Necrológicas
  • René Lopeteguis Trujillo
  • Luisa Mancilla Soto
  • Juan Mario Moreira Añazco
  • César Barrientos Cárdenas
  • Raúl Low Bórquez
  • Nancy Cofré Yévenes

Hay una sola crisis

Por Marcos Buvinic Domingo 22 de Mayo del 2016

Compartir esta noticia
60
Visitas

La crisis ecológica tiene preocupado al país, y eso nos hace bien. Nos hace bien que -¡por fin!- estemos preocupados del medio ambiente que tanto hemos olvidado, maltratado, degradado y despojado, al punto que -como ha dicho el Papa Francisco- “la tierra, nuestra casa común, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería”.
Ya era hora que todo lo relativo a la crisis ecológica dejase de ser un tema de especialistas para situarse en el día a día de nuestra vida. El modo en que esto ha ocurrido ha sido la dramática situación que se vive en Chiloé con la invasiva presencia de la marea roja, con las varazones de ballenas, peces y mariscos muertos que se extienden de Arica al sur en “ese mar que enfermo te baña…”, con la mortandad de salmones por la floración de algas, con la contaminación que reduce muchas zonas del país a un desierto marino.
La lista de situaciones dramáticas podría ser muy larga: la contaminación que hace irrespirable el aire en diversas ciudades, la tala indiscriminada de bosques, la progresiva escasez de agua, el calentamiento global y los desconcertantes cambios climáticos con sus efectos en la producción agrícola y ganadera, el agujero de la capa de ozono, el deshielo de los polos, y un largo etcétera que -quizás- nos parecía como algo lejano, pero que ahora está aquí, a las puertas de nuestras casas y de nuestras conciencias, y afectando seriamente la calidad de nuestras vidas, las fuentes de nuestra subsistencia, el trabajo, y la salud.
Sin embargo, eso no es todo. Las manifestaciones de la crisis ecológica van a la par de grandes crisis sociales, como la que están viviendo en Chiloé y otras regiones, con miles de trabajadores cesantes, con familias que se preguntan cómo saldrán adelante sin poder trabajar en un mar enfermo, con manifestaciones que ponen en evidencia la fragilidad de un sistema económico y social que se ha edificado sobre el beneficio económico inmediato y egoísta, y no sobre la solidaridad entre las personas y con el medio ambiente, tampoco sobre la necesaria solidaridad entre las generaciones: ¿qué tierra, qué mar, qué aire, qué agua dejaremos a las generaciones futuras?
El año pasado, el Papa Francisco hizo un potente llamado a la conciencia universal acerca de la urgente necesidad del cuidado de la tierra, en su carta “Laudato Si”, sobre el cuidado de nuestra casa común. Es el momento de hacerse cargo de dos grandes asuntos que señala el Papa Francisco. Por un lado, que la crisis ecológica no es un desgraciado fenómeno natural, sino que tiene causas humanas y, por tanto, tiene causantes; es decir, personas e instituciones que degradan el medio ambiente o no cumplen adecuadamente su tarea de preservarlo. Por otro lado, junto con ese problema ético es preciso asumir -dice el Papa Francisco- que “no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza”.
Es en esa línea que se sitúan los problemas de Chiloé y sus habitantes, y de otras regiones de nuestra casa común y de “ese mar que enfermo te baña…”.