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Jodorowsky: cuando la soberbia mató la psicomagia

Por Eduardo Pino Viernes 29 de Julio del 2016

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A pesar de no ser un seguidor de la “Psicomagia”, método terapéutico planteado por el casi nonagenario Alejandro Jodorowsky, resulta interesante y sobre todo entretenido analizar esta amalgama entre psicoanálisis, teatro y aspectos transpersonales que se pretende integrar para lograr una especie de “sanación” de traumas por medio de la utilización metafórica. El tocopillano plantea que la palabra por sí sola no basta para superar los traumas, por lo que se debe recurrir a los actos, pero como la realidad no tolera que podamos repetir las acciones que nos llevaron a estos conflictos trascendentales de nuestro existir (y aunque se pudieran realizar de nuevo no es en absoluto recomendable pues el remedio sería peor que la enfermedad), es que se utilizan de manera frecuente las metáforas para lograr un resignificado del trauma doloroso. Esta dinámica permanente en que se da una gran importancia al inconsciente, podría resultar en verdaderas revoluciones mentales que harán crecer al individuo en su desarrollo.
Siempre será insuficiente resumir en un párrafo la obra de tantos años de este artista, escritor, actor, dramaturgo, cineasta y otras hierbas (no es psicólogo ni psiquiatra). Su extensa obra valora la sanación psíquica como un arte por sobre todas las cosas, lo que le ha elevado al nivel de gurú entre sus más acérrimos seguidores, mientras que sus detractores le catalogan como un charlatán burgués que gusta del lenguaje para crear mundos imaginarios que le calzan muy bien a pseudo intelectuales de elevada espiritualidad, pero con escaso fondo científico en sus premisas.
Si bien Jodorowsky estuvo de moda y mayor esplendor en décadas pasadas (muchos de los que lean esta columna quizás es primera vez que tengan alguna información de él), actualmente cuenta con más de dos millones de seguidores en su Facebook y más de un millón en Twitter. Fue precisamente en esta plataforma social que este lunes volvió a hacer noticia debido a una poco feliz intervención. Una de sus seguidoras le escribe el siguiente twitt, quizás con la clara intención de recibir un mensaje sanador de vuelta: “Cuando niña recibí un abuso sexual. Ahora, a pesar de amarlo, me cuesta desear a mi pareja”. La respuesta fue: “Disfrázalo del que abusó de ti, te excitará”. En forma inmediata  twitter se encendió, con una avalancha de críticas que apuntaban principalmente a la falta de sensibilidad del gurú. Tanta fue la desaprobación de la gente que el implicado borró esta respuesta, aunque ya se había viralizado y alcanzó para colocar el incidente en la parrilla noticiosa de varios medios. Al consultársele sobre lo ocurrido, da varias explicaciones que vienen a agravar los alcances de su respuesta más que conciliar los ánimos. Por ejemplo, que twitter presenta la dificultad de comunicarse en mensajes muy breves y que es sólo un juego, que la gente no conoce quién es Freud y que cada día escribe más de 15 twitts, lo que le ha valido tener tantos seguidores, por lo que ha trabajado gratis un montón de tiempo en bien de la gente. Además adorna su Facebook con una extensa explicación acerca del abuso, con categorizaciones y explicaciones iluminadas por años de búsqueda y sanaciones. Pero lo que más llama la atención es cuando trata a la gente de ignorante, argumentando: “Muchos parecen no entender, no poder entenderlo. No doy ninguna disculpa. Si lo entendieron mal, lo entendieron mal”.
Resulta interesante analizar que este maduro gurú, cuyas creaciones hablan de la trascendencia, autenticidad y evolución a largo de la vida, no sea capaz de dar una simple disculpa ante una breve pero muy desatinada intervención virtual. Más allá de las posibles justificaciones desde su perspectiva, sus palabras fueron tan breves como violentas hacia una mujer que ha pasado por un trauma profundo y delicado. Estamos de acuerdo que twitter no es una plataforma de consejería (sorprende que lo catalogue como un juego, pero a la vez dedique tanto tiempo a esta “acción social”, como él mismo le llama), lo que obliga a la cautela de quienes emiten comentarios, especialmente si poseen un gran alcance mediático e incluso un halo de sanación para mucha gente. Si bien hay trolls muy desa-gradables en las redes, tratar de ignorante a mucha gente que se sintió violentada o simplemente demostró su desacuerdo parece una gran inconsecuencia, no percibida por la miopía de quien se siente más allá del bien y el mal. Parece que al mago, se le cayeron algunos trucos.