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El Mercedes de Piñera

Por Abraham Santibáñez Sábado 6 de Agosto del 2016

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José Piñera Carvallo fue un funcionario público ejemplar. Dedicó gran parte de su vida laboral a la Corporación de Fomento, el gran motor del desarrollo del siglo pasado. Nombrado por Patricio Aylwin fue embajador en Bélgica y en las Naciones Unidas. Fumador empedernido (se hacían chistes acerca de la ceniza que le caía en el pecho), murió de enfisema pulmonar en 1991.
Había nacido en París y sólo a los 17 años viajó a Chile. No fue un extranjero en su tierra. Amistoso, de carácter afable, militó en la Democracia Cristiana y en los años oscuros de la dictadura se le podía encontrar con frecuencia en las recepciones diplomáticas de los países más críticos del régimen. Tuvo seis hijos, cuatro de ellos varones. Cada uno de ellos heredó alguna de sus mejores características, pero ninguno las tiene todas.
Pablo, el menor, es simpático y eficiente en lo suyo: la banca. Mayor que él es Miguel (“El Negro”) que dedicó buena parte de su temprana juventud a la farándula. Nadie pone en duda la rápida inteligencia de Sebastián, el más brillante y, por supuesto, el más conocido. José Piñera Echenique, el mayor, es por cierto el menos carismático. Pero, a cambio, despliega una gran seguridad en sí mismo. Fue, según su propia declaración, lo que lo impulsó a regresar a Chile para “defender” el modelo económico y su proyecto estrella: el sistema de AFP.
Si esperaba ser recibido con honores, se equivocó. Ni siquiera los más fervientes partidarios del modelo de jubilaciones que impuso estuvieron de acuerdo con su metáfora de que el sistema es como un Mercedes Benz. “El auto está bien hecho, es sofisticado, pero necesita bencina. Entonces el aporte mensual y el ahorro son la bencina y eso no es culpa del sistema”.
El ex presidente de Habitat, José Antonio Guzmán, comentó que el sistema de pensiones no es comparable con un automóvil. Cabe recordar que Piñera llegó con una carta de dicha AFP bajo el brazo. Otros entrevistados fueron más lapidarios. David Bravo, de la Comisión Asesora sobre el sistema de AFP, aseguró que Piñera “caricaturiza el debate”. No fue su único contratiempo. Por ejemplo, tuvo problemas en TVN con el conductor de “El Informador” porque no le gustó la introducción que prepararon para presentar la entrevista.
Ese mismo día se fue a Mega, para ser entrevistado por Soledad Onetto, pero tampoco tuvo suerte. La conversación se convirtió en un diálogo de sordos sin mayores aportes, que fue lo que ofreció al justificar su venida.
Hay algo claro. José Piñera, quien tuvo poco más del seis por ciento de los votos en la presidencial de 1993, en este momento difícilmente podría igualar siquiera dicha cifra. Está anclado en su momento de gloria de los años 80; no le gusta que se hable de “dictadura” para referirse al régimen militar. Y hay coincidencia en que el Mercedes Benz no representa hoy en nuestro globalizado país la máxima aspiración de quienes quieren un auto de lujo.