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Ingreso a la universidad; las generaciones engañadas

Por Ramón Arriagada Miércoles 28 de Diciembre del 2016

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Días de nerviosismo colectivo entre un sesgo de los jóvenes chilenos. Se entregan los resultados de la Prueba de Selección a las Universidades. Los medios de comunicación dan cuenta de felices familias que ven coronados sus esfuerzos y preocupaciones con hijos triunfadores: siempre los he visto en grupos familiares compactos. Da la impresión que hay una relación directa entre matrimonios bien avenidos con hijos estudiosos.

Qué decir de los colegios, sobre todo aquellos que se financian con el aporte de los alumnos, los llamados particulares pagados, que esperan los resultados de la PSU, más ansiosos que los resultados del Balance Anual contable. El tener un alumno como puntaje nacional es mérito para el colegio y punto a favor en materia de marketing. Aquellos particulares subvencionados, sólo pretenden, ver los suyos entre los mejores del nivel local y regional. Los preuniversitarios hacen gala de sus aprendizajes  y llaman a nuevos contingentes.

Las universidades más rankeadas, para el día de los resultados, tienen montados call-centers que desde temprano contactan a los mejores puntajes, a lo largo y ancho de Chile, para ofrecerles becas y gratuidades a granel si optan por ser sus alumnos. Llamémoslos “combos académicos” para no confundirlos con los ofertazos del retail comercial. Es que por cada alumno considerado entre los 27.500 mejores puntajes en la PSU, matriculado, la universidad obtiene participación en lo económico del Estado, a través del Aporte Fiscal Indirecto. El 40 por ciento del Afi se va a las privadas del Consejo de Rectores.

Todo es injusto en la distribución de las platas para la Educación Superior en Chile, ese es el origen  del drama presupuestario de las universidades de provincias, como es el caso de la Umag. Por estos días nuestra casa de estudios superiores, no dudamos, debe estar convenciendo a los estudiantes de más altos puntajes, para que se queden.

Difícil labor, pues a las ofertas del centralismo, se unen los sentimientos de los jóvenes de romper el lazo del hogar protector, aunque ello signifique partir a vivir en hogares universitarios o pensiones de dudosa habitabilidad¸ portando la banderita magallánica para sobrellevar la nostalgia.

“Salir de cuarto”, sociológicamente lleva implícito hoy en Chile, para muchos aspirar a la universidad tradicional, estudiar una carrera de prestigio y llegar a un puesto alto en la disciplina de su vocación. Este país expandió la oferta educacional. A todos los jóvenes estuvo dirigido un discurso a la vena, el mensaje fue demoledor en expectativas: ¡Ahora tú puedes! Ante esta apertura, la clase media que siempre vio en la universidad una esperanza de ascenso social, se creyó el cuento y pretendió, incluso, llegar hasta donde estaba la élite económica y social del país.

Los que llegaron a cuarto en un colegio municipalizado, no tuvieron acceso a universidades selectivas, ni a carreras que llevaran a puestos de liderazgo, optaron por instituciones que les ofrecieran la esperanza de surgir; ser el primero en la familia en llegar a la universidad; ser alguien en la vida; huir del destino social. 

Todas la motivaciones anteriores, se pueden encontrar en un estudio del Departamento de Sociología de la Universidad de Chile, titulado “ Salir de cuarto: expectativas juveniles en el Chile de hoy” cuyos autores son Manuel Canales, Antonio Opazo y Juan Pablo Camps. Fundamental  para quienes tienen claro, que la gratuidad, debe ir acompañada de una profunda transformación de la Universidades en Chile. No puede ser que hayamos llegado en el año 2016 a tener cerca de 1 millón doscientos mil estudiantes en la educación superior (245 mil en 1990), sin pensar en transformar también la matriz productiva del país, a fin de recibir a las nuevas masas de profesionales y técnicos con puestos de trabajo seguros en el tiempo y de acuerdo a la formación profesional.

En muchos casos el “tú puedes”, nunca fue, los jóvenes de la época de las oportunidades son deudores de los bancos y también de sus padres. Están convencidos que si no lograron sus aspiraciones, fue porque ellos fallaron.