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La Burocracia

Por Jorge Abasolo Lunes 13 de febrero del 2017

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La palabra burocracia se incorporó a la Real Academia Española de la Lengua recién el año 1911.

Antes de esa fecha estaba en trámite.

Chile es un paradigma de la burocracia a nivel planetario y sobran los ejemplos al respecto.

Es cosa de recordar la reciente catástrofe incendiaria que casi derrite al país entero.

En medio de los numerosos incendios forestales, un chileno de apellido Parraguez ofreció su avión para ayudar a combatir los incendios. Digamos que ese avión -Catalina- deja caer en cada descarga nada menos que 12 toneladas de agua. Los trámites que debía hacer el afable señor Parraguez ante Conaf fueron tantos, que terminó por aburrirse y desistir de la oferta.

En medio de un Chile en llamas, Estados Unidos ofreció cuatro helicópteros que podían trabajar de noche para sofocar el incendio, pero…la falta  del permiso de la DGAC para operaciones nocturnas impidió que las naves comenzaran a operar apenas tocaron suelo chileno.  ¡SIC!

Es la negligencia elevada a su máxima expresión. Alabamos la rapidez para reaccionar, pero a la hora de los quiubos somos tan lentos como una tortuga con Diazepam.

Sabemos que Chile es un país aporreado, con terremotos de alto grado, inundaciones devastadoras y sequías inmisericordes.

Hasta he llegado a pensar que a la Naturaleza no le caemos bien.

Lo paradójico es que con un vasto historial de emergencias, aún no contemos con los recursos, y menos con la logística para enfrentar en forma diligente y eficaz estas situaciones.

Sería oportuno crear en la Onemi un departamento vigoroso de Logística de emergencias, que trabaje en coordinación con el Estado Mayor Conjunto bajo los protocolos ya creados, establecidos y probados por las normas de la ONU.

De lo contrario, estaremos condenados irremisiblemente a cometer los mismos errores y no sacar lecciones de los reveses que nos “regala” doña Naturaleza.

Fruto de la imaginación o no, cuéntase que en una oportunidad se llevó a cabo una competencia mundial de velocidad para ver en qué país estaban los hombres más rápidos y eficientes en su trabajo.

El alemán llenó de elogios a su país:

– En Alemania tenemos un grupo de arqueros que disparan una flecha y logran tomarla con sus manos antes de que llegue al blanco.

El norteamericano no pudo quedarse callado y alabó las cualidades de los gringos:

– En Estados Unidos tenemos a los seguidores de la escuela de tiro de Buffalo Bill, que son capaces de disparar un Winchester y pueden tomar la bala en sus manos antes de que llegue al blanco.

El asiático no podía ser menos y aseguró:

– En la India nuestros hombres son los más rápidos del mundo. Son karatecas que tiran una daga y la detienen antes de que llegue al blanco.

De inmediato tomó la palabra el inefable chilenito, que no se arredra ante nada y saca pecho en cuanta ocasión se le presente:

– Yo creo que los tipos más rápidos del mundo están en Chile. Es el único lugar del mundo en que los funcionarios públicos salen a trabajar a las 2 de la tarde y a la una y media están comiendo en sus casas.