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¿Dónde está tu hermana?

Por Marcos Buvinic Domingo 27 de Noviembre del 2016

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Ante la terrible realidad del maltrato y la violencia contra las mujeres, es absolutamente pertinente la pregunta que el relato bíblico pone en boca de Dios: “Caín, ¿dónde está tu hermano?, ¿qué has hecho con él?”. Pero, la cultura machista instalada en nuestra sociedad no mueve a considerar a la mujer como una hermana, como alguien que -siendo diversa y complementaria al varón- es igual en dignidad y derechos; más bien, la inercia machista la discrimina, la somete, la reduce a un objeto sexual, y ejerce violencia sobre ellas.

El machismo no es -simplemente- una “mala costumbre” instalada en nuestra cultura, sino que es una actitud que pisotea todos los derechos humanos e introduce la violencia y la muerte. Sí, el machismo es un virus cultural que es mortal: casi el 35% de las mujeres chilenas declara que ha vivido una o más situaciones de violencia a lo largo de su vida, ejercida por su esposo, pareja o ex pareja. En de este año, en Chile ya han ocurrido 34 femicidios y 109 femicidios frustrados. Son cifras de sufrimiento y de muerte para las víctimas, y para nuestra sociedad son cifras para morirse de vergüenza.

Para muchas personas, pareciera que la supuesta superioridad del varón sobre la mujer establece derechos de discriminación y de dominación es vista como algo que hace parte de las verdades más incuestionables, y que se vive como algo habitual y cotidiano, e -incluso- como algo normativo.

Sólo en las últimas décadas se han elaborado leyes que sancionan la discriminación y violencia contra la mujer y, sin duda, falta mucho por hacer y seguir avanzando en ese sentido. Pero, la cuestión de fondo pasa por un profundo cambio de mentalidad y de actitud, en la manera de remediar en su raíz lo que -hace un tiempo- me decía una amiga: “la mayoría de las mujeres tenemos que cargar con cuatro males que nos endosan: no poder, no tener, no saber y no valer”.

Además, de todas las formas de discriminación laboral, de maltrato social y de violencia intrafamiliar, una de las formas más despreciables de dominación sobre la mujer es la prostitución y el tráfico de persones para el comercio sexual, ambas son situaciones bien conocidas en nuestra región. La prostitución es un fenómeno muy complejo y es un modelo deformante de la relación entre los hombres y las mujeres. Hay estimaciones de que la prostitución mueve -a nivel mundial- entre 5.000 y 7.000 millones de dólares, superando así lo que mueve el mercado de la droga. Las mujeres en esta situación siempre están expuestas a la violencia y la marginalidad, y el tráfico de personas para el comercio sexual es el ejemplo más claro de la violencia sexual y del trato como simple mercancía.

Entonces, la pregunta del relato bíblico -“¿dónde está tu hermana, qué has hecho con ella?”- pide una urgente respuesta que todos y cada uno tenemos que dar; una respuesta que dignifique toda nuestra vida y la vida de todas las personas, varones y mujeres. Se trata de asumir un serio compromiso personal y social por acompañar, visibilizar y denunciar culpabilidades hasta superar todas las formas de discriminación y violencia contra la mujer, para que la violencia y el silencio no tengan la última palabra, sino la dignidad de todos los hijos e hijas de Dios.