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Humor sin control

Por Abraham Santibáñez Sábado 17 de Diciembre del 2016

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Si no fuera por el amplio registro de sonrisas compartidas, el episodio de la muñeca inflable del ministro de Economía podría haberse incorporado a la innoble historia de los regalos descontrolados de un supuesto “amigo secreto”.
Pero no fue así.
Roberto Fantuzzi, el creativo del caso tiene nombre y apellidos y una trayectoria gremial conocida, que incluye como marca de fábrica la originalidad de sus regalos. El martes en la noche, en la comida de Asexma (los exportadores de manufacturas), le presentó al obviamente calvo José Miguel Insulza una frondosa peluca y a Alejandro Guillier un caballo de palo “para que avance en la carrera presidencial”. En parecidas ocasiones ha obsequiado ladrillos, calzoncillos, faroles, sombreros, tests de embarazo y otros objetos, supuestamente relacionados con la contingencia.
La muñeca inflable, propia de una despedida de solteros, que le dio al ministro de Economía, tenía la boca tapada con un ofensivo mensaje: “la economía es como la mujer, hay que saber estimularla”. El escandalizado rechazo fue inmediato. La Presidenta Bachelet protestó porque el gesto pone en evidencia “que en Chile todavía hay machismo y hay sexismo y en algunos casos, hasta misoginia”. El mundo político estuvo de acuerdo.
Las redes sociales se incendiaron igualmente: “Vulgar”, “falta de respeto”, “violencia de género”, “grosero”, “desu-bicado”.
Después que el propio Fantuzzi ofreciera disculpas a todo el mundo, partiendo por su esposa y sus nietas, se generaron más comentarios. Una crítica de fondo tiene que ver con el imperio del mal gusto y el lenguaje procaz entre nosotros. Tal como ocurre desde hace tiempo, convertidas en la versión moderna de la Inquisición, las redes sociales atizaron la hoguera sin distingos ni matices.
Pero también se debe apuntar a la torpe reacción inicial de los protagonistas de la historia. Aunque todos terminaron condenando el “mal chiste” como lo llamó Fantuzzi, en el primer momento no vacilaron en aplaudir y celebrar. El contraste entre ese jolgorio -que debemos creer auténtico- y las posteriores expresiones públicas de pesar, sólo agrava la falta. Puede leerse como una actitud hipócritamente acomodaticia: que la ostentación de lo “políticamente correcto” depende, más que nada, de cómo sopla el viento.
Menos elegantes, por cier-
to, fueron las palabras (¿finales?) del padre de la idea. Tras sus disculpas, Fantuzzi en entrevista en Radio Cooperativa señaló: “si he ofendido a alguien, pedir disculpas. Esto lo hace siempre un comité, no son solamente ideas mías, donde participan también mujeres”.
Tal vez eso explique por qué su gremio, tras intenso debate, decidió mantenerlo en su cargo.
Los responsables de las bromas pesadas del amigo secreto casi nunca salen incólumes. Ello prueba que Fantuzzi tiene buena mano como líder.