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¿El TPP será tan bueno?

Por Juan Francisco Miranda Jueves 11 de Febrero del 2016

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Chile recientemente firmó el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, también conocido como TPP, que ha sido fuertemente promovido por Estados Unidos, y que involucra a otros 11 países del Asia-Pacífico. Este nuevo acuerdo de libre comercio multilateral ha generado múltiples rechazos en muchos de los países firmantes, principalmente por el nivel de secretismo, y consecuentemente por la poca claridad de los eventuales beneficios y perjuicios. Hay dudas en relación a la limitación a Derechos Humanos en Internet, a los eventuales obstáculos al acceso a medicamentos genéricos, eventuales obstáculos al acceso al conocimiento y la cultura, y de los obstáculos a los derechos de los consumidores que pudiesen generarse. Por todo ello hay que informarse, y aprovechar los pocos espacios para hacer valer los intereses de la comunidad, pues estos acuerdos siempre terminan afectando para bien o para mal a los países. ¿Qué nos queda? La instancia del Parlamento, ya que este convenio debe ser ratificado por el Congreso Pleno. Hay que exigir a todos nuestros parlamentarios posiciones justificadas respectos a las dimensiones de este nuevo tratado, pues hasta ahora Chile lleva suscrito desde 1997 a la fecha 27 acuerdos de libre comercio con 53 países distintos, lo que ha traído beneficios globales, pues paralelamente hemos ido creciendo en el per-cápita superando los 20.000 dólares (lo que nos supone un país al nivel de algunos países europeos y desarrollados, aunque no lo notemos), pero que nuestro sistema económico no reparte de manera equilibrada y justa.

Todo lo bueno que pueden traer los tratados comerciales se vuelve dudoso o malo en un ambiente de incertidumbre y desconfianza como en el que vivimos desde hace al menos un año. Los niveles lógicos de secretismo en una negociación a nombre de un país se hacen poco tolerables, pues la era de los titulares, de frases que mezclan la esperanza que todos tenemos con la confianza en nuestros talentosos negociadores se ha ido. No recuerdo tanto ruido ante la firma de un tratado hace 10 ó 15 años, pero sí recuerdo frases de economistas alertando de nuestra precariedad a la hora de innovar o darle valor agregado a nuestras materias primas, y diversificar los sectores productivos para no depender del cobre. Y acá estamos, asustados ante la caída del precio del cobre, que ya bajo a la mitad del precio que se vendía hace 3 años.

Yo tengo dudas. No sólo frente a este nuevo acuerdo, pues si hay algo que se esconde o intenta silenciar es sobre la paradoja crecimiento-distribución de la riqueza, o mejor dicho de la lamentable correlación crecimiento-concentración de la riqueza de nuestro país. Hasta acá yo no he visto por ejemplo que todos los acuerdos se hayan traducido en bajos precios de los remedios (aunque no sé si es por culpa de la impune colusión o de malos acuerdos comerciales). Tampoco he visto si la importación de alimentos ha debilitado nuestra propia agricultura (amenazas que aumentan con lo de las semillas transgénicas), o si se ha incentivado el desarrollo de nuevas industrias. Lo único que pareciera reconocerse fácilmente es lo relacionado con el mejor acceso a la tecnología (pues somos el país latinoamericano con mayor cantidad de celulares por persona, y estamos acostumbrados a los precios de televisores en comparación a los argentinos que permanentemente visitan la Zona Franca).

Temo que estos grandes acuerdos terminen beneficiando a los grandes de siempre utilizando el nombre de un país completo, que hasta aquí ha aumentado su desigualdad, y vulnerabilidad frente a las turbulencias de los mercados internacionales (donde por si fuera poco tenemos además los fondos para las presentes y futuras precarias pensiones). En sencillo, que me digan ¿cómo vamos aquí? y cuánto mejorarán las condiciones para vivir para la mayoría, que lamentablemente es la que menos está informada de estos nuevos negocios nacionales.