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El individualismo ayuda para que se coludan

Molesta ver cuando abusan de las personas, en especial de los más vulnerables. Indigna aún más cuando se hace en diferentes espacios y actividades que terminan afectando a un país, a una nación, dañando la fe pública y la confianza. Ya no parece sorprender que se coludan, que se pongan de acuerdo para ganar más a costa de los consumidores, escondiendo o disfrazando la competencia. Pues los ideólogos y defensores del modelo de libre mercado “a la chilena”, se callan o enmudecen a la hora de la evidente falta ética y moral de los autores intelectuales y materiales de las conductas de algunos que gobiernan el sistema económico chileno.
[…]

Por Juan Francisco Miranda Jueves 14 de Enero del 2016

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Molesta ver cuando abusan de las personas, en especial de los más vulnerables. Indigna aún más cuando se hace en diferentes espacios y actividades que terminan afectando a un país, a una nación, dañando la fe pública y la confianza. Ya no parece sorprender que se coludan, que se pongan de acuerdo para ganar más a costa de los consumidores, escondiendo o disfrazando la competencia. Pues los ideólogos y defensores del modelo de libre mercado “a la chilena”, se callan o enmudecen a la hora de la evidente falta ética y moral de los autores intelectuales y materiales de las conductas de algunos que gobiernan el sistema económico chileno.
Casos como el de los pollos, de las farmacias, del papel higiénico, y recientemente el de los ginecólogos de una región, y el de las cadenas de supermercado, parecen no bastar para comprender que este modelo excluyente y adormecedor de conciencias (con el espejismo material del consumo) debe ser cambiado. El abuso del sistema contra las personas ha contaminado la confianza entre todos.
La legítima ganancia de quien le da un valor agregado a un bien de consumo, como pudiese ser la distribución de calidad de mercancías, ha sido reemplazada por modelos de optimización de ventas con lógicas de ganancias excesivas a costa de clientes cautivos mediante crédito, que por muy indignados se encuentren frente a este abuso deben seguir endeudándose para alimentarse. Se cambiaron las fichas de las pulperías salitreras por tarjetas de plástico, con publicidad atractiva, y promociones que son sólo tácticas para esconder el verdadero objetivo que es mantenernos cautivos, pues esas promociones se terminan pagando con los intereses.
Las estrategias como la de no tener todas las cajas abiertas cuando hay mayor afluencia de público están diseñadas para dar otra vuelta por las consolas mientras “avanzan las filas”, o el llenado de bases de datos de consumo con el rut que te piden en cada boleta (con el gancho de juntar puntos) permiten diseñar futuras promociones que complementan o esconden el alza de otros productos de modo que la resultante sea una mayor venta y un mayor margen de utilidad.
Alguien podrá justificar que en querer ganar más empleando técnicas avanzadas de ventas, de control de inventarios, y de campañas publicitarias no es algo ilegal ni menos poco ético. Es cierto, pero en la medida que estas acciones no sean orquestadas con la supuesta competencia. He aquí el problema, pues hay evidencias que así como en los otros casos, se coludieron quienes supuestamente compiten libremente para hacernos llegar menos precios por una distribución de productos de calidad. Lo cierto es que no compiten por traernos mejores precios, sino que se ponen de acuerdo para cobrarnos más.
El pasado domingo muchos no fuimos al supermercado haciéndonos parte del llamado de protesta que apareció en las redes sociales. Dicen que las ventas bajaron entre un 5% y 10%. Es cierto que los supermercados no quebrarán, pero es importante romper el individualismo y cooperar con soluciones alternativas (almacenes de barrio, verdulerías, carnicerías, etc). En la medida que la comunidad crezca y el repudio sea masivo crecerá la presión social hacia la política, de modo de exigir a nuestras autoridades que promuevan y legislen medidas y normas más punitivas hacia quienes dañan la confianza y la fe pública con actos como los de colusión, que además terminan afectando a la mayoría del país, en especial a los más vulnerables, entre ellos nuestros adultos mayores que muchas veces tienen que elegir entre los remedios y alimentos.