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Etiqueta negra

Por Alejandra Mancilla Domingo 14 de Agosto del 2016

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A poco más de un mes de la partida de la nueva Ley de Etiquetado de alimentos del Ministerio de Salud, hay ciertos aspectos que pueden criticarse por insuficientemente explicados. Por ejemplo, ¿por qué se decidió hacer las mediciones teniendo como referencia 100 gramos o 100 ml en lugar de una porción individual? La respuesta que da el Ministerio de Salud en su página web es, por decir algo, metafísica: “Lo más importante es conocer la calidad nutricional de los alimentos, y al medir los nutrientes en 100 gr o 100 ml se está observando la esencia del alimento en sí mismo”. Plop, Condorito. Hasta Aristóteles habría quedado cachudo con esta explicación… En virtud de esta decisión, quedan con etiquetas negras (y, por lo tanto, de advertencia por poco saludables) cosas como barras de cien gramos de chocolate amargo 85 por ciento cacao que nadie en su sano juicio podría comer completas, y que en cuadraditos individuales no representan un real riesgo para la salud. Quedan también con etiqueta negra productos que, “por su esencia misma” -siguiendo con la jerga ministerial- son altos en calorías, azúcares, grasas saturadas y sodio. Pero, ¿no es una pérdida de tinta señalar que cien gramos de mantequilla son altos en grasa o que cien gramos de azúcar son altos en… azúcares?
Más allá de esto, sin embargo, la decisión de orientar a los consumidores hacia productos más sanos y de proponerse un calendario para ir aumentando las exigencias nutricionales de éstos es bienvenida en un país donde los índices de obesidad comienzan a escalar desde la sala cuna. Esto no quita que el Ministerio pudiera implementar nuevas medidas que reforzarán las actuales, garantizando realmente que quienes están más expuestos a la mal llamada “comida” chatarra (que de “comida” poco tiene) se vieran libres de ella. Me refiero a las medidas que quedan por tomar respecto a educación en alimentación infantil.
Cuál no habrá sido mi shock durante un matrimonio al que asistí recientemente y en el que había instalada una mesa especial para los niños. “Genial idea”, pensé yo, ingenua: “Vamos a llegar a la fiesta tipo 8,30, y éstos podrán comer su comida mientras los grandes pasamos al cóctel”. Pues nada parecido. La mesa para niños era una selección de etiquetas negras de la peor calaña, desde sapitos y marshmallows hasta papas fritas envasadas y, cómo no, Coca-Cola. Mientras los grandes comíamos nutricionales ceviches y quiches de alcachofa, nuestros retoños se solazaban en cachureos altos en azúcares, grasas saturadas, calorías y sodio… aperitivos que fueron coronados por un plato de fondo a la altura: ¡salchipapas!
Esto es sólo un ejemplo de ese mal hábito enraizado en nuestra sociedad de ganarnos el favor de los niños abarrotándolos de azúcar a la vena y calorías de mala calidad. Multar a los banqueteros que en eventos privados les dan veneno a nuestros hijos sea tal vez demasiado difícil de convertir en ley, pero hay otras medidas que podrían fortalecer los buenos efectos que ya está teniendo la nueva ley de etiquetado. Sugiero dos. Primero, tomando en cuenta que los colores y los monitos son el gancho de atracción de la mayoría de golosinas pobres nutricionalmente y ricas en etiquetas negras, podría obligarse a todos los alimentos con alguna etiqueta a cambiar su gama de envasado desde los colores llamativos a los sobrios grises, beige y pastel. La presencia de una etiqueta negra en un envase brillante no es disuasivo suficiente para un pre-escolar, como sí lo sería envolver la chatarra en cambuchos cafés en lugar de plásticos fosforescentes. Segundo, el ministerio debería tomar la altura promedio de niños de 14 años (que es la edad fijada por el ministerio bajo la cual se prohíbe publicidad de cachureos poco saludables) y ordenar a los almacenes y supermercados (¡y farmacias!) que no coloquen bajo esa altura nada que tenga etiqueta negra. Hoy son precisamente las pócimas más tóxicas las que se encuentran al alcance de los niños. En el futuro, al revés, así como los medicamentos con receta se encuentran detrás del mesón, los brebajes y “comidas” etiquetados podrían ir en las estanterías superiores, evitando así pataletas innecesarias de los pequeños consumidores y dejando en los adultos la capacidad de decisión.
http://elojoparcial.wordpress.com