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La Gratitud

Por Jorge Abasolo Lunes 2 de Mayo del 2016

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En una novela clásica de Mario Vargas Llosa (creo que es “Conversaciones en la Catedral”) un protagonista le pregunta a un amigo:
-¿En qué minuto se jodió el Perú?
La interrogante hacía alusión al momento en que el vecino país había entrado en un espiral de violencia, actos corruptos y hasta peculado, fracturando la confianza en las instituciones.
Este recuerdo me sirve para hablar de mi país.
¿En qué minuto perdimos la confianza entre nosotros? ¿En qué momento la honradez y la probidad dejaron de ser virtudes intransables para convertirse en cosismo desechable?
¿En qué etapa pasamos a convertirnos en la sociedad de la sospecha?
Esta suerte de anemia moral la percibo hasta en los actos más nimios, como un viaje en el Metro de la capital, donde un empellón jamás recibe como respuesta el consabido “Disculpe”, sino más bien el desaire impersonal.
En más de una ocasión he entrado a un almacén de barrio (aún quedan en Santiago) y al entrar saludo con el clásico “buenos días”. La respuesta viene de inmediato:
-¿Usted no es de Santiago, verdad?
Tal parece ser que la amabilidad y las mínimas buenas costumbres quedaron ancladas en las provincias, haciendo de Santiago una ciudad cruda, inmisericorde, donde a la violencia física y verbal se suma la carga emotiva propia del estresante negativismo citadino.
Disculpen que esta columna sea escrita desde mi estado anímico frecuente. Me declaro un tipo taciturno, tan lejos de la dicha como del dolor. Y quiero homenajear a aquellos que -como yo- se abren paso por ese caprichoso ascensor llamado existencia con armas limpias, como la nobleza del sentimiento y la constancia en el accionar.
Hasta doy gracias por los impuestos que debo pagar, pues eso significa que tengo trabajo. Es cierto que el cheque lo puedo cambiar en el kiosco de la esquina, pero no me quejo.
Doy gracias por la ropa que me aprieta un poco, ya que significa que como lo suficiente.
Doy gracias por el patio que tengo que arreglar, el estiércol de mis perras que debo limpiar y las goteras que tengo que reparar, ya que significa que tengo un hogar.
Doy gracias a mi compañera, por su nobleza en el actuar, por su comprensión en mis tribulaciones, porque se mantiene serena con mis logros y comprensiva con mis fracasos.
Doy gracias por todas las quejas que escucho acerca de nuestro gobierno, porque me da material para mis columnas de humor….y significa que tenemos libertad de expresión.
Doy gracias por el cúmulo de ropa que tengo que lavar, ya que significa que tengo con qué vestirme a diario.
Doy gracias por no haber nacido en Siberia, pues no me gusta el frío; y por no haber nacido en Cuba, pues no me gusta la censura. Me habría dejado sin pega hace rato.
Doy gracias por boletear. Poco, pero jamás a Soquimich.
Doy gracias por el despertador que suena a diario muy temprano en la mañana, pues significa que estoy vivo.
Doy gracias hasta por los celos, producto del miedo de perder a esa persona, ya que significa que tengo a alguien a quien amar…y que me ama.
Doy gracias por aquellos sueños que no se han cumplido, ya que significa que aún tengo ilusiones.
Finalmente, doy gracias a los lectores que me leen cada semana, pues significa que aún estoy vigente y…lejos de jubilar.