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El Tribunal Constitucional, la tercera cámara política

Por Carlos Contreras Martes 3 de Mayo del 2016

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El Oficialismo y la Nue-va Mayoría (hago una distinción que no es meramente semántica, sino que real) hoy se lamenta por la intromisión del Tribunal Constitucional en la reforma laboral y suena con fuerza la aseveración que el Tribunal Constitucional se ha transformado en una Cámara Política.
No existe duda, a mi respecto, que el Tribunal Constitucional se ha convertido en una Cámara Política, pero el problema es que dicha constatación debe referirse al momento en que ello acontece y no cuando te perjudica, por una parte, y por la otra parte existe un viejo aforismo jurídico que tiene plena aplicación en esta situación: “nadie puede aprovecharse de su propio dolo o torpeza”.
Efectivamente existen diversas situaciones que nos han llevado al actual estado de las cosas, respecto al Tribunal Constitucional y también respecto de las instituciones políticas de la democracia representativa que hoy están en crisis y que, probablemente se manifestará con una votación inferior al 30 por ciento de los ciudadanos en las próximas municipales, pero dichas situaciones son responsabilidad directa de la clase política sin distinguir colores o sectores.
En efecto, es necesario destacar que el Tribunal Constitucional ha mantenido y adquirido nuevas y mayores competencias en el transcurso de los años con los votos de toda la clase política, lo que no se condice con la apreciación que parece sostener el oficialismo en cuanto a la necesidad de generar una nueva constitución por los problemas de origen de la vigente, así como por sus enclaves antidemocráticos y de desprotección social. En términos sencillos, para qué defiendes de manera tan categórica una Constitución que no te representa y que tiene deficiencias tan graves.
Por otra parte cada vez que se trata de elegir un nuevo miembro del Tribunal se procede casi a una designación por acuerdos de los dos grupos que manejan el sistema democrático: la derecha y la Nueva Mayoría que, independiente de sus nombres, van intercalando sus designaciones que requieren aprobación del Senado: uno tú, uno yo, y así sigue. Por ello es que ya no importa la calidad académica, el mérito o las calidades personales de un postulante, sólo basta que la derecha o la nueva mayoría se cuadre con sus votos aunque carezca de un mínimo de requisitos para ser miembro de un Tribunal importante como aconteció con su último miembro, un ex diputado que no tiene currículum académico en la materia, ni tampoco experiencia de algún tipo en el ámbito constitucional.
Pero, ¿por qué lamentarnos? si nuestra clase política ha confundido todo al punto de tener alcaldes tipo intendentes, diputados tipo gobernadores, senadores tipo alcaldes y… en fin, haga la mezcla que quiera entre parlamentarios, autoridades elegidas democráticamente y miembros del Poder Ejecutivo, seguramente no se equivocará.
Lamento que una reforma importante se haya resuelto en una tercera cámara política, desprestigiando por lo demás un Tribunal necesario en un sistema como el nuestro, pero lamento más que quienes son responsables de ello pretendan atribuirle una responsabilidad que no tiene, pues su politización se dio por la clase política en su conjunto y ahora no se debe llorar como un niño lo que no se supo defender como hombre.