Necrológicas
  • Proselia Alvarez Marín
  • René Armando Silva Miranda
  • Susana Barría Vigna
  • Humberto Barrientos Barrientos

Gratuidad en la educación superior

Según datos del Mineduc, en la Umag, de entre los 617 estudiantes que postularon en 2016, habría aproximadamente 187 beneficiados/as por la gratuidad universitaria. Esto, sin contar a quienes ya son estudiantes regulares y que pudieran acceder al beneficio.
[…]

Por Gabriel Boric Domingo 24 de Enero del 2016
Noticias relacionadas

Compartir esta noticia
246
Visitas

Según datos del Mineduc, en la Umag, de entre los 617 estudiantes que postularon en 2016, habría aproximadamente 187 beneficiados/as por la gratuidad universitaria. Esto, sin contar a quienes ya son estudiantes regulares y que pudieran acceder al beneficio.
Para el presupuesto familiar, de esta cantidad de familias que serán liberadas de pagar, mes a mes, el arancel universitario de sus hijos/as, será un cambio sustantivo en su calidad de vida y la concepción de derecho al acceso a la educación.
Con todo el pase liberado de esta porción de los/as estudiantes a la educación superior, cabe preguntarse entre quienes hemos participado en las batallas por recuperar la educación como un derecho, si esto implica un avance en la dirección correcta o no.
Que cientos de familias en Magallanes alivien su presupuesto es una tremenda noticia, sin embargo, hay varios reparos que no podemos omitir sobre la forma en que este Gobierno entiende la “gratuidad” y confirma además, la “desconfianza aprendida” que hemos adquirido ante la clase política cuando se anuncian cambios en materia educacional.
Nosotros siempre hemos propuesto que la gratuidad universitaria sea una consecuencia de un proceso de fortalecimiento de la educación pública. Y que, en el fondo, el Estado financie a instituciones de tal manera que éstas no tengan que financiarse cobrando aranceles a los estudiantes.
El actual mecanismo no apunta en esa dirección. Lo que logra es, más bien, seguir financiando el mercado de la educación. No distingue instituciones públicas de privadas y con la excusa de la vulnerabilidad, el Estado seguirá poniéndole recursos a instituciones de dudosa procedencia, calidad académica y democracia interna.
Tal como expresaron mis compañeras Shirley Jil y Vannesa Rivera (militantes de IA, que este año accedieron a gratuidad), lo que nos queda de moraleja es que sólo la coordinación y el trabajo colectivo fue lo que nos trajo hasta acá. El movimiento social por la educación fue quien puso el tema en la agenda y ha logrado ampliar los límites de lo posible.
El próximo año será fundamental. Se discute el financiamiento de la educación superior y estaremos dispuestos a plantear nuestra visión del problema en cada espacio al que nos convoquen. Será tarea de la clase política si escucha o, una vez más, sólo parcha.