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Concentración ineficiente

Si uno mira los resultados que Chile ha tenido en su desarrollo durante los últimos 30 o más años, sin duda nos han destacado en el concierto latinoamericano, pero, al mirar los balances internos, no se puede asegurar lo mismo. De hecho, al país que le ha ido bien y la que muestra índices destacados es la Región Metropolitana o la ciudad capital de Santiago. Es en su gente, sus instituciones y, especialmente, en las comunas del barrio alto donde se ha concentrado la riqueza, los beneficios y las oportunidades. El resto de Chile mira como gato para la carnicería cómo el gran disfrute nacional se lo llevan unos pocos que, más encima, hacen mal la pega coludiéndose para que la pasada sea cada vez más jugosa y los que pierden son siempre los mismos. De productividad, equidad o solidaridad, seguro ni lo vieron en la universidad, donde incluso a algunos se les perdió la ética.
[…]

Por Diego Benavente Viernes 22 de Enero del 2016

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Si uno mira los resultados que Chile ha tenido en su desarrollo durante los últimos 30 o más años, sin duda nos han destacado en el concierto latinoamericano, pero, al mirar los balances internos, no se puede asegurar lo mismo. De hecho, al país que le ha ido bien y la que muestra índices destacados es la Región Metropolitana o la ciudad capital de Santiago. Es en su gente, sus instituciones y, especialmente, en las comunas del barrio alto donde se ha concentrado la riqueza, los beneficios y las oportunidades. El resto de Chile mira como gato para la carnicería cómo el gran disfrute nacional se lo llevan unos pocos que, más encima, hacen mal la pega coludiéndose para que la pasada sea cada vez más jugosa y los que pierden son siempre los mismos. De productividad, equidad o solidaridad, seguro ni lo vieron en la universidad, donde incluso a algunos se les perdió la ética.
En esto no hay dos opiniones: esta concentración no ha servido para desarrollar el país; sí lo ha hecho con la gran ciudad y con un grado de segregación y discriminación atroz. En una reciente columna de Sebastián Edwards, en un matutino nacional, lo ejemplifica así: “Las elites viven en sus barrios alejados, van a sus propias universidades y rara vez “bajan” a Santiago.” Es triste, pero cada vez más es así, a todo nivel, incluso en la política se blindan para no permitir la formación de partidos regionales, que puedan rescatar las identidades locales, por miedo a que les levanten a sus electores cautivos bajo el embrujo de “lo nacional”. Esto, como lo expresaba Eugenio Tironi hace un año atrás en un medio electrónico, “lo que estamos viviendo es la crisis de un núcleo dirigente que, a los ojos de la ciudadanía, abusa de su poder”.
Un cambio o señal importante podría provenir vía la canalización de las donaciones importantes de grandes empresas, que bien se la podrían jugar por los territorios y no seguir concentrando todo en las universidades Católica y de los Andes, que el año 2014 obtuvieron 2/3 de las donaciones de los privados. La responsabilidad de construir un país con desarrollo armónico es de todos y aún mayor de las empresas que se han visto beneficiadas por la explotación de recursos asociados a determinados territorios del país. Es hora del involucramiento con las regiones y territorios más alejados y provocar competencia en buena, por quien es capaz de generar más desarrollo endógeno.
¡Qué impuesto ni que 8/4! Esto debiera ser tarea nacional y, por propia voluntad, debieran manifestarse los grandes grupos empresariales. El país lo hacemos todos y, si el Estado es lento o se empantana en su maraña burocráta-política, hay que aplicar creatividad y echarle para adelante. Incluso activando y aprovechando el conocimiento acumulado en la gestión empresarial, que ha sido capaz de competir a nivel global e internacionalmente.
Ya es tiempo de que hagamos el trabajo del desarrollo nacional como debe ser, para todos y con especial preocupación por aquellos territorios y localidades que están más alejadas, las que, de continuar como estamos, se seguirán despoblando. Y ese país donde el lema es “el último apaga la luz”, no le gusta ni le sirve a nadie.