Necrológicas
  • Benedicto del Carmen Alvarado Vidal
  • José Adán Bahamonde Bahamonde
  • María Vera Ojeda
  • Francisco Lorenzo Astorga Astorga
  • José Ortega Sepúlveda
  • Grismilda Gutiérrez Vera
  • Carmen Chuecas vda. de Pradenas
  • Luis Alberto Latorre Vera
  • Enrique Provoste Subiabre

Fraternidad en la desgracia

Por Ramón Arriagada Miércoles 17 de Agosto del 2016

Compartir esta noticia
121
Visitas

Disparen contra los comunistas, pareciera ser la táctica  a seguir con miras a debilitar al conglomerado gobernante y así evitar un nuevo período presidencial de la Nueva Mayoría. No de otra manera se entienden los titulares, del fin de semana, tanto de La  Tercera, “Nueva Mayoría sufre primeras deserciones en su flanco izquierdo”, anunciando la partida del senador Navarro y del diputado Sergio Aguiló, y de El Mercurio, “Las Claves de la influencia PC en el gobierno y sus fórmulas para maximizarla”.  Ambos  relatos en sus cuerpos dominicales más leídos.

Parecieran ser crónicas de aquellas intrascendentes, encargadas a periodistas de  suplementos semanales, obligados a llenar páginas y contenidos que no cambiarán los aires de la historia nacional, ni siquiera para levantar un humilde volantín dieciochero. Tienen la finalidad de ir debilitando  las defensas enemigas, generando una sensación de inestabilidad psicológica y de anomia, sobre todo en aquellos adherentes de la causa gobernante más débiles en convicciones. El objetivo de la campaña va dirigido a los adherentes de la Democracia Cristiana, pues han auscultado que muchos de ellos no han evolucionado en el tiempo y son posibles de convencer fácilmente, que estando cerca de los comunistas, están en mala compañía.

Parece increíble, se percibe la intención de los ideólogos de generar un rompimiento del dique gobernante: pero, dirigen su artillería al flanco más firme del conglomerado. Al más difícil de horadar, al más ideologizado, el conformado por democratacristianos y comunistas, pese a que desde el interior hay quienes inconscientemente o por convicciones mezquinas de poder, también  están por facilitar el barrenado enemigo. Los errores de táctica en la derrota del enemigo ideológico se producen cuando los individuos se dejan llevar por su ADN, en este caso el anticomunismo visceral -presente en muchos- para los cuales no existen ni los tiempos ni las evoluciones históricas.

Bastaría que los personeros mercuriales leyeran el suplemento de Artes y Letras del último domingo de su propio diario. Hay una reseña del excelente libro de Marcelo Casals, “La creación de la amenaza roja. Del surgimiento del anticomunismo en Chile, a la campaña del terror de 1964” (Santiago, LOM,2016). La llegada al poder de la Democracia Cristiana en 1964 estuvo marcada por el juego sucio de generar una campaña contra la llegada de Allende al poder, manejada desde Washington en contenidos y dineros. La mala elección de aliados le trajo como consecuencia el desangre de sus militantes más jóvenes. Paralelamente la fidelidad de los comunistas chilenos al bloque soviético, le significó quedar entre dos fuegos feroces, la ultraizquierda y del odio de clase de la derecha.

El estudio histórico del quehacer tanto de la Democracia Cristiana como del Partido  Comunista en la política chilena en los últimos cincuenta años, nos hace concluir que se trata de dos agrupaciones que han sostenido su influencia, producto de la formación ideológica de sus integrantes; agréguese a ello su organización partidaria. Ambos han debido sufrir desmembramiento de su militancia, manteniendo sus troncos históricos en constante renovación y vigencia. Del  resto de los partidos gobernantes, no hay otros referentes de peso; algunos de ellos, más que partidos son estados de ánimo.

La llegada de la dictadura fue traumática para el PDC y los comunistas; de por medio hay lecciones que nadie imaginó en las instancias del quiebre democrático. Algún día un historiador o memorialista va a escribir los sucesos dramáticos que dieron origen en la ilegalidad política, al encuentro entre comunistas  y democratacristianos en la defensa de los derechos humanos. Todo ello, posibilitado por la actitud de la Iglesia Católica y del cardenal Silva  Henríquez, de abrir instancias de diálogo que permitió el quiebre de las desconfianzas entre marxistas y cristianos. Fue la fraternidad en la desgracia, al parecer la más difícil de romper.