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Bajo la influencia de la poesía

Por Jorge Abasolo Lunes 9 de Octubre del 2017

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Es el título del último parto literario de Erick Pohlhammer (Libros del Amanecer, 118 páginas).
No hay poeta grande sin emoción. Y aquí estamos en presencia de un peso pesado. No sólo maneja magistralmente el lenguaje. Sabe perfectamente que primero hay que sentir para luego colocar la palabra adecuada, el sustantivo justo y el calificativo preciso.
Este profesor en eterno estado de vigilia se puede insertar en la poesía vanguardista, esa poesía moderna que prioriza el distanciamiento por sobre todas las cosas.
Es probable que Erick Pohlhammer abuse del vanguardismo. Esto puede ser un defecto, aunque puede obedecer a un visionario que desea romper con los moldes excesivamente trabajados.
En su cosmovisión poética hay lugar para los temas más diversos.
Y cuando le canta a la irreverencia de la realidad, lo hace de manera directa, sin afeites:
-“…ensaya y no serás nunca payaso de yeso, el miedo al ridículo es el más ridículo de los miedos. El miedo al ridículo paraliza. Cuando de tu cuerpo carnal no quede sino el esqueleto secándose en la indiferencia del polvo no quiero que desde los mundos astrales te remuerda la emoción de no haber ensayado. Es más fácil ensayar acá que allá, aunque nunca será tarde para que sea temprano. Hagas lo que haga el amor irá contigo: todos los que te tildan de loco están locos. Locos de miedo o envidia. No ensayan…se conforman con el cloroformo de las formas rutinarias; se resisten a dar cuerda a su locura dichosa de vivir…”

Aquí Pohlhammer deja en claro que muchas veces el poeta debe sacudir con su pluma el estado de letargia en que frecuentemente bracea nuestra sociedad.
En su hondonada poética hay lugar también para la asfixiante indiferencia que acompaña al amor extinguido, pero al que le quedan jirones de rabia.
Su poesía es abarcativa y no deja tema sin omitir.
Fustiga y condena en “Noticiero sin miel”; pone la reversa en nuestra mente con su poema “Remembranza Estudiantil”; exuda ternura en “El chico Late”; postula una reconvención salutífera en “El Chile estadístico”, y en su “Y pensar que un día” se convierte en un cántico a la esperanza. Sí, la esperanza…que no es otra cosa que el sueño del hombre despierto.
Sabemos que la poesía es expresión genuina del sentimiento humano, de indefinible encanto y que halaga y hasta suspende el ánimo, infundiendo suave y puro deleite.
La poesía de Pohlhammer es tan limpia como el agua. Apela al artificio tan sólo para sacudirse del estilo hiperventilado y rimbombante. Es directa, sin remolinos.
Es parte de la donosura de la poesía de Erick Pohlhammer, que me induce a recordar las palabras de J.A. Froude: -“The poet is the truest historian” (el poeta es el historiador más verídico)