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El argot periodístico

Mis andaduras periodísticas me han llevado a trabajar en los más diversos medios de difusión, Y en esos medios he sido honrado, fustigado, felicitado, premiado, sancionado y hasta echado. No me puedo quejar. Me ha pasado de todo, y he llegado a la conclusión que los diarios y revistas son como los vendedores ambulantes o como las declaraciones oficiales del gobierno: hay que creerles la mitad, no más.
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Por Jorge Abasolo Lunes 31 de Agosto del 2015

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Mis andaduras periodísticas me han llevado a trabajar en los más diversos medios de difusión, Y en esos medios he sido honrado, fustigado, felicitado, premiado, sancionado y hasta echado. No me puedo quejar. Me ha pasado de todo, y he llegado a la conclusión que los diarios y revistas son como los vendedores ambulantes o como las declaraciones oficiales del gobierno: hay que creerles la mitad, no más.
A continuación les presento un hato de frases de políticos extractadas de la prensa nacional y el modo en que deben entenderse.
– En nuestro gobierno los únicos privilegiados serán los niños.
Claro. Pero los niños de padres privilegiados.
– Hemos reformulado nuestro programa para aplicarlo con realismo sin renuncias.
Esto puede traducirse de varias maneras. Por ejemplo, si en La Moneda siguen metiendo la pata, no nos quedará otra que pedirle a la presidenta su renuncia.
Y con mucho realismo.
– Primero la Patria, después el partido político y último los hombres.
Claro. Pero los últimos serán los primeros.
-Eso lo tiene que determinar la justicia.
O sea, estamos aleccionando al juez que determine lo que queremos que sea justo.
-O nosotros, o el caos…
Esta expresión debe entenderse como: “!Oh, nosotros!, ¡oh, el caos!”
A las expresiones floripondiosas de políticos de distinto cuño, hay que agregar que a una inmensa mayoría de periodistas jóvenes les encanta alambicar las cosas, o emborrachar la perdiz, para pasar por puristas de la lengua. Y así, cada cierto tiempo van poniendo algunas palabras de moda que la gallada empieza a repetir porque suponen “se trata de un lenguaje culto”. Por ejemplo, ahora todo es  “transversal”. Por ejemplo, la corrupción política en Chile es transversal. Se entiende, ¿verdad?
Cuando a un político le hacen una pregunta de mediana dificultad, éste respira hondo y suele responder:
– Claramente estamos en presencia de…claramente esto no lo podemos aceptar…claramente hay que nombrar un ministro en visita; y así por el estilo.
A mediados de esa década todo era “emblemático” y más tarde los temas dejaron de ser importantes para pasar a ser “un tema no menor”. La gente empezó a morir de una larga y penosa enfermedad, porque decir cáncer parecía mal visto y peor escuchado.
Todo esto sin contar que todos los incendios son “voraces” y que cuando los delincuentes se disparan unos a otros se informa de  monumental “balacera”, porque el simple baleo parece que quedó obsoleto.
Esta costumbre llegó al paroxismo cuando después de la primera vuelta presidencial el periodismo empezó a hablar de “balotaje”, y los más siúticos de “ballotage”, para expresar una cosa tan simple como la segunda vuelta.
Finalmente digamos que cuando la noticia proviene del Secretaría General de Gobierno, se suele decir:
– El gobierno investigará hasta las últimas consecuencias.
Claro, siempre que la última investigación, no tenga consecuencias para el gobierno.