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Derechos Humanos

No conocí al señor Contreras, ex jefe de la Dirección Nacional de In-
[…]

Por Carlos Contreras Martes 11 de Agosto del 2015
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No conocí al señor Contreras, ex jefe de la Dirección Nacional de In-
teligencia (Dina), más que por referencias de personas cercanas, primero, y después por el contundente actuar de la justicia que le valió condenas sucesivas de privación de libertad por más de quinientos años en total.
No conocí al señor Contreras, pero su nombre y el de la Dina, así como la CNI producía un profundo temor en mi persona y en mi entorno…, temor que con el tiempo se transformó en una necesidad de superar esa época oscura y todo lo malo que significó y en esta parte me parece pertinente indicar alguna de las cosas que constituían “todo lo malo que significó”, me refiero al temor que el día de mañana una persona cercana a tu entorno no regresara a casa, fuera detenida, desaparecida o lesionada brutalmente; me refiero a esa constante situación de tensión cuando un carabinero se acercaba, pues durante la Dictadura los héroes de verde a que hace referencia el himno institucional, se habían transformado en la cara visible y patente de la dictadura, más que los miembros de las Fuerzas Armadas, con un costo social y de daño al alma patria que todavía presenta manifestaciones tenues; me refiero a esa permanente desconfianza que establecía la división de nuestro país y que te obligaba a prestar más atención a tu entorno. Si bien es cierto sabíamos, porque siempre ocurre en las dictaduras, que había gente que robaba o, en sentido más elegante, se apropiaba de dineros públicos o ejecutaba negociaciones incompatibles y que sentaba la base de la fortuna gracias a la represión y a la violencia, esta situación era menor, pues lo verdaderamente importante era la integridad física y ojalá psíquica de los familiares y amigos, que a la postre eran familia.
Después de este período oscuro y triste se presumieron varias cosas que no se han cumplido: que la división del país se iba a dejar atrás con la muerte del Dictador; que primaría el sentido humano y se informaría a los parientes de las víctimas el paradero o destino de sus seres queridos; que la muerte de los torturadores generaría algún alivio… nada de aquello ha acontecido, pero lo peor es que a menos de 30 años del término de esa época oscura, se han generado situaciones en el sistema político que replican en alguna medida, desde la perspectiva de la soberbia, la intolerancia y la pérdida de respeto por instituciones Republicanas, lo acontecido en las fechas previas al 11 de septiembre de 1973; lo más complejo es que nada se ha avanzado en el respeto de los derechos humanos, pues la violencia contra las personas, su tortura y muerte no es el atentado mismo ni la causa y efecto, sino que la manifestación de una sociedad que no aprendió a respetar y a valorar al ser humano por sobre el sistema económico, los bienes, la posición social o el poder y eso fue lo que logró la dictadura, instalar un sistema por civiles y militares que al día de hoy responde a la desigualdad, al abuso del poder y a la represión de muchos en manos de pocos. Los derechos humanos se violan cuando negamos a un ser humano el trato de tal; cuando su remuneración es miserable (o que no le permite vivir dignamente); cuando lo educamos con altos grados de desigualdad y segregación; cuando construimos la cultura de la diferencia sobre lo que tenemos y no sobre la diversidad de nuestro pensamiento; cuando condenamos a muchos a sufrir las desdichas de la pobreza, mientras pocos gozan de lo mejor de un sistema que otorga soluciones a quien pueda pagarlas… cuando la tolerancia, la verdadera caridad, la igualdad y la libertad desaparecen… Así las cosas no hago comentario del fallecido, pero el legado de muerte y desprecio de la vida, parece que se instaló más allá de sus días.