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Algo extraordinario

Por Carlos Contreras Martes 17 de Mayo del 2016

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No hay caso, como diría un ciudadano de antigua data. Pasan los días y al observar la realidad política y legislativa de nuestra alicaída República no se ven acciones que nos permitan restablecer cierta sensación de orden y de rectitud que es fundamental para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos, sea bajo la premisa del mentado bien común o bajo el concepto que existen derechos y necesidades de los habitantes que el Estado debe obligatoriamente cumplir y satisfacer.
El panorama latinoamericano no es bueno y me asiste, a lo menos, una duda razonable respecto de los procesos de caída de los gobiernos, eufemísticamente, llamados ”progresistas”, en circunstancias que se trata de gobiernos de izquierda. Pero el problema no es sólo ideológico, cuestión que amerita una columna propia, pues tiene que ver con la naturaleza humana misma.
El ejercicio actual de la profesión política, el desarrollo interesado de los medios de información pagados y el crecimiento descontrolado de las redes sociales han generado una situación que desnuda a las instituciones y a las personas, y en esa desnudez pareciera que se muestra lo peor de lo nuestro.
En efecto, nadie se salva de la crítica inmediata y destemplada, hace poco di cuenta de un debate sobre educación pública y de inmediato recibí un mensaje haciendo presente si le había consultado a uno de los expositores acerca de una empresa de acreditación. La pregunta es válida, pero mi respuesta fue categórica, ya el solo hecho de debatir en estos días, con profundidad y sentido es una acción bastante escasa, pero parece más importante cuestionar y atacar a la persona antes de empezar un ejercicio de ideas y esperar el fundamento de sus propuestas y, a partir de ello, discutir su conveniencia y consecuencia.
Ya nos acostumbramos a atacar, por una parte, y quienes son interpelados, por la otra, tampoco parece que quieran contribuir a mejorar las cosas.
Hoy se requieren acciones extraordinarias para contribuir a ordenar esta situación, acciones que permitan recuperar la confianza y que no sean de común ocurrencia: no basta con admitir responsabilidad en algún hecho repudiable, se tiene que recibir alguna sanción y actuar en consecuencia aceptando la sanción y proponiendo efectivamente las medidas para evitar que la situación se repita; no basta con negar  situaciones de irregularidad, pues lo necesario es acreditar que se actuó correctamente; no es suficiente señalar que una persona esta adscrita al servicio público, ya que se debe probar que su vida esta consagrada a ello y no al beneficio personal exclusivamente.
Lo anterior en realidad no es extraordinario, pues cada vez que un hijo se equivoca, precisamente tiene que reconocer y enmendar su actuar, pero lamentablemente los tiempos y las personas han cambiado, así lo ordinario pasa a ser extraordinario.