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¿Hasta cuándo con la delincuencia?

Día a día, los medios de comunicación, nos informan muy ruidosamente del nivel de delincuencia. Asaltos, robos, “portonazos”, hurtos, cogoteos, aparecen en nuestras teles y en nuestros celulares, denunciando que ya no vivimos en un país seguro. Y este 2015 que ya pasó, fue el año en que conocimos otros tipos de delincuentes menos comunes, más difíciles de capturar para la justicia y cuyos delitos afectan más profundamente nuestras vidas. Financistas turbios de campañas políticas, parlamentarios que reciben dinero en forma irregular y una lista larga de empresarios que hacen trampa para lucrar ilegalmente. Desde el confort a los pollos, pasando por la pesca, nuestros recursos minerales y los remedios.
[…]

Por Gabriel Boric Domingo 10 de Enero del 2016

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Día a día, los medios de comunicación, nos informan muy ruidosamente del nivel de delincuencia. Asaltos, robos, “portonazos”, hurtos, cogoteos, aparecen en nuestras teles y en nuestros celulares, denunciando que ya no vivimos en un país seguro. Y este 2015 que ya pasó, fue el año en que conocimos otros tipos de delincuentes menos comunes, más difíciles de capturar para la justicia y cuyos delitos afectan más profundamente nuestras vidas. Financistas turbios de campañas políticas, parlamentarios que reciben dinero en forma irregular y una lista larga de empresarios que hacen trampa para lucrar ilegalmente. Desde el confort a los pollos, pasando por la pesca, nuestros recursos minerales y los remedios.
La violencia que supone un “portonazo”, revela que tenemos un problema social sin resolver. Pero igual de violento y dañino para una sociedad es que las pocas opciones que tenemos para ir al supermercado, estén coordinadas en precios elevados para que nosotros los consumidores, no nos quede otra que comprarles. Una vez más son unos pocos los que ganan a costa de una gran mayoría.
El sentimiento de vulnerabilidad que tenemos como ciudadanos aumenta. Y desde nuestra vereda decimos que esto no es un problema económico ni financiero. Es un problema político.
Para que una minoría privilegiada pueda sostenerse como tal, es necesario tener organización política. Por eso, para poder sostener sus negocios, sus clínicas y colegios privados, sus Isapres y AFPs, la elite chilena ha tenido que financiar a diputados, senadores, alcaldes y presidentes, así como sus respectivas campañas electorales y a sus partidos políticos. De lado y lado. De izquierda y derecha. Han comprado la política para que les defiendan sus intereses. Sin ir más lejos, la colusión después del gobierno de Lagos, ya no se castiga con cárcel. Ellos ponen la plata y por tanto, las reglas del juego. La colusión no es sólo un problema grave, sino también un síntoma: los poderosos empresarios sienten impunidad para estafar a la ciudadanía. Y con esa impunidad, terminan gobernando el país.
Para producir los cambios sustanciales se necesita una sociedad que tenga representación política real. Partidos políticos que no estén secuestrados por el financiamiento de los grandes poderes económicos y que quieran representar realmente a las mayorías. Nuestra apuesta como Izquierda Autónoma es proponer una nueva forma de entenderse con la política, con autonomía de las empresas y con autonomía de los partidos tradicionales que se han arrodillado ante el poder económico. ¿Nos ayuda a luchar contra la delincuencia?