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La colusión de los coludidos

“El pueblo coludido, jamás será vencido”, podría ser el slogan de los últimos meses.
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Por Jorge Abasolo Lunes 18 de Enero del 2016

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“El pueblo coludido, jamás será vencido”, podría ser el slogan de los últimos meses.
Aún los chilenos permanecíamos algo groggy con el escándalo del llamado “cartel del papel confort” (¡esa sí que fue cagada!) cuando otro mandoblazo casi supera nuestra capacidad de asombro. El hecho es que la Fiscalía Nacional Económica evacuó un requerimiento acusando a las cadenas de supermercados Walmart Chile, Cencosud y SMU de concertarse para la fijación de precios en la carne de pollo fresco, intermediados por sus proveedores.
¿Por qué el caso no estalló antes? Porque los empresarios de los supermercados acusados ya se habían mimetizado con la situación. Ello explica que estos señores supieran “sacar pechuga”, apelando a la clásica evasiva de “morir pollo”, evitando así ser agarrados de un “ala” por la justicia para irse a la cárcel a hacer “tuto”.
La retahíla de subterfugios y disculpas  esgrimidas por los ejecutivos sospechosos da para una columna aparte.
¿Son todos los empresarios abusadores, prepotentes y chupasangres?
Claro que no, pero ha quedado al desnudo que el Decálogo Etico del empresariado chileno parece haber sido redactado por los senadores Fulvio Rossi y Ena von Baer.
En momentos en que Chile requiere de empresarios para estar a parejas con el emprendimiento, cobra validez un adagio tan recurrente como olvidado. El enunciado se le atribuye a Bertrand Russell y reza más o menos así: “Hay que tener el coraje para cambiar las cosas que se pueden cambiar, la serenidad para aceptar las cosas que no se pueden cambiar, y la inteligencia para distinguir una de las otras”.
Espero que los culpables paguen en relación directa con los daños causados y no se les trate de forma preferencial, ni vayan a reclusión nocturna. Ya sabemos que la ley es igual para todos…los que no la conocen. Es el momento ideal para enmendar esta farsa. La confianza en el país está por los suelos y bien nos haría un poco de justicia, aunque sea en cuotas.
Lo ocurrido en los últimos meses en nuestro aporreado país indica que todo empresario que pierde la honra por su negocio, pierde la empresa y la honra.
Y así como existe un argot jurídico para emborrachar la perdiz, hay otro guirigay empresarial que confunde y hasta envuelve de una manera convincente.
Cuando Jorge Morel, ejecutivo de la filial CMPC Tissue involucrado en el cartel del papel confort fue premiado por su “alta honorabilidad y transparencia ejemplar”, aquel año 2008 señaló:
-“Hay que sentir la empresa como propia; cuidarla y proyectarla como si fuera uno de sus dueños”.
Lamentablemente no se refirió al cómo.
No obstante, nos quedó meridianamente claro que los conceptos de estos señores –aunque hablen en español- requieren de una muy necesaria traducción. Para entender esto, vaya este adelanto en torno a lo que dice el empresario, y del cómo hay que entenderlo.