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Hoyos: más allá de la Copa

Por Eduardo Pino Viernes 19 de Mayo del 2017

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Lo único seguro al analizar la irregularidad presentada por los equipos en nuestro campeonato nacional de fútbol, es que en la definición de este fin de semana cualquier cosa puede pasar. Más allá de lo vilipendiado que ha sido nuestro torneo criollo que cumple 100 años, incluso con sarcásticas alusiones en medios ingleses debido a la gran cantidad de equipos que restando escasas fechas tenían posibilidades de probarse la corona, se llega a dirimir la última jornada entre los dos representantes de mayor popularidad nacional.
En este contexto, quisiera referirme al estilo de un casi desconocido entrenador que llegó este año a Universidad de Chile, para enfrentar un desafío que se presentaba tan complejo como impredecible: despejar la turbiedad y negativo ambiente dejado por su antecesor debido a los malos resultados y un deficiente manejo.
Angel Guillermo Hoyos es un argentino con una campaña poco conocida como jugador y sin grandes logros en su recorrido como entrenador, lo que naturalmente originó una recepción tibia por parte del forofo azul, sin mayor expectativa que ordenar un camarín convulsionado (algo muy parecido a la llegada de Sampaoli en el 2011, aunque sin crisis). Desde el principio llamó la atención su estilo conciliador y positivo en la adversidad, con una afectividad que a muchos incluso les incomodaba. Se le comparaba con un pastor de Iglesia por sus frecuentes alusiones a Dios, la Biblia y el amor entre las personas.  Un líder cuyo énfasis se focalizaba en el grupo y no en su propia persona, profesando en forma reiterada el agradecimiento por estar en ese lugar, en esa institución, con esa gente. Si bien la táctica y estrategias utilizadas no eran explicadas con  tecnicismos y un verso elaborado que encantara  y sorprendiera al oído, Hoyos dejó atrás la tensión de las declaraciones de su antecesor para sembrar un remanso de paz y confianza en lo que se podía realizar. Las comparaciones de algunos de sus jugadores con ídolos de talla mundial al principio se interpretaron como una broma absurda, pero no, con el tiempo se evaluó que realmente tenían una intención de transmitir la confianza incondicional e incluso desmedida que el estratega tenía sobre sus dirigidos, la mayoría jugando en un nivel muy inferior al esperado y con un de-sempeño deficiente producto de una presión ambiental que nubla la efectiva toma de decisiones, afectando la autoestima. De manera sorprendente, la U llega mañana con la mayor posibilidad de ceñirse una corona que no estaba en las expectativas ni de los más identificados con el romántico viajero, gentileza de la irregularidad de los demás equipos (en especial de su archirrival), pero también de un cambio que era tan necesario como difícil lograr.
Cada vez más en los ambientes laborales y educacionales se habla de la importancia de las emociones para obtener mayor eficiencia en los procesos productivos y formativos. Lo que antes se ignoraba para privilegiar lo racional e intelectual, hoy cada vez es más utilizado, sistematizado y aplicado de manera estratégica en los grupos humanos. Conceptos como Inteligencia emocional (popularizado por Goleman hace un par de décadas, pero con bases en pensadores del siglo XIX), educacional emocional (con interesantes bases neurofisiológicas, psicológicas, pedagógicas y sociales) o el couching emocional (PNL y funcionamiento organizacional entre otros), han ido abandonando gradualmente el rol de “actor secundario” ante el conocimiento conceptual, técnico y procedimental que predomina en el ambiente académico o productivo. La ciencia ha ido demostrando la compatibilidad y complemento necesario de estos aportes en beneficio de la integralidad, desarrollo y bienestar de las personas.
Más allá del resultado de mañana, en que inevitablemente utilizaremos las a veces ingratas o inmerecidas evaluaciones de éxito o fracaso, hay que valorar cómo el trato basado en el afecto, la confianza y la preocupación por los demás centrado en lo humano, muchas veces puede marcar grandes diferencias.