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Hernán Büchi y lo que el tiempo se llevó

Por Ramón Arriagada Miércoles 4 de Mayo del 2016

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Cuando la revolución industrial emergió en la historia de la Humanidad, tuvo que desprenderse rápidamente de la percepción que había respecto de la pobreza en la sociedad medieval. Era necesario legitimar la riqueza como un signo de aprobación divina y la pobreza como un pecado. Recordemos que en la Edad Media se opinaba que el pobre “representa a Nuestro Señor de una manera notablemente clara”. El nuevo industrial empezó a considerar que el pobre se veía en tal estado por razones de pereza,  inmoralidad o intemperancia.

“Convencido que el carácter lo es todo y las circunstancias nada significan, no ve en la pobreza de aquellos que caen, un infortunio merecedor de compasión y socorro, sino una falta moral condenable; y en la riqueza, no un objeto de sospechas- aunque  ésta, como cualquier otro don, puede ser objeto de abuso-, sino las bendiciones  que premian el triunfo  de la energía  y de la voluntad”.

Lo precitado son conceptos del historiador inglés Richard H. Tawney respecto a la imagen del empresario de comienzos del siglo pasado; el cual se erigía como un asceta práctico, templado en el auto-examen, la autodisciplina y el autocontrol, cuyas victorias no eran producto de la mercadotecnia y el marketing aprendidos en el claustro, sino en la batalla diaria, sobre todo  detrás del mostrador.

Ese lastre ideológico, que llama a la conmiseración en la crítica, es lo que arrastran muchos de quienes a través de los medios de comunicación se quejan por la mala imagen -del chileno medio- respecto de los grandes empresarios. Incluso, trascienden amenazas, como “si me siguen jodiendo tomo mis cosas y me voy del país”.

Félix de Vicente, ex ministro de Piñera, va más allá y dice el sábado en una entrevista, “Me sorprende la cantidad de gente que se quiere ir del país”, mientras en otro medio habla con entusiasmo de los planes de expansión de  “Kitchen Center”, su empresa dedicada a amoblar todos los nuevos departamentos y casas que han comprado los sectores medios emergentes, gracias a las últimas ofertas sin Iva.

En esta trama, aparece en escena, uno que ya se decidió a partir de este país tercermundista repleto de “incertezas jurídicas”; dejará muchas viudas que se han atrevido a afirmar que cuando parta de Chile, rumbo a Suiza, “abandonará el país una las mentes más brillantes que ha producido Chile”. Hernán Buchi, se nos va, entre sus éxitos está el haber aplicado su política de jibarización del aparato estatal, en tiempos de dictadura, sin anestesia, dejando en dolorosa cesantía a miles de compatriotas. Cercano a Andrónico Lucksic, muchos se olvidan, era presidente de Lucchetti cuando el dueño del grupo económico le llevó el maletín con dólares al siniestro ministro peruano Montesinos, para la autorización fraudulenta de una planta de Lucchetti en Lima.

Sin darse cuenta, es posible, el modelo económico asceta, de autodisciplina y autocontrol, haya posibilitado en la  sociedad chilena el ascenso  social de sectores hasta ayer desposeídos e imposibilitados de satisfacer necesidades más sociales que primarias. Sectores que irrumpieron en la educación, salud, vivienda y suntuarios, gracias a un mejor poder adquisitivo. Pero, individuos sabedores y muy conscientes que ello ha sido posible gracias al sudor duro del trabajo diario. Pero esa generación de riqueza no están dispuestos a entregársela a una casta especulativa, a la cual ha sorprendido en exceso,  metiendo descaradamente ñas manos en su bolsillo.