en el aeropuerto de Mount Pleasant, lo que podría significar la suspensión de la conexión aérea con Chile, inquietud que comparten otros chilenos que trabajan en las islas. Al momento del adiós en su oficina de la policía de las Falklands, donde es la encargada del departamento de licencias de conducir, tras el abrazo y los deseos de buena suerte, al salir lo último que escucho es un “Hi, Celia” de un isleño que acude a realizar un trámite… un “Hi, Celia” que ya entera 35 años.

(Foto: Alejandro Toro)