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¿Inmediatez o idiotez?

Vivimos sumergidos en un mundo que cada vez más exacerba la inmediatez o que endiosa la cultura de la instantaneidad, que por su naturaleza, es enemiga acérrima de la reflexión. Gracias al celular estamos ubicables en todo instante, cuando se nos viene una idea y esta necesita de tal o cual persona, la ubicamos inmediatamente y abrochamos el tema y luego, a otra cosa mariposa. Con razón mi amigo Ignacio desconectó y eliminó su celular, “ya no lo contesto más, se acabó la fruncia”, me dijo la última vez que logré ubicarlo después de múltiples recados e intentos, me faltó usar solo un par de chasquis.
[…]

Por Diego Benavente Viernes 21 de Agosto del 2015

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Vivimos sumergidos en un mundo que cada vez más exacerba la inmediatez o que endiosa la cultura de la instantaneidad, que por su naturaleza, es enemiga acérrima de la reflexión. Gracias al celular estamos ubicables en todo instante, cuando se nos viene una idea y esta necesita de tal o cual persona, la ubicamos inmediatamente y abrochamos el tema y luego, a otra cosa mariposa. Con razón mi amigo Ignacio desconectó y eliminó su celular, “ya no lo contesto más, se acabó la fruncia”, me dijo la última vez que logré ubicarlo después de múltiples recados e intentos, me faltó usar solo un par de chasquis.
Me recuerdo de un profesor de termodinámica en mi época en el Campanil, que con su voz característica nos relataba la pelea entre el filósofo Descartes, que expresaba “pienso luego existo”, y a lo cual el matemático y físico Pascal, le refutaba, “Descartes, inútil e incierto”. La vieja discusión entre la idea y lo concreto.
Hoy en día con el correo electrónico, las redes sociales como Facebook, Whatsap y Twitter, que surgieron como derivadas de la Internet, bien se podría afirmar que en la actualidad existimos en la medida que nos mantenemos comunicados socialmente. Sin embargo, dada la instantaneidad de reacción que se requiere con todas estas herramientas, nos seguimos alejando de la reflexión.
La cultura de la reflexión, pareciera estar más bien en retirada. Hoy hay que ser ducho en reaccionar instantáneamente, con la cuña salvadora, ya que el ritmo y no la pausa, lo imponen los medios y las herramientas que usamos para comunicarnos. La televisión es una de las grandes culpables de aquello, solo da cabida a lo que se puede comunicar con rapidez y es atractivo visualmente, el resto chao. El contenido ha pasado a un nivel inferior arrastrando en el camino, a su pariente la reflexión sobre las ideas. El “dale una vuelta” es cada vez más rápido y si no alcanzaste a reaccionar, pasó la vieja. A lo más un mensaje de texto o twiteame con 140 caracteres, el sistema no acepta más.
Para qué comentar el si la comunicación es de calidad o no, al parecer tampoco avanzamos mucho por este carril. No nos comunicamos de adentro, en este avance estamos pegados, hemos sido capaces de inventar poderosas máquinas y tecnologías que comunican a la velocidad de la luz. Sin embargo, nosotros como seres humanos no hemos sido capaces en siglos, ni siquiera de sacarle el polvo, al cómo comunicarnos con nuestras propias herramientas, las que disponen nuestra mente, cuerpo y espíritu.
Hoy se valora mucho más la capacidad de pronta respuesta o reacción, que la calidad del contenido reflexivo, nuestro gran desafío debiera ser encontrar el justo equilibrio.
En nuestro mundo la inmediatez la lleva. Si bien partimos con la carta en sobre o el rápido e instantáneo fax, de un plumazo estamos metidos, como ya decíamos en Facebook y el celular de guardia, pero con el twitter y whatsap al aguaite, ya que optimizan la comunicación en tiempo real y además es más difícil que sufran interrupciones por congestión en los momentos críticos, como quedó demostrado en el terremoto. Ahora la fama y lo conocido de alguien se mide por el número de seguidores, está enredada la cosa, literalmente, la red lo es todo.
Hace algunos años, nos bastaba con el Mundo al Instante, cuando uno iba al cine y antes de la película pasaban los noticiarios, para luego a la salida tomarse un café instantáneo, al parecer por ahí partió la cosa, lamentablemente la instantaneidad o la inmediatez, que curiosamente rima con idiotez, se nos ha infiltrado por todas partes, ya vamos en camino a ser seres inmediatos.
Nunca hay que olvidar que el amor se lleva mejor con la reflexión y la pausa, no así la violencia y el combo, que por su naturaleza son instantáneos y por esta razón atraen a los medios. En cambio el pensamiento, el arte y la cultura necesariamente deben ser reflexivos, por lo tanto no pueden competir en el mismo terreno, ya que es imposible, hablan otro idioma.