Necrológicas
  • Marcelo Silva Toledo
  • María Luisa Aguilar Gutiérrez
  • Tránsito Barría Barría
  • Ruth Casanova Villegas
  • Zoila Levien Manquemilla
  • Sergio Saldivia López

Antártica traslapada

Por Alfredo Soto Martes 19 de Julio del 2016

Compartir esta noticia
135
Visitas

Una de las sesiones en las que mis alumnos universitarios del Crédito Cultural Antártica se sienten muy partícipes, es cuando están aprendiendo de la toponimia y una forma metodológica es en primera instancia “confundirlos” un poco para crear la inquietud y cautivarlos en interrogantes y consultas, es precisamente en las descripciones del territorio. La Toponimia del Territorio en la Península Antártica, lleva por nombre Tierra de O’Higgins, Tierra de San Martín, Tierra de Palmer o Tierra de Grahamm, la pregunta es, ¿por qué tantos nombres para una sola zona territorial?
La respuesta comienza en las indicaciones históricas, haciendo el alcance que desde el año 1690 las tierras antárticas fueron exploradas por foqueros, aventureros e investigadores de diversos países. Esto ha conducido a que tales países consideren que sus descubrimientos les dan ciertos derechos sobre el continente antártico y de manera arbitraria cada país le coloca el nombre que quiera en función de recordar su propia historia en el continente Antártico. Es así como entre 1908 y 1942 , Argentina, Chile, Australia, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Noruega y Nueva Zelanda exhibieron e hicieron notar sus derechos sobre dichas tierras heladas argumentando su proximidad geográfica y las exploraciones realizadas por muchos años en cuanto al descubrimiento, estudio y conquistas de sus zonas más accesibles. En agosto de 1948 Estados Unidos presenta a los siete gobiernos involucrados una propuesta de reivindicaciones de derechos territoriales sobre la Antártica y sugería que los derechos en pugna deberían resolverse mediante el establecimiento de un gobierno internacional. Esto último no tuvo resultados positivos. Hasta que en 1958 el Presidente de los Estados Unidos de la época, Dwight D. Eisenhower, invitó a los países que pretendían posesiones en dichos territorios a sentar las bases de un Tratado con el objeto principal de reservado a la investigación científica, es así como el 1 de diciembre de 1959 fue suscrito en Washington el convenio que entró en vigor en 1961 por un período de 30 años, en el que se considera a la Antártica como una zona libre de instalaciones militares y destinada a la cooperación internacional de carácter científico. En lo que respecta a las últimas inquietudes por parte de los comunicados periodísticos, referidos y en relación con la reciente aprobación en una comisión de la Onu que depende de la llamada Convención Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar del nuevo “Límite Exterior de la Plataforma Continental Argentina”, que le concede al país 1.700.000 kilómetros cuadrados de plataforma continental, más allá de los 200 metros de profundidad y de las 350 millas desde la costa. Este espacio se proyecta incluso con las islas Malvinas, las Georgias del Sur y las Sandwich del Sur, además de la llamada Antártida argentina, existe un punto en el tratado que es clave y para tranquilidad de todos, se trata del artículo IV, que mantiene el statu quo: “Ningún acto o actividad que se lleve a cabo mientras el presente Tratado se halle en vigencia constituirá fundamento para hacer valer, apoyar o negar una reclamación de soberanía territorial en la Antártica, ni para crear derechos de soberanía en esta región. No se harán nuevas reclamaciones de soberanía territorial en la Antártica, ni se ampliarán las reclamaciones anteriormente hechas valer, mientras el presente Tratado se halle en vigencia”. Los países firmantes se dividen en dos grupos: El Grupo 1, lo constituyen Australia, Argentina, Chile, Francia, Gran Bretaña, Noruega, y Nueva Zelanda; ellos destacan su derecho preferente y reclaman soberanía territorial sobre sus zonas argumentando antecedentes históricos, geográficos, jurídicos, administrativos, etc.
El Grupo 2, formado por Alemania Occidental, Bélgica, Estados Unidos, Unión Soviética, Japón, Polonia, Sudáfrica, no reclaman soberanía ni reconocen la de otros miembros. Esto ha originado una situación que hasta hoy no se resuelve, considerándose en la actualidad al continente como “Tierra de Nadie”.
Posteriormente se adhieren al Tratado: Brasil, la India, Perú, Uruguay, Italia, España, Papua y Nueva Guinea. Estos países no tienen ni voz ni voto, precisamente por ello se les conoce con el nombre de Países Adherentes.