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En el jardín de un mall chino

Justo cuando se iniciaba  la discusión sobre las leyes de excepción para dar paso a lo que dicen será el Estatuto de Magallanes se nos deja caer un grupo de ciudadanos chinos de una remota provincia -conocida sólo en China – y que dicen vienen a reventar precios en el mercado local.  La delegación oriental y sus pretensiones comerciales me hizo recordar esa famosa frase del “Libro Rojo” de Mao Tsé Tung, que sentenciaba “en todas las aldeas se necesita un breve período de terror”.  Ello, porque a raíz de la crónica aparecida en el suplemento Pulso Económico de este diario el sábado último, muchos se replantearon sus estrategias comerciales, pues las mercaderías de sus vitrinas serán comercializadas por “sus propios dueños”.
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Por Ramón Arriagada Miércoles 13 de Enero del 2016

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Justo cuando se iniciaba  la discusión sobre las leyes de excepción para dar paso a lo que dicen será el Estatuto de Magallanes se nos deja caer un grupo de ciudadanos chinos de una remota provincia -conocida sólo en China – y que dicen vienen a reventar precios en el mercado local.  La delegación oriental y sus pretensiones comerciales me hizo recordar esa famosa frase del “Libro Rojo” de Mao Tsé Tung, que sentenciaba “en todas las aldeas se necesita un breve período de terror”.  Ello, porque a raíz de la crónica aparecida en el suplemento Pulso Económico de este diario el sábado último, muchos se replantearon sus estrategias comerciales, pues las mercaderías de sus vitrinas serán comercializadas por “sus propios dueños”.

El jefe de la disciplinada delegación china que visitó Punta Arenas,  Kan Peng Cheng,  se dio el lujo de expresar que para la envergadura de sus negocios, nuestro recinto cerrado Zona Franca,  buque insignia de las leyes de excepción,  era poca cosa.  Al parecer, ya le había echado el ojo a extensos terrenos al frente del recinto amurallado para su inversión de 10 mil millones de pesos.

Apabullante fue su confesión cuando, luego de un recorrido por el recinto franco, sentenció que las bicicletas que costaban 600  mil pesos, ellos las traerían por treinta proletarias lucas.  Fue una afrenta a domicilio.  Y pensar que en el nuevo Estatuto de Magallanes se anuncia  transformar a la Tierra del Fuego en una gran Zona Franca territorial, sin Iva e impuesto de primera categoría.  Pero como lo expresa la canción “Cambia lo superficial, cambia también lo profundo” para estas  lejanas tierras fueguinas no sería ningún sacrilegio pedir mejor… un mall chino.

En la historia de los pueblos hay momentos providenciales que nos iluminan en la visión del futuro.  Al conocerse el planteamiento del gobierno sobre la implementación del  Estatuto de Magallanes- una revisión de las leyes de excepción-  el anuncio ha  llegado a oídos de la opinión pública,  siendo la  única reacción el mutismo colectivo. Salvo, claro, la plausible reacción fueguina, acallada por la poco acertada declaración del seremi (de Hacienda), descalificando  a las voces disidentes.

El mutismo colectivo  frente al planteamiento gubernamental, debemos interpretarlo  porque las medidas anunciadas, no cambiarán la vida de las personas.  Los habitantes asumen todas las rigurosidades y las limitaciones de vivir en una región isla. Quieren una mayor intervención de las políticas estatales en sus vidas.  Se siente premiadas, al saber, que el valor del gas es una conquista,  en su tiempo, resistida por el poder central. Le gustaría, lo mismo sucediera, con el precio de los pasajes aéreos y los otros consumos como la luz y el agua.

El domingo asistí invitado a un programa radial, extremando mis recursos pedagógicos,  traté de explicar la importancia que tenía el anunciado Estatuto de Magallanes. Difícil tarea, explicar al ciudadano natalino lo que se nos ofrece dentro del cuerpo legal propuesto.  Mejor, fue informar, sobre la conectividad  marítima entre Aysén y Puerto Natales; la posibilidad que muy pronto tendremos tres frecuencias navieras llegando a Puerto Natales, desde Puerto Montt y Puerto Yungay.  El ciudadano común se identifica con las perspectivas de su aeropuerto. Es el egoísmo legítimo de una población por muchos años postergada y que ya no desea seguir mirando hacia el sur.