Necrológicas
  • Ricardo “Lumpi” Bórquez Schultz
  • Ana Luisa Sepúlveda González
  • María Cárcamo Márquez
  • Edita de Lourdes Oyarzún Díaz
  • Lucila del Carmen Barría Mancilla
  • Dina Gómez Alba

Cómo va la cosa

Los tiempos de crisis de la elites, en distintos ámbitos, que experimenta el país, en especial en torno a la política y su relación con el financiamiento empresarial, requieren y aconsejan cautelar determinadas condiciones para que se pueda salir jugando de las situaciones difíciles. De modo de no fracasar como sociedad, como ya nos ocurrió hace medio siglo aproximadamente. En este sentido y a la hora de enfrentar desafíos de país importante, los contrapesos en política son esenciales, ya que sí no, la aplanadora le pasa por encima a las minorías. Como siempre son las mayorías las que deben gobernar, por lo general, cuando estas son aplastantes, no se debe olvidar que también son circunstanciales. Por lo tanto, la pregunta necesaria pareciera ser, qué contrapeso institucional estamos dispuestos a dejar como reserva para cautelar los excesos de esas mayorías que bien pudieran borrar del mapa a las minorías. Sobre todo ahora que estamos en este tira y afloja entre el gobierno y la oposición con el tema constituyente, el cual nos acompañará por un largo trecho y dependerá con seguridad, del gobierno y Parlamento que asuma el siguiente período.
[…]

Por Diego Benavente Viernes 15 de Abril del 2016

Compartir esta noticia
56
Visitas

Los tiempos de crisis de la elites, en distintos ámbitos, que experimenta el país, en especial en torno a la política y su relación con el financiamiento empresarial, requieren y aconsejan cautelar determinadas condiciones para que se pueda salir jugando de las situaciones difíciles. De modo de no fracasar como sociedad, como ya nos ocurrió hace medio siglo aproximadamente. En este sentido y a la hora de enfrentar desafíos de país importante, los contrapesos en política son esenciales, ya que sí no, la aplanadora le pasa por encima a las minorías. Como siempre son las mayorías las que deben gobernar, por lo general, cuando estas son aplastantes, no se debe olvidar que también son circunstanciales. Por lo tanto, la pregunta necesaria pareciera ser, qué contrapeso institucional estamos dispuestos a dejar como reserva para cautelar los excesos de esas mayorías que bien pudieran borrar del mapa a las minorías. Sobre todo ahora que estamos en este tira y afloja entre el gobierno y la oposición con el tema constituyente, el cual nos acompañará por un largo trecho y dependerá con seguridad, del gobierno y Parlamento que asuma el siguiente período.
Un gran desafío, es saber cuidar aspectos como el lenguaje, la sana convivencia y la interacción transversal entre los actores políticos, evitando que la polarización extrema se apodere del escenario y lo tiña todo, llegándose a veces al desprecio del adversario, con la gente incluso evitando hablar de política para ahorrarse los malos ratos, como hasta hace poco estaba sucediendo en Argentina o actualmente en Venezuela o Brasil, así como también sucedió en nuestro país en la década del setenta. Hay que tratar de que no se pase del castaño claro a castaño oscuro.
En esto una buena receta es aplicar el estilo de relación respetuosa entre países con gobiernos de distinto signo, que pese a pensar políticamente distinto mantienen relaciones amistosas. Si la mayoría manda, tal como reza el antiguo dicho, para que este funcione se hace necesario mantener activa permanentemente a la mayoría silenciosa del país y en especial de las regiones.
Como en alguna oportunidad lo dijo Ernesto Ottone, la austeridad de la política no es sólo un asunto de dinero, no se consume en la honestidad o la coherencia, sino también en la conducta democrática ejercida cotidianamente y frente a toda decisión. “…no es la mezquindad ni el espíritu de tribu los que debieran predominar por sobre un espíritu de construcción de país, el sentido del Estado y el resto a las normas de convivencia democrática”.
Sin duda, aún no está claro cómo va la cosa, ni lo que viene para adelante en Chile. Lo que sí está claro, es que son momentos y desafíos cruciales, los cuales deberán ser enfrentados por nuevos liderazgos que no tengan tejado de vidrio o al menos asuman con coraje y valentía un mea culpa sincero y coherente, que le haga abrigar esperanzas de cambio efectivo a la ciudadanía. En esto no hay segundas oportunidades, o lo hacemos bien o seguiremos empantanados en la medianía de la tabla viendo como otros nos empiezan a superar en el camino al desarrollo.