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Alimentación y sabor para pingüinos

Estos días de fiestas que ya se las lleva el viento patagónico se nos vienen a la memoria estomacal todos los desórdenes alimenticios que hemos asumido, en algunos casos sin respetar gustos ni sabores en el fragor de las celebraciones después son los lamentos, a los pocos días ya todo normalizado pero para quienes sin fiestas ni celebraciones se les viene muy preocupante la situación de los alimentos de los pingüinos, algo muy similar a su icónico antípodas como lo es el oso polar del Artico.
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Por Alfredo Soto Martes 5 de Enero del 2016

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Estos días de fiestas que ya se las lleva el viento patagónico se nos vienen a la memoria estomacal todos los desórdenes alimenticios que hemos asumido, en algunos casos sin respetar gustos ni sabores en el fragor de las celebraciones después son los lamentos, a los pocos días ya todo normalizado pero para quienes sin fiestas ni celebraciones se les viene muy preocupante la situación de los alimentos de los pingüinos, algo muy similar a su icónico antípodas como lo es el oso polar del Artico.
Los cambios climáticos, como por ejemplo las oscilaciones del sur de El Niño, afectan a las redes alimentarias. También lo hacen en los océanos del sur de la India y del océano Atlántico las oscilaciones irregulares en las temperaturas superficiales del mar, que pueden crear momentos dipolo, es decir, en los que dos masas a gran escala de calor y frío se encuentran. Sin embargo, los científicos no sabían hasta ahora cómo esta variabilidad en la temperatura superficial del mar puede influir en los procesos ecológicos en la zona frontal Polar Antártica, un importante límite ambiental entre las aguas cálidas y frías, con una gran biomasa de plancton y peces, alimentos esenciales para los pingüinos.
Según los científicos, el aumento de 1 ºC en la temperatura superficial del agua del mar ha cambiado el límite de la zona frontal Polar Antártica en torno a 130 kilómetros. Esto ha aumentado considerablemente la distancia que los pingüinos tienen que recorrer para alimentarse fuera de su hábitat de cría en las islas Crozet subantárticas. Durante un año climáticamente extremo, un fuerte desplazamiento hacia el sur de esta zona polar hace que se duplique la distancia media en la que los pingüinos viajan para nutrirse, lo que coincide con un descenso del 34% en la población reproductora del archipiélago al año siguiente.
Por otro lado el sabor del pescado o de la fruta no provocan ningún placer en el paladar de los pingüinos. Un estudio genético realizado por investigadores de la Universidad de Michigan (EE UU) revela que estas aves marinas han perdido tres de los cinco sabores básicos -amargo, dulce y umami (cárnico)- a través de la evolución. Para ellos la comida sólo tiene dos sabores: salado y agrio. No se sabe aún cómo afecta esta pérdida del gusto a la vida de los pingüinos. En general, el sabor agrio ayuda a detectar la comida estropeada y el amargo a detectar componentes tóxicos, no se sabe si los pingüinos tienen otros modos de detectarlas.
Los investigadores indican que el sabor cárnico y el amargo se perdieron en el ancestro común de los pingüinos, mientras que el dulce se perdió mucho antes. Los receptores del gusto podrían haber desaparecido en los pingüinos a causa del frío extremo de los entornos en los que vive. Todos los pingüinos tienen raíces en la Antártica, incluso los que han migrado a lugares más cálidos, por lo tanto a evitar las bajas temperaturas si Ud. quiere mantener el gusto por las comidas y abundantes banquetes en las celebraciones venideras de las cuales ya forman parte de nuestro patrimonio cultural.