Necrológicas
  • Orlando Vera Muñoz
  • Yerco González Cárcamo
  • Leonor Silva de la Fuente
  • Francisco Moreno Chávez
  • Luz Edulia de las Mercedes Chapa Muñoz
  • Margarita Ríos Collier
  • Elena Cea Vidaurre

El impacto inesperado de los icebergs

En algunos puntos la costa de la Antártica presenta abruptos acantilados de hielo.
[…]

Por Alfredo Soto Martes 21 de Julio del 2015

Compartir esta noticia
90
Visitas

En algunos puntos la costa de la Antártica presenta abruptos acantilados de hielo.

Más del 95% de la superficie de la Antártica está cubierta por hielo. Este continente posee casi el 70% de agua dulce del mundo. Los glaciares se desplazan lentamente hacia la periferia del continente, forman enormes plataformas de hielo, y empujan largas lenguas de hielo hacia el mar. La superficie total del continente es de unos 14 millones de kilómetros cuadrados y duplica su tamaño durante el invierno, lo que debiera estar ocurriendo en este momento. Numerosos icebergs están dispersos en las aguas que rodean el continente. El interior de la Antártica está en penumbra durante el invierno, mientras que tiene luz solar de forma casi ininterrumpida durante el verano, que dura desde septiembre hasta abril.

El impacto de los témpanos a la deriva como resultado del cambio climático está disminuyendo la variedad de especies cuyo hábitat es el lecho marino de baja profundidad, según los últimos estudios del tema. “La vida en el lecho marino costero de la Antártica oscila entre los veranos plagados por los témpanos flotantes y los inviernos, cuando escasea la comida”. En el invierno, cuando la superficie del mar se congela, los témpanos quedan atrapados y eso disminuye sus golpes sobre el lecho marino. En tanto, en el verano hay menos hielo que impida el libre movimiento de los icebergs. Pero, según los investigadores, en el último medio siglo ha habido pérdidas enormes de hielo marítimo invernal a lo largo de la Península Antártica. También se ha evidenciado una retirada de los glaciares y desintegración de estratos de hielo junto con un rápido calentamiento del clima local. “La Península Antártica puede considerarse como un sistema de alarma temprana, como el proverbial canario en la mina de carbón” del cual no podemos estar ajenos. Los cambios físicos que allí ocurren se cuentan entre los más extremos y la biología es muy sensible, por lo cual siempre ha sido un buen sitio para observar los impactos del cambio climático. Estudios anteriores ya habían señalado un incremento en la mortalidad de la fenestrulina rugula, una pequeña criatura marina perteneciente a un grupo descrito a menudo como animales moho. De hecho, un estudio en 2013 en un sitio cercano dejó al descubierto grandes áreas en las que no podían encontrarse seres vivos, pese a que en el sector eran frecuentes las inmersiones de los investigadores y la presencia de algunos animales. En un nuevo estudio los autores brindan detalles de los cambios en la riqueza biológica coincidentes con el golpeteo o “rasqueteo” de los témpanos flotantes. Ninguna de las especies que estaban presentes en 1997 ha desaparecido, pero muchas son ahora tan raras que desempeñan un papel menor en la comunidad. En 2013 el 96% de las interacciones involucró una sola especie, la Fenestrulina rugula, haciendo de este uno de los sistemas biológicos más simples del planeta. Según las publicaciones, los científicos se mostraron sorprendidos porque un fenómeno de tanta magnitud como el cambio climático haya ocurrido tan rápido, pues se esperaba una evolución lenta.

“Es probable que el calentamiento, que aumenta el impacto de los témpanos flotantes sobre el lecho marino, incremente la mortalidad y reduzca la complejidad biológica, y que también ayude en el establecimiento de especies no nativas”.