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Carlos Gardel y las Olimpiadas

Por Jorge Abasolo Lunes 25 de Julio del 2016

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Ya en el umbral de los Juegos Olímpicos (con sede en Brasil) creo propicio narrar a mis letrados lectores hechos pintorescos, de esos que están llamados a amenizar estos juegos de por vida.
Ocurrió en las Olimpiadas de Amsterdam, en 1928, la misma donde nuestro atleta Manuel Plaza perdió el camino y se quedó con el segundo lugar, cuando le esperaba la presea de oro.
El hecho es que en esos mismos juegos, el equipo uruguayo de fútbol había derrotado a Argentina, en un match donde los combos y escupitajos se habían alternado con los pases y los dribblings.  Antes de retornar a sus respectivos países -y a pedido de Carlos Gardel, algo así como el Ricky Martin de la época- los peloteros fueron invitados a París por el “Zorzal Criollo”. La idea de Gardel (tan uruguayo como argentino) era reconciliar a los equipos de fútbol, que habían terminado enrabiados y más golpeados que testículo de jinete.
Para tal ocasión, Carlitos Gardel invitó a ambas delegaciones a disfrutar de su espectáculo en un cabaret de la Ciudad Luz. Los jugadores fueron sentados en una larga mesa y de forma intercalada. Es decir, un uruguayo y un argentino y así…con tal de promover la camaradería. Una vez avanzada la velada, el intento de confraternizar de Gardel comenzó a naufragar, en razón de las facturas que unos y otros comenzaron a pasarse a raíz de lo violento del partido de fútbol. Los más rudos resultaron ser el “wing” argentino Raimundo Orsi y el volante derecho uruguayo José Leandro Andrade, seco para el fútbol, las patadas y los combos. En el match, el uruguayo había pateado hasta que le dio hipo una rodilla del “Mumo” Orsi y el guapo delantero ché se la había devuelto con un fiero pisotón al tobillo. Para tratar de aquietar las aguas, Carlitos Gardel tuvo una idea original. Sabía que el aguerrido jugador argentino, además de ser buen futbolista, era un virtuoso tocando el violín. ¡Si hasta había integrado la orquesta de Francisco Canaro! Entonces lo invitó a subir al escenario y sumarse a su conjunto. El “Mumo” Orsi pidió un violín prestado y se integró al grupo de Gardel para interpretar un tango. Pero ocurre que la música no apaciguó los ánimos. Más bien atizó los fuegos de la discordia, pues los jugadores comenzaron a agarrarse a trompadas. José Leandro Andrade aprovechó el despelote general para abalanzarse sobre Orsi, pero el argentino tenía reflejos felinos. Sorteó el puñete del uruguayo y luego le partió el violín en la cabeza. Antes de que Andrade reaccionara, Orsi salió despavorido del boliche y esa misma noche huyó de París. No tanto por temor al uruguayo, sino por la eventual represalia del dueño del instrumento, pues se trataba de un valioso Stradivarius.
Años más tarde el propio Orsi recordaba el hecho casi con sorna: -“Si el dueño del instrumento me hubiese encontrado, tendría que haberme quedado trabajando en París de por vida para poder pagar el violín”.