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De Charles Bronson a los vengadores 2.20

Por Eduardo Pino Viernes 2 de Diciembre del 2016

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En estos días en que la muerte se ha hecho presente una vez más en los medios noticiosos, a través del siempre controvertido Fidel Castro y de la terrible desgracia aérea del Chapecoense, una controvertida noticia nacional ha pasado algo inadvertida, aunque resulta digna de un análisis sociológico debido a que su ocurrencia parece más sacada de guiones de seriales o incluso comics de superhéroes.
Sus protagonistas son Francisco Ruiz-Deamboa y Juan Luis Dupré, ambos de 20 años, quienes fueron sorprendidos haciéndose pasar por funcionarios de la PDI. Aunque esto no es nuevo, pues antes hemos sido testigos de delincuentes que suplantan la identidad de policías para perpetrar robos o estafas, esta vez nos encontramos ante jóvenes interesados en realizar detenciones de ladrones o lanzas que acostumbrados a la impunidad, asolaban a sus eventuales víctimas. Era tal su grado de sofisticación que se movilizaban en un automóvil adaptado con sus propias balizas y sirenas, portaban identificaciones falsas y un armamento de fogueo que daba aún más realismo a su caracterización. Así estuvieron cerca de cuatro meses acudiendo a llamados de la gente, en que una vez aprehendidos los malhechores, eran entregados a Carabineros producto de detenciones ciudadanas. Toda esta trama les ha valido el apelativo de “los vengadores”, como se hacían llamar incluso en una página de Facebook. En su último “trabajo” (según ellos lograron más de 16 detenciones), funcionarios de la PDI les pidieron identificarse, dándose cuenta de las contradicciones en sus versiones y quedando detenidos. Actualmente se encuentran en libertad, pero con medidas cautelares de arraigo nacional y firma quincenal, con cargos relacionados a usurpación de funciones, falsificación de instrumento público e infracción a la ley orgánica de la PDI. Por más que recibieran la crítica del subsecretario del Interior, Mahmud Aleuy, en las redes sociales la inmensa mayoría de los ciudadanos aplaudió sus acciones, cansados de un clima de inseguridad general.
No han sido pocas las opiniones en que a estos jóvenes se les compara con Batman y otros superhéroes, donde la capa y el antifaz fueron cambiados por emblemas policiales, ya que para el delincuente estos símbolos predisponen una actitud mucho más dócil y de sometimiento que si sólo se hubiesen presentado como civiles comunes y corrientes.
De manera casi automática recordé el impacto que cuando niño me dejó la figura de Charles Bronson en “El vengador anónimo”, cuya versión de 1974 tuvo tanto éxito que replicó 4 versiones más hasta principios de los 90s. Un sujeto como cualquier otro, aburrido de la indiferencia e inoperancia de la policía y el sistema legal ante los abusos provocados por matones y delincuentes, decide tomar la justicia por sus propias manos. Más que la fantasiosa invulnerabilidad del héroe o sus cada vez más sofisticadas formas de provocar dolor, creo que el regocijo del espectador es producido al  reestablecerse el equilibrio, cuando el delincuente recibe su merecido castigo, aunque a veces parecía que se le pasaba la mano.
Ante este hecho surgen varias preguntas: ¿la aparición de estos dos jóvenes se atribuye a una “aventura” personal y única o a una necesidad de mayor protagonismo de la gente ante la delincuencia?, ¿son justas las críticas a las policías y su desempeño en su control contra el crimen?, ¿son las leyes tan malas en Chile que la impunidad sería mucho más común que el justo castigo a quienes las infringen?, ¿seguiremos viendo casos de vengadores civiles para sentirnos más seguros?, ¿Ud. habría actuado igual que ellos si tuviese la oportunidad?
Es importante confiar en nuestras autoridades e instituciones, especialmente en la policía que establecen el orden y el sistema judicial que administra la aplicación de las leyes. Nuestros juicios morales o análisis de lo adecuado o inadecuado pueden diferir, para partir en buenas intenciones y terminar en caudillismos tan lamentables e irracionales como hemos visto en algunas detenciones ciudadanas. Si bien todos estamos llamados a colaborar, sólo el orden y el respeto a la institucionalidad nos llevará a un mejor resultado, evitando el peligro del tentador impulso de “tomarse la justicia por las propias manos”. Es que Charles Bronson, hay uno sólo.