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AFP: Asociación de Fábricas de Pobreza

Por Juan Francisco Miranda Jueves 28 de Julio del 2016

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El pasado domingo hubo una nueva marcha en todo Chile. Esta vez en contra del sistema de AFP. No hubo mucha cobertura por los medios de comunicación tradicionales y no debe llamar mucho la atención, pues el sistema requiere de desinformación. Me parece excelente que el tema se discuta con diversos niveles y conocimientos en diferentes espacios y lugares. Qué bueno que esté aumentando la conciencia respecto a una etapa de la vida, que es inevitable y a la cual todos llegaremos. El sentimiento de molestia, indignación y protesta se acrecienta, pues la gran masa laboral de los ochenta a la cual se les obligó a cambiarse de sistema de pensiones, desde hace una década comenzó a darse cuenta de que la promesa de aquella época, está lejos de cumplirse. Fue el caso de mis abuelos, y desde hace unos meses el caso de mi padre. Todos tenemos a alguien en la familia que con la jubilación (que no tiene nada que ver con júbilo lamentablemente) está obligado a complementar su ingreso y sigue trabajando.
Propuestas se empezarán a escuchar y eso me parece excelente, pues no basta una AFP estatal, ni menos que se cambie la edad de jubilarse. Yo no soy experto en la materia, ni tampoco tengo una receta para resolver un problema complejo, que es a nivel mundial, pero que en Chile se hace más complejo por el sistema económico, y el tipo de sociedad individualista que se ha ido consolidando. Sin embargo, el sentido común me permite compartir algunos principios que debiese tener un nuevo sistema de pensiones pensado en las personas y en la sociedad que se conforma con ellas.
Conceptualmente, una pensión o jubilación no debiese ser menor que el sueldo vital o ingreso mínimo. ¿Quién podría vivir con menos de lo que se necesita para satisfacer las necesidades mínimas? Alguien me puede decir que mucha gente hoy lo hace. Yo creo que sobrevive, y lo pasa mal, sacrificando muchas veces alimentación, vestuario, recreación, para poder tener un techo, consumos básicos y remedios.
Por otra parte, ya que nos gusta tener parámetros en economía. No es lo mismo el IPC según el grupo de edad que consume. La canasta básica promedio no es la misma de quienes en entrada edad requieren gastar más en medicamentos y salud, que de quien está menos vulnerable a los problemas de salud. Por ello, creo que a las personas jubiladas no deberían descontarles además un porcentaje de su jubilación por salud. La solidaridad de una sociedad debiese mostrarse en este tipo de decisiones. Esto hace imposible analizar los problemas de las pensiones sin considerar el sistema de salud.
Respecto a los fondos, no parece justo que con el dinero de uno se capitalice o invierta en sectores económicos a los cuales uno requiere como son los bancos o el retail, de los cuales sabemos que, si uno pide un préstamo, los intereses son muchísimo mayores y abusivos, que lo que ganan mis fondos al prestarle plata a los que me prestan plata. Tampoco parece justo que la rentabilidad de los fondos sea sólo proveniente de la mejora de las acciones, y no de la utilidad de los negocios de las empresas que ganan con mi capital, pues ya sabemos que a la hora de aumentar costos y esconder utilidades algunas son rebuenas para coludirse.
Creo que la solución requiere de principios antes de métricas o fórmulas que sólo apuntan a los números. Me inclino porque el Estado debe garantizar un mínimo a todos, que no puede ser inferior al ingreso mínimo vital y donde a los jubilados no se les cobre por salud. A este mínimo se le sume el ahorro personal (generado por las cotizaciones), y un aporte adicional generado por el aporte adicional del empleador). En resumen: solidaridad, responsabilidad per-
sonal, responsabilidad social empleadores con sus trabajadores.