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Aeropuerto: natalinos emprenden vuelo

Por Ramón Arriagada Miércoles 7 de Diciembre del 2016

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Antes de trabar una amistad por años con Luciano Julio, ganadero del sector de Morro Chico, fallecido hace pocos años, tuve la oportunidad de volar con él cruzando el estrecho en el asiento reservado para el copiloto. Eran los tiempos de la línea aérea Tama, de la cual don Luciano era propietario, allá por los años 70.   Luego la vendería y le dedicaría tiempo a una hermosa estancia, hasta su muerte. Ya estabilizado el avión en la travesía, le pregunté inocentemente, ¿Por qué no hay vuelos a Puerto Natales?, a lo cual me respondió socarronamente y con su sabiduría a la cual me acostumbré después, “Simplemente, porque en la Patagonia, nadie anda apurado”.

De esta conversación casual y aleccionadora, me recordé este domingo, cuando con otros natalinos, participábamos en la inauguración de las nuevas dependencias del terminal de pasajeros y ampliación de la pista de nuestro aeródromo Julio Gallardo. La Presidenta Bachelet que presidió la ceremonia, enumeraba las frecuencias ya comprometidas por las aerolíneas nacionales Sky y Latam; se refirió, además, a la importancia de la conectividad para nuestros territorios, y que las platas comprometidas, las entregaba el Estado para permitir que los ciudadanos tuvieran acceso a este medio de transporte, para hacerlos sentirse integrados al resto del territorio nacional. Cuando una autoridad justiprecia este factor, lo valoro, pues significa estar posesionada de una visión de estadista.

Por generaciones los habitantes de Puerto Natales, aspiraron a tener acceso al medio aéreo. Viviendo aquí es cuando se toma conciencia del ser isleño. Factor que todos tratan de guardar en lo más profundo de su siquis, olvidar la lejanía, olvidar afectos, aceptar la partida de seres queridos motivados por nuevas metas lejos de la patria chica natalina. Es por ello, que nuestro territorio de afectos es la Patagonia, sin límites de fronteras impuestas; no ha habido fuerza que detenga esa simbiosis. Nos respetamos y  apreciamos entre chilenos y argentinos, porque nos necesitamos mutuamente.

Esa pulsión tan humana de mirar hacia la lejanía y viajar es la que supo captar el teniente de Carabineros Julio Gallardo, piloto civil, llegado a Puerto Natales en el año 1946. Entusiasmó a los jóvenes de la época para dar forma a una cancha de aterrizaje; su diseño en el mismo lugar donde está hoy nuestro flamante aeropuerto, fue producto del Club Aéreo de la ciudad y el  quehacer de sus socios. Al poco tiempo de terminados los trabajos, fue posible el aterrizaje de una aeronave de Lan Chile (en ese tiempo estatal) y el inicio de los vuelos regulares entre Puerto Natales y Punta Arenas en un Electra 505.

La historia aeronáutica se interrumpe, al mejorar los medios de transportes terrestres, a lo del pasajero poco apurado, además por el factor económico y lo más importante la mala fama de una ruta sobre la cordillera chilena, la mayor parte de los días abundante en turbulencias, no apta para proclives al mareo. Pero, también porque Gallardo fue destinado a Santiago, donde falleció trágicamente el 3 de abril de 1953, a bordo de un avión que se precipitó a la altura de la cuesta del Chacabuco.

La humilde petición natalina, para posibilitar le asfaltaran la pista, fue hecha por el gobernador Manuel Suárez al recién asumido Presidente Aylwin. El gobernante se echó al bolsillo, el informe de los sectorialistas, que dijeron que un aeródromo con pista asfaltada, no tenía justificación económica. Gracias  a la modernización lograda, fue posible, salvar los  dramáticos momentos de aislamiento, como aquellos vividos en el Terremoto Blanco del 19 de agosto de 1995.

El resto de la historia hasta el magnífico regalo presidencial del domingo, está constituido por eslabones virtuosos, muy ligado todo, al conocimiento mundial de nuestras riquezas escénicas que atraen a viajeros, que sí quieren llegar prontamente, a enfrentarse con Ultima Esperanza y sus cordilleras; trashumantes presurosos que quieren sumirse en paisajes terrenales que los proyecten al paraíso.